O Vespa o nada: el día que Albacete se subió al mito de las dos ruedas

14.07.2026

Fue en 1953 cuando la motocicleta italiana llegó a las calles de Albacete


Su precio, 16.500 pesetas, suponían un año de suelo de un obrero


La mítica 'Vacaciones en Roma', estrenada en el Capitol, disparó sus ventas


Otra película, 'La vuelta al mundo en 80 días', llevó a Santiago Guillén y Antonio Veciana a recorrer los cinco continentes a bordo de una Vespa de nombre 'Dulcinea'


Camión cargado de vespas. / Pando Barrero, Juan Miguel (1915-1992)

En 1946, en la Italia arrasada por la Segunda Guerra Mundial, nació un icono que cambiaría para siempre la forma de moverse por las ciudades: la Vespa. Fue la firma Piaggio, hasta entonces, dedicada a la industria aeronáutica, la que optó por darle un giro a su línea de negocio ante la necesidad urgente de transporte económico y funcional y, por supuesto, para sanear sus cuentas.

Era todo un desafío, y por eso el empresario Enrico Piaggio decidió encomendar el proyecto al ingeniero Corradino D'Ascanio, quien diseñó un vehículo revolucionario: ligero, accesible, fácil de manejar y, sobre todo, diferente. Su carrocería metálica, sus ruedas pequeñas y su línea estilizada ofrecían una alternativa elegante y limpia frente a las motocicletas tradicionales. Al ver su diseño y escuchar el zumbido de su motor, alguien exclamó: "¡Parece una avispa!", y así nació la Vespa, bautizada con el nombre del insecto en italiano.

Y de esta manera, lo que comenzó como una solución práctica se transformó rápidamente en un fenómeno social, símbolo de libertad, estilo y modernidad que conquistaría calles e ilusiones alrededor del mundo, además de un negocio. Y de esa revolución sobre dos ruedas no se libró, por supuesto, Albacete, que puede presumir de tener una de las vespas más populares de España e, incluso, del mundo.

Vespas listas para su venta y escudo 'quijotesco' del rally Eurovespa. / Pando Barrero, Juan Miguel (1915-1992)

Pero vayamos por partes. Digamos que el boom de la Vespa en España no llegó hasta que esta motocicleta dispuso de su propia factoría en territorio nacional. Para ello, Piaggio firmó en 1952 un acuerdo para crear una filial que permitiera fabricar y vender sus scooters en nuestro país, proyecto en el que participaron el Instituto Nacional de Industria (INI) y el Banco Urquijo. Y así nació Moto Vespa S.A., constituida oficialmente en 1953. En febrero de ese año salió al mercado la primera montada en Madrid, en una nueva planta situada en el barrio de Ciudad Lineal, en Madrid.

Allí, bajo licencia de Piaggio, se ensamblaban y, más tarde, se fabricaban por completo los distintos modelos de Vespa adaptados a las condiciones del mercado español, dentro de esa fiebre por la autarquía que movía al dictador y a sus prebostes. Y el primero en salir de la línea de montaje fue la Vespa 125.

Un "injerto grande de guardabarros"

Y apenas unos meses después, en octubre, la prensa albaceteña ya subrayaba la presencia más que destacada de la nueva motocicleta. La Voz de Albacete definía la Vespa como un "injerto grande de guardabarros" que protagonizaba en las calles de la ciudad "unos desfiles publicitarios que llaman poderosamente la atención". El periodista apuntaba que no quería decir que la Vespa fuera una "máquina mala", sino una "motocicleta multitudinaria" y que su "gran parada" con "petardeo de motores rima bien con el paisaje lineal".

"La Vespa se ha hecho en poco tiempo algo consustancial con el aire de nuestras calles, la moto bien barnizada espera a su dueño como un gran porrazo mecánico de inmóvil fidelidad a la puerta de los bares y de los cafés, detenida en la calzada sin miedo a la ciega marcha atrás de los coches enemigos", aumentando "cada día" el número de gentes que sin una máquina de estas "no conciben el pequeño ideal burgués de la comodidad en el transporte", señalaba el periódico local.

