Tres cines de papel

24.06.2026

Entre los años 30 y 40 del pasado siglo se diseñaron tres nuevos cines en la capital albaceteña que no llegaron a levantarse, Cine Royal, Gran Cine y Teatro-Cine Cervantes, que hubieran sumado 2.400 butacas más en céntricas ubicaciones


Recreaciones virtuales de los tres proyectos de cine que finalmente no vieron la luz, llamados Royal, Gran Cine y Teatro y Cine Cervantes.

La historia de los cines de Albacete estaría incompleta si no se relataran los proyectos fallidos, las salas que, a pesar de estas diseñadas, no vieron la luz. Entre los años 30 y los años 40 del pasado siglo hubo hasta tres cines que no pasaron del papel de los planos, pero que los archivos nos devuelven en forma de legajos y carpetas, sobreviviendo en unas estanterías a la espera de existir, aunque sea por unos instantes, en el imaginario del ciudadano, y en este caso, del lector de este blog. Los proyectos llegaron a los organismos oficiales y contaron con el beneplácito de técnicos y autoridades. Y punto final.

El primer proyecto fue el Teatro-Cine Cervantes, que debía sustituir al primer Teatro Cervantes de la calle Ancha, esa sala impulsada por el tenor y abogado Eduardo Serna y el arquitecto Daniel Rubio. Ese Teatro Cervantes pionero funcionó desde 1919 hasta 1936 en un 'esquinazo' de Tesifonte Gallego con Mayor propiedad del industrial Julio Martínez Parras. El 19 de enero de 1936, a escasos meses del golpe de estado franquista, la sala echó el cierre, y la propiedad del edificio para ese momento, la sociedad Fontecha y Cano, solicitó autorización para su demolición apenas dos meses después. Pero hasta 1950 no fue derribado por orden del alcalde Martínez de la Ossa por su estado ruinoso.

Pues bien, ese mismo 19 de enero del 36, el Diario de Albacete publicaba en primera página la noticia sobre el cierre de esta sala y tras lamentar que la piqueta iba a convertirlo en escombro, ya daba todo lujo de detalles sobre el nuevo Teatro-Cine Cervantes. "El progreso de Albacete requiere demoler este teatro, donde habrá de levantar un gran edificio", explicaba la noticia periodística, añadiendo que "como nuestra ciudad no está sobrada de coliseos, el culto empresario del Cervantes, gran albacetense -en referencia a Eduardo Serna- se ha propuesto construir uno nuevo. que lleve el mismo glorioso nombre del que dentro de unos días va a caer bajo la piqueta demoledora".

El nuevo Cervantes

Recreación virtual del Teatro y Cine Cervantes.

El nuevo Teatro-Cine Cervantes, según el proyecto firmado también por Daniel Rubio en febrero de 1936, se iba a levantar en la calle del Tinte, junto al Pasaje de Lodares, estando prevista además un acceso al recinto desde la preciosa e histórica calle albaceteña. Con planta baja y entresuelo, contemplaba un millar de localidades.

Los planos, que se conservan en el Archivo Municipal de Albacete, están datados en Málaga, donde residía desde hacía 15 años el arquitecto de Argamasilla de Alba. Elia Gutiérrez Mozo, autora de Daniel Rubio Sánchez y su época. Albacete 1910-1920, destacaba que resulta "curiosa" la comparación de este proyecto con el Teatro-Cine Torcal de Antequera. obra de Antonio Sánchez Esteve de 1933-34, y en cuya dirección colaboró Daniel Rubio. "Se evidencia una apurada modestia que, dado el furor decorativo de su autor, favorece su contención y aporta a sus detalles un gusto algo más discreto", apunta el estudio de Gutiérrez Mozo. Pero el proyecto no se llevó a cabo. 

Eso sí, la familia de don Eduardo, en su honor, terminaría levantando otro imponente cine, bautizado como Astoria -hoy, oculto en las entrañas de un bingo- en Dionisio Guardiola con Collado Piña, y que en principio iba a llamarse, como no, Cervantes. Pero esa es otra historia.

Planos del Teatro-Cine Cervantes, proyectado junto al Pasaje Lodares, en la calle del Tinte. / ARCHIVO MUNICIPAL DE ALBACETE

Otros dos proyectos en los años 40

Pero hay más. Otros dos afamados empresarios también quisieron tener sus propios cines en la capital albacetense. Corrían los años cuarenta, más bien, a la mitad de la década. Y en esta villa manchega, de consolidados exhibidores cinematográficos para aquel momento, por más señas, José Pérez García y José Olivas -ya saben, los responsables del Capitol y del Teatro-Circo, respectivamente, y sus hermanos pequeños, de verano e invierno-, hubo otros proyectos más que importantes para dotar a la capital manchega de nuevas salas, cinemas que no terminaron de ver la luz.

Recreación del Gran Cine, que se iba a levantar en la calle Collado Piña.

