Luces lejanas sobre el secano, la memoria compartida de los ovnis en Albacete

21.08.2026

La hemeroteca albaceteña ha recogido desde el temprano avistamiento de Peñascosa en 1924 hasta el célebre 'Caso Manises' y los patrullajes urbanos de 1980


Sin todas las evidencias precisas, pero con una literatura desbordante, el fenómeno OVNI sobrevive al paso del tiempo como el refugio preferido de los buscadores de misterios. Nuestras hemerotecas están repletas de reportajes que, a lo largo de los años, han tratado de ofrecer respuestas, lógicas o ilógicas, a un enigma que, todavía hoy en día, genera pasiones. Y el cine, la radio y la televisión no han renunciado, ni mucho menos, a alimentar este filón del que son legión quienes han hecho un negocio.

A lo largo del pasado siglo, al margen de disquisiciones y de cuestiones éticas o científicas, los medios de comunicación han trazado una historia de objetos voladores que paisanos nuestros afirmaron ver sobre el cielo manchego y cuyos testimonios recogieron apasionados reporteros.

En 1958, La Voz de Albacete, en un momento en el que eran decenas los OVNIs que recorrían el mundo, se atrevió a hacer una cronología de los avistamientos, basándose en la teoría de que, si había quienes daban por hecho que existía vida en otros planetas, ¿por qué no pensar que esos extraterrestres se decidieron a hacer turismo galáctico? En ese contexto, los estudiosos de este fenómeno comenzaron a hacerse muy populares. Uno de ellos fue Antonio Ribera i Jordà, a quien se le reconoció como el padre de la ufología en España. Fue un escritor, traductor y polímata barcelonés que profesionalizó y trató de dar rigor al estudio de los OVNIs en el país.

¿Desde 1947?

Precisamente, este popular divulgador situaba en aquellos años -en su libro Objetos desconocidos en el cielo- la aparición del primer platillo volante en junio de 1947, cuando se dio por hecho que fue avistado por un piloto civil norteamericano de nombre Kenneth Arnold en el estado de Washington. A partir de esa fecha, la locura por los objetos voladores no identificados fue como la fiebre del oro en su momento, pero con menos certezas todavía.

Apenas un par de meses después, el 4 de agosto de 1947, la prensa nacional recogía una noticia que preguntaba si los almanseños habían visto un OVNI. La crónica señalaba que, con las lógicas reservas, pero dándole el crédito que merece la persona que se confesó testigo del avistamiento, el señor J. J. S. afirmó que, encontrándose en el campo en las proximidades de Almansa a las 10 de la noche de ayer -es decir, el 3 de agosto-, "vio surcar el espacio un objeto luminoso que por su forma, tamaño y gran velocidad se asemejaba a un platillo volante". El objeto, según el testigo, cruzó el espacio a gran altura, dejando tras de sí una estela luminosa, y se perdió de vista en dirección al noroeste. Entonces, la noticia se preguntaba: "¿Se tratará de uno de los tan traídos y llevados platillos volantes o de un simple aerolito? La duda está en el aire y la dejamos a la consideración de los lectores, si bien la noticia ha causado sensación en esta localidad".

Quienes en esos años popularizaban las teorías ufológicas, como el padre Severino Machado -jesuita español y uno de los pioneros en la investigación del fenómeno OVNI en España durante los años 50 y 60-, debían desconocer o pasaron por alto lo que afirman que sucedió décadas antes en Peñascosa. Lo que comenzó como un rumor perdido en el tiempo, una historia de "temporeros" y "aparatos extraños", terminó convirtiéndose en una amalgama de reportajes y libros, revelando un incidente que desafió la cronología oficial del fenómeno OVNI y puso en jaque la autoría de ciertos símbolos extraterrestres supuestamente modernos.

En la sierra albaceteña

Aunque inicialmente se barajó el año 1917 y la aldea de Moropeche, en Yeste, como epicentro del suceso, las investigaciones finales situaron la acción en Peñascosa, probablemente en el verano de 1924. La testigo principal fue Doña Rogelia Juárez Barba, una mujer natural de La Algoraya, partera de profesión y acostumbrada a la dureza del campo. Junto a ella se encontraba su marido, Domingo Martínez Alarcón, y un nutrido grupo de jornaleros de las pedanías de Fuentes y Collado Castellar que se habían desplazado a Peñascosa para la campaña de la siega.

Según los relatos transmitidos de padres a hijos, y recogidos por el mediático J. J. Benítez, el objeto no fue un simple destello fugaz. Se trataba, según dijeron, de un objeto metálico, plateado, con forma de "dos platos unidos por el borde" o de "sombrero", que se sostenía sobre cuatro patas metálicas. Esos testimonios indicaron que el artefacto permaneció posado en las afueras del pueblo durante dos días completos. En el interior observaron al menos a dos seres de gran estatura, más de dos metros, que vestían trajes ajustados de color gris o plata. Los testigos destacaron rasgos físicos inusuales: eran rubios, de ojos grandes y almendrados, y aparentemente carecían de boca.