El vehículo, como era de esperar, se hizo muy popular enseguida y se convirtió en un reclamo para todo tipo de acciones comerciales… y benéficas. De hecho, una casi recién nacida Tómbola de la Caridad ya sorteaba una Vespa en la Feria de 1954; el Coñac Decano de Juan Caballero y también el mítico Fundador de Pedro Domecq hacían lo propio, señalando, entre otras cosas, que ponían a disposición de sus clientes "la Vespa en su mano bebiendo coñac"; la Casa Vilardell de Barcelona de venta de ropa a distancia también rifaba un buen puñado de estas motocicletas a quien se hiciera con su catálogo, y Profiden, para promover la higiene dental, lanzó una estrategia de marketing que incluía un juego de azar para repartir varios de estos scooters italianos.

Un mes después, el concesionario en Albacete en aquel momento, Vicente Isasi Luján, cuyo establecimiento se ubicaba en el número 5 de la carretera de Madrid, lanzó una potente campaña publicitaria coincidiendo con la apertura de la lista de espera de demandantes de uno de estos vehículos, "un pequeño coche de dos ruedas", según rezaban los anuncios aparecidos en la prensa local, destacando en todo momento que estábamos ante "una producción española".

Pero esta moto Made in Spain no estaba al alcance de todo el mundo. Había que tener buen bolsillo. O firmar unas cuantas letras. Y es que las 16.500 pesetas que costaba al contado -según la publicidad aparecida en La Voz de Albacete- representaban más de un año de salario de un obrero, equivalían a una entrada de una vivienda y eran suficientes para montar un pequeño negocio.

La red se amplía

Anuncio del concesionario Vespa y una de estas motocicletas circulando por la avenida de España en los años 60. / LA VOZ DE ALBACETE Y EDICIONES GARRABELLA

En noviembre de ese 1954, la red de concesionarios, más allá de Albacete, incluía otras localidades de la provincia: Jesús Moreno en Hellín; Eduardo Molina en La Roda; Juan Cuenca en Almansa y José María Martínez en Villarrobledo. Y, por supuesto, se puso en marcha muy rápidamente la venta a plazos: en caso de querer pagarla en seis meses, al hacer el pedido había que desembolsar 2.000 pesetas, otras 1.000 pesetas a la entrega de la moto y otras 2.415 pesetas cada 30 días, cuota que era de 1.240 si el contrato era para un año y de 855 pesetas si se optaba por 18 meses.

Y contundente era el eslogan que durante semanas aparecía en la prensa local para anunciar este vehículo de moda: O Vespa o nada. Y ese lema no pasó desapercibido, puesto que en la sección Gotas apareció el 13 de mayo de 1955 un artículo titulado precisamente de esa forma, O Vespa o nada, indicándose: "Cierto amigo, que no es Faco, aunque en corazón le iguala, desde hace unos días la tiene con el que firma tomada y le repite a diario: O Vespa o nada… Sobre una cierta farola yo podría con él tomarla o hablarle de una bombilla frente a mi casa apagada; pero como soy discreto, dejaré hoy silenciadas cosas de tan poco fuste y hablaré de lo que él habla para decirle que sé de un amigo que marchaba en Vespa gris y brillante y hasta recién estrenada y fue derecho a estrellarse de primeras contra un guardia, que le cantó las cuarenta y por no sé qué monada le soltó una buena multa, de la que él se lamentaba… ¡Así es que para ese viaje, Ricardito de mi alma, me quedo como ahora estoy, o sea, sin Vespa y sin nada!".

Publicidad de Automecánica Albacetense, que fue el nuevo concesionario de Vespa. / LA VOZ DE ALBACETE

Pero el criterio del autor de esta columna, Annibal, no debía ser el mismo que el de numerosos jóvenes de la ciudad, aquellos que podían permitirse el pago de las facturas de la motocicleta de moda y que para muchos ya eran un peligro para la seguridad vial. De hecho, el periodista León Cuenca, en junio de 1955, en su Perfil del Día, se refería a las carreras de motos, que habían llegado después de las de bicicletas, "porque, amigo lector, carreras de motos y no otra cosa son esas extrañas competiciones que se organizan de madrugada entre unos cuantos conspicuos de la Vespa que recorren las calles céntricas de la ciudad, a todo gas, con pasajero y con bastante ruido", preguntándose si la Policía de Tráfico no podría poner "un poco de orden sobre estos tontos nocturnos".

Y esa forma de conducir la Vespa tenía sus consecuencias, puesto que en esos primeros pasos de la motocicleta fabricada en España fueron diversos los accidentes de tráfico, como el registrado en la tarde del sábado, 10 de diciembre de 1955, y que generó una noticia de primera página en La Voz de Albacete: "Otro choque de una moto con un automóvil", resultando "gravemente herido" el conductor de la Vespa. El siniestro se produjo en el cruce de la calle Alcázar -ahora, Juan Guspi- con Feria.