Entre ellos, el Gran Cine, que nació del propósito emprendedor de Francisco Chinchilla Reyes -de la compañía Eléctrica Chinchilla- y Juan López Valcárcel, industriales que, procedentes de Hellín, terminaron promoviendo un importante y suntuoso proyecto en la ciudad del tambor, el popular Teatro Español, inaugurado en la feria de 1947 de esa localidad albaceteña y demolido, tras su abandono, en el verano de 1987. Precisamente, el proyecto del Gran Cinema de Chinchilla Reyes y López Valcárcel lo encargaron a dos afamados arquitectos, Julio Carrilero Prat y Miguel Ortiz e Iribas, autores del Español hellinero, entre otros muchos emblemáticos edificios de aquí y de allá.

Registrado en el Colegio de Arquitectos de la Zona de Valencia, en su delegación albacetense, los planos y memoria tienen fecha de abril de 1945. El solar escogido por los empresarios estaba situado en la calle Collado Piña, con forma de trapecio y sobre una superficie de 408 metros cuadrados.

Alzado del Gran Cine. / ARCHIVO MUNICIPAL DE ALBACETE

De todas maneras, a pesar de que pudiera parecer no excesivamente grande el terreno elegido, su capacidad iba a ser de 931 localidades, 563 en el patio de butacas y 368 en el anfiteatro. El proyecto incluía los materiales más utilizados en aquel momento, la mampostería semihidráulica en cimientos y muros, tabicones de ladrillo macizo cogido con mortero de cemento, suelos de hormigón armado, cubierta de armaduras metálicas y chapas de uralita, tabiques de ladrillo hueco, pavimentos de mosaico, maderas...

Un cine de chocolate

El tercer cine de papel también nació de la imaginación y la pasión por el teatro y el séptimo arte de otro industrial, en este caso, de Albacete capital, Jesús Giménez Molina, propietario, junto con sus hermanos, de La Pajarita, un símbolo del arrojo empresarial de la ciudad y de la provincia durante todo el siglo XX, referente además a nivel nacional gracias a su catálogo de productos de confitería, caramelos, grageas y peladillas. Y una de sus marcas más importantes fue Royal,su chocolate «de calidad primera», anunciaban cafés, tés, dulces, pastas para sopas y hasta canela.

Aspecto que hubiera ofrecido el Cine Royal en pleno Paseo de la Libertad, recreado virtualmente.

Pues resulta que Giménez Molina también encargó el proyecto del que iba a ser su cine, al que tenía previsto bautizar como Royal -como sus chocolates- a Julio Carrilero y Miguel Ortiz, si, los mismos que pensaron para los industriales hellineros el Gran Cine.

La sala se ideó para un solar que la familia Jiménez tenía en el entonces Paseo de José Antonio, hoy Paseo de la Libertad, en los impares, al lado del Paseo de la Cuba.

Los planos y la memoria descriptiva del cine tienen fecha de registro en la Delegación de Albacete del Colegio de Arquitectos de la Zona de Valencia del 28 de octubre de 1943. «El solar elegido es de forma rectangular, con una sola fachada al paseo de José Antonio -hoy, paseo de la Libertad- y su dimensión es de veintiún metros (21,00) para ésta y extensión superficial de cuatrocientos diez con cincuenta y cinco metros cuadrados (410,55)», se explica en la memoria del encargo.

Por la curiosa fisonomía del solar, los arquitectos tuvieron que ingeniárselas para atender las peticiones del promotor. «Debido a la reducida superficie del solar, es preciso cubrir la totalidad del mismo, excepción de un pequeño patio de dos con setenta metros cuadrados (2,70), proyectado como chimenea de ventilación para los servicios de urinarios, retretes y lavabos». Por tanto, la sala tenía forma poligonal, con su eje situado sobre las diagonales del rectángulo del solar, «estando circundada toda ella por vestíbulo», con la excepción de la parte de la pantalla. En el vestíbulo se distribuían cuatro puertas para el acceso del público a la sala, y en la misma zona, el espacio de servicios y taquillas.

Planos originales del proyecto del Royal. / ARCHIVO MUNICIPAL DE ALBACETE

También contaba con las escaleras de acceso a la planta principal o anfiteatro, situadas simétricamente hacia la sala, y con punto de arranque en el mismo hall. Precisamente, de la planta principal arrancaba otra escalera que hubiera dado acceso a la cabina de proyección. No hubiera sido un cine pequeño, no, puesto que de haberse construido habría dotado a la ciudad de una sala con capacidad para 500 personas, entre el patio de butacas y el anfiteatro. Y su coste se estimó en 366.125 pesetas.

El proyecto, una vez redactado y sellado, inició su recorrido por las diversas administraciones a fin de conseguir los pertinentes permisos. En mayo de 1945, Gobierno Civil dio todos los parabienes para un cine del que no se levantó un ladrillo. Una pena.

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