En la Noche de San Juan

La confusión en torno a este fenómeno en los años posteriores era total. De hecho, el 25 de junio de 1953, apenas unas horas después de la Noche de San Juan, La Voz de Albacete avanzaba que los vecinos de Corral-Rubio avistaron un OVNI, aunque finalmente era un globo de aluminio de origen francés del que se hicieron cargo las autoridades. Y es que ese 1953 el cielo español vivió una auténtica psicosis de platillos volantes, y muchos de ellos tenían pasaporte francés, aunque en realidad se trataba de globos estratosféricos para estudiar la alta atmósfera.

Uno de los veranos en los que los alienígenas estuvieron más activos fue el de 1965. Sería por eso, o por el mero hecho de apuntarse a la moda ufológica, pero el caso es que el 8 de agosto de ese estío la provincia se despertó con un titular impactante en La Voz de Albacete, en el que se decía que una "formación de platillos volantes" había sido avistada la noche anterior en Hellín, específicamente desde la calle del Aire. No podía ser en otro lugar.Sin embargo, lo que prometía ser una crónica detallada del suceso se convirtió en una de las columnas más crípticas y existenciales de la época.

A pesar de la precisión del titular, el autor, Rabalero, despachaba el evento local en la primera frase, calificando el verano de 1965 como una auténtica "invasión de nuestro cielo terrestre". A partir de ahí, en lugar de dar detalles del fenómeno, saltaba a la actualidad espacial internacional, mencionando las fotografías de la sonda Mariner IV que negaban la vida en Marte. Para el autor, el hecho de que no haya vida "como la nuestra" en otros planetas no significaba que estuviéramos solos. Además, para ilustrar esta idea, recurrió a una anécdota ajena a la ufología, relatando que hacía años, en una finca de Tobarra, al excavar un pozo a 25 metros de profundidad aparecieron entre el fango unos "raros animalejos" similares a salamandras, blandos y que no caminaban. El autor usó este hallazgo para añadir: "¿Cómo vivían, de qué, aquellos raros seres? ¿Qué forma, estilo, calidad y cantidad de ser pueden ser los habitantes de otros planetas y estrellas, la Luna, Marte, Venus, Sirio?

Un OVNI muy literario en Márqués de Villores

Pero lo de los OVNIs era solo cosa de osados investigadores y periodistas ávidos de cazar lectores. No. El 14 de agosto de 1965, uno de nuestros escritores más ilustres, el abogado José S. Serna, publicó en el periódico local un artículo en el que narraba cómo, acompañado de Manuel Martínez Esparcia, escritor y empleado de banca, fue testigo de un fenómeno que rompería la monotonía estival de la ciudad.

Fotograma de 'Encuentros en la Tercera Fase'; el cine nos ha presentado OVNIs de todo tipo.

Según explicó, eran las cuatro de la mañana y ambos testigos se encontraban conversando en la calle Marqués de Villores, frente al número 10. De forma repentina, un objeto cruzó el firmamento con una rapidez asombrosa. Serna, quien se definía como un "amante de la noche" acostumbrado a observar el cielo, fue tajante al descartar que se tratara de una estrella fugaz o de un satélite artificial, los populares sputnik rusos. Lo que vieron fue descrito textualmente como un "cuerpo esférico, luminoso y sin estela", destacando además su trayectoria, ya que volaba "como rozando los tejados" y a una "velocidad sin posible calificativ"». El encuentro fue tan breve como impactante: "Un segundo, tal vez menos; visto y no visto", espetó.

La reacción social fue la esperada. Al compartir el suceso con su círculo cercano, los testigos fueron tomados "a chacota", sugiriendo incluso que estaban "un poquito chalados". Don José, en su crónica, reflexionaba con ironía sobre esta incredulidad, señalando que la gente estaba dispuesta a creer en la carrera espacial hacia la Luna, pero no en el testimonio de alguien conocido con quien se toma café a diario.

Tres días después, el 17 de agosto, en su columna 4 Esquinas y bajo el titular de Fugacidades, Molina señalaba que "con nuestra actualidad hay que tener cuidado. Son muchos los que aseguran que vieron un platillo volante en la noche del sábado -14 de agosto-; no eran alucinaciones sabatinas. Un objeto del tamaño de un plato sopero, de un verde precioso intenso, con una chisporroteante cola», tras lo que añadía: "Como parece que los platillos abundan más que los grillos en el campo, desde que hay quien los ha visto por medias docenas, en bien formada escuadrilla, y hasta quién ha hablado con uno de sus ocupantes, nuestro platillo tan mono no debe conmover a nadie".

El caso rodense