El impulso del cine

Cartel en castellano de 'Vacaciones en Roma' y cartelera publicada en la prensa albaceteña.

Para entonces, la Vespa era un símbolo de la cultura popular, puesta de moda por el cine y, en especial, una película, Vacaciones en Roma, la comedia romántica de 1953 protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck y que, bajo la dirección de William Wyler, ganó tres premios Óscar: Mejor actriz, para Audrey Hepburn en el que fue su primer papel como protagonista en cine y su primer galardón de la Academia; Mejor guion, para Dalton Trumbo, una de las víctimas de la caza de brujas o macartismo por sus ideas políticas, por lo que inicialmente la autoría se adjudicó a Ian McLellan Hunter por razones políticas, y Mejor diseño de vestuario en blanco y negro, para Edith Head.

La historia sigue a la princesa Ann, una joven heredera real que, harta de su vida estrictamente controlada, escapa una noche mientras está de gira diplomática por la capital italiana. Allí conoce a Joe Bradley, un periodista estadounidense que, primero, la ve como una oportunidad para conseguir una exclusiva, pero pronto se ve atrapado por su autenticidad y encanto. Juntos recorren la ciudad eterna, disfrutando de pequeñas aventuras cotidianas que se sienten extraordinarias bajo la luz del romance y la libertad efímera que les da, en gran medida, una Vespa convertidaya en un mito, capturando con elegancia la magia de Roma.

Fotografiarse en una Vespa era una tradición. / MARÍA DOLORES MORAL GARCÍA

La película llegó a Albacete en los primeros compases de 1955, estrenándose el 11 de enero y aguantando en la cartelera del Cinema Capitol sólo una semana. Y eso, a pesar de que las críticas fueron excelentes. En La Voz de Albacete se explicó que era "una maravilla del Séptimo Arte", ejemplo de "cine sencillo, sin aparatoso travelling, filmado al aire libre, en escenarios reales". Con estos elementos, la película era, a juicio del crítico, un ejercicio "profundamente humano", aunque se recurriera a la fantasía de una princesa "con ganas de divertirse, aun a cosa de alarmar a todo su séquito y a la policía de su imaginario país".

"El arte cinematográfico raya en lo sublime con Vacaciones en Roma, porque es un poema que Wyler ha sabido plasmar en el celuloide admirablemente", se añadía en la crónica de una de las primeras películas que colocaron a la Vespa no como un elemento de atrezzo más, sino como protagonista de la gran pantalla, y con otros actores y actrices míticas, como sucedió con En caso de desgracia, con Brigitte Bardot y Jean Gabin; El signo de Venus, con Sophia Loren y Vittorio De Sica; Pobres, pero guapos (Hermosas pero pobres) con Marisa Allasio y Maurizio Arena; Ritmo romano, con Joe Sentieri, Adriano Celentano, Mina, Elke SommeryChet Baker; El camino feliz, con Gene Kelly, Barbara Laage, o Jessica, con Angie Dickinson.

También los teatros se llenaban con propuestas artísticas en las que la Vespa era el elemento de atracción, como La bella y la Vespa, de Lili Murati, que llegó al Teatro-Circo en ese 1956.

Ese interés del cine, bajo lo que se ocultaba una campaña de marketing de Piaggio, no hizo sino incrementar las ventas de Vespa, fiebre de la que Albacete no se libró. Y ante este panorama, el fabricante español Moto Vespa S.A. aprovechó el final de 1955 para anunciar los nuevos modelos que saldrían al mercado en 1956, de 135 centímetros cúbicos y preparados para velocidades de hasta 85 kilómetros por hora. "Es el triunfo mayor de todos los tiempos", destacaba la publicidad del concesionario, Almacenes Isasi.

Nuevo concesionario

Y quienes impulsaban este negocio decidieron lanzar nuevas estrategias, como sucedió con la Operación Vespa, pensada para que empleados de diversos sectores económicos se beneficiaran de condiciones económicas especiales para hacerse con uno de estos caprichos sobre dos ruedas. Y entre los primeros oficios, entre los privilegiados, el personal de la banca, que recibió sus primeras motocicletas en el final de 1959, cuando el concesionario oficial ya era Automecánica Albacetense, S.L.

