Puntadas con historia, el día que la revolución de Singer llegó a Albacete

22.05.2026

De la visita del primer viajante a la calle Salamanca en 1875 a los comercios de Tesifonte Gallego, así fue como la tecnología textil llegó a los salones albacetenses


Un grupo de mujeres, con sus máquinas de coser en un patio de Munera. / Hispana

Nuestros hogares, los de hoy en día, en poco o en nada se parecen a los de hace 150 años, los de nuestros bisabuelos o tatarabuelos. Y es que hace apenas siglo y medio, las casas eran lugares de trabajo físico extenuante y luz de gas.

Uno de los primeros avances que llegaron a los hogares de entonces fue la máquina de coser. Muy pronto el industrial norteamericano Isaac Singer dominaba el mercado mundial. Fue una revolución, sí, pero también un lujo. Era muy costosa, pero Singer, que patentó su invento en la mitad del siglo XIX, perfeccionó las creadas por otros emprendedores, pero también se sacó de la manga la venta a plazos.

Anuncio de la visita de un viajante de Singer a la ciudad en 1875. / Hemeroteca IEA

Como a España, a Albacete las máquinas de coser Singer llegaron en el último cuarto del siglo XIX. En junio de 1875, el Boletín Oficial de la Provincia anunciaba que un viajante de la compañía fabril Singer estaba de paso por la ciudad para poner a la venta una pequeña remesa de máquinas de coser de dicha compañía, "de las mejores que se conocen hasta nuestros días y con seguridad de que el pueblo albacetense quedará satisfecho de la excelencia máquina de familia, que por solidez y preciosa puntada, puede compartir con toda máquina de otro sistema".

El viajante de la compañía nacida a escasos kilómetros de Nueva York, en la ciudad de Elizabeth, se alojó durante 15 días en la Fonda del Comercio, ubicada en el número 20 de la calle de Salamanca.

Otras marcas

Singer dominó el mercado nacional y local hasta que, en los años 20 del pasado siglo, las máquinas de coser de la marca vasca Alfa comenzaron a ganar presencia en un lugar preferente de los salones.

En Albacete uno de sus distribuidores más populares fue José María Iñurrieta, que las vendía a plazos o al contado en su establecimiento de Tesifonte Gallego, 5. Pero hubo otros fabricantes, como la casa alemana Wertheim, que tenía una filial española en Barcelona. En nuestra ciudad, las comercializaba el concesionario Senén de Frías, en Condes de Villaleal, 13, "conocidas en el mundo por su elegancia, economía y buenos resultados".

Para una familia española, la máquina de coser no era un electrodoméstico más; era una inversión de vida que permitía confeccionar y remendar, estirando los presupuestos en tiempos de escasez. Eso sí, la costura se utilizó para reforzar el rol convencional de la mujer en el cuidado de la familia, asociándola con conceptos de ahorro y disciplina y más allá: si podía colaborar con la economía familiar de extranjis, pues mejor.

Curso Singer en 1926. / Memoria y Realidad de Castilla La Mancha

Un albaceteño en la ciudad donde nació Singer


A comienzos del Siglo XX, el nombre de Albacete quedó ligado al de la multinacional Singer, aunque lejos de España y al otro lado del Atlántico. En 1917, el sacerdote albaceteño Baldomero Marcilla llegó a Estados Unidos tras huir de la Revolución mexicana y se instaló en Elizabeth, una ciudad de Nueva Jersey que atravesaba entonces un importante crecimiento industrial gracias, sobre todo, a la enorme fábrica de máquinas de coser Singer. Aquella factoría se había convertido en un foco de atracción para miles de inmigrantes europeos en busca de trabajo y, con ello, de estabilidad.

Baldomero Marcilla en su etapa norteamericana. (The White and Blue 1928 -Seton Hall University)

Fábrica de Singer en Elisabeth ( Museo y Biblioteca de Hagley)

Ahí fue donde desarrolló Marcilla, que nació el 5 de enero de 1881, buena parte de su labor pastoral. Desde la parroquia de Elizabeth mantuvo un contacto estrecho con numerosos trabajadores españoles -principalmente gallegos y asturianos- y portugueses empleados en la fábrica. Al comprobar las necesidades sociales y religiosas de aquella comunidad emigrante, el sacerdote solicitó al Obispado de Newark la creación de una iglesia destinada a atenderlos. Aunque finalmente el templo fue impulsado por un franciscano en la vecina Newark, la iniciativa de Marcilla resultó decisiva para organizar y cohesionar a aquellos inmigrantes vinculados a la célebre empresa Singer.

El religioso falleció el 17 de octubre de 1940, a los 59 años, en Newark.

La vida de Baldomero Marcilla en el siguiente enlace

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