La llegada del nuevo concesionario vino acompañada de un aumento de la producción, lo que ya permitía "su entrega inmediata", rezaba la publicidad de la nueva temporada de 1959 con otro lema: Una Vespa, por supuesto, coincidiendo en el tiempo con un programa en las ondas de Radio Albacete, EAJ-44, llamado Minutos Vespa.

Ese nuevo vendedor de la motocicleta de moda, Automecánica Albacetense, inauguró sus nuevas dependencias en febrero de 1960. Ubicadas en la confluencia de la calle Ramón y Cajal con el Paseo del Istmo (ahora, Paseo de la Cuba), se trataba de un "conglomerado industrial" en el que Vespa era parte fundamental. De hecho, en la apertura oficial de la empresa, de la que Manuel Lodares era el presidente de su Consejo de Administración, estuvieron presentes algunos de los más altos directivos de la compañía, como el director gerente de Vespa, Óscar Dorda, y como primera autoridad provincial, el gobernador civil, Santiago Guillén.

La vuelta al mundo en Vespa

Antonio Veciana y Santiago Guillén dieron la vuelta al mundo en Vespa tras ver la película sobre la novela de Julio Verne.

Precisamente, un mes después, el 25 de marzo de 1960, se estrenó una película en el Teatro-Circo, La vuelta al mundo en 80 días, que iba a cambiar la vida de Santiago Guillén, pero no el gobernador civil, sino su hijo, quien, junto con un amigo, Antonio Veciana, se propusieron recorrer el planeta a lo Phileas Fogg, pero en 79 jornadas y sobre una Vespa.

Hay que recordar que La vuelta al mundo en 80 días es una película de 1956 dirigida por Michael Anderson, basada en la novela de Julio Verne. Protagonizada por David Niven como Phileas Fogg y Cantinflas como Passepartout, narra la travesía de un caballero inglés que apuesta recorrer el mundo en 80 días. Ganó cinco premios Óscar, incluidoMejor película.

El viaje de los albaceteños, en principio, estaba previsto para el verano de 1961, pero por diversas circunstancias -entre ellas, la situación política internacional y una Guerra Fría agravada- se suspendió hasta un año después, a pesar de que tenían prácticamente todo listo, incluida una motocicleta muy especial llamada Dulcinea, decorada por el mismísimo Salvador Dalí, después de que les fuera entregada en Automecánica Albacetense. Su objetivo era completar el trayecto en menos de 80 días, siguiendo el espíritu de la película que tanto les había motivado.

El viaje les llevó a recorrer cerca de 20.000 kilómetros a través de Europa, Asia y América, enfrentándose a dificultades como cambios meteorológicos, problemas mecánicos y barreras políticas, sobre todo por el telón de acero y la construcción del Muro de Berlín. A pesar de todo, contaron con el apoyo de varias organizaciones y empresas, como Vespa y British Overseas Air Corporation, que facilitaron parte del trayecto. Su hazaña atrajo la atención de la prensa y del público, quienes siguieron con interés cada etapa del viaje.

Durante su aventura, que se inició el 25 de julio de 1962, Antonio y Santiago no solo superaron retos físicos y logísticos, sino que también vivieron encuentros con personalidades muy enriquecedores. Su llegada a Roma, donde fueron recibidos por el Papa Juan XXIII, fue uno de los momentos más destacados. Esta experiencia marcó profundamente a ambos, quienes regresaron a España el 12 de octubre como héroes locales y con una historia que contar sobre la valentía de una juventud dispuesta a desafiar los límites. Y todo hay que decirlo, el régimen franquista obtuvo un buen rédito del espíritu aventurero de los dos chavales manchegos.

Después del viaje, ambos plasmaron sus vivencias en un libro que se ha reeditado en varias ocasiones, convirtiéndose en un testimonio inspirador para nuevas generaciones. La aventura de la Vespa Dulcinea sigue siendo un símbolo de perseverancia y pasión por explorar el mundo, y que todavía sigue presente en el imaginario de los albacetenses y de los aficionados de medio mundo a esta motocicleta en particular.

Dulcinea se convirtió en un mito, y las motos de origen italiano, pero Made in Spain siguieron marcado época, incorporando nuevos modelos, con y sin sidecar; o el curioso Vespacar, que eran un éxito en el final de 1960, y el mítico Vespino, cuya venta ya se anunciaba en la ciudad en 1969.

Varias mujeres posan en Villapalacios sobre una Vespa. / JESÚS QUIJANO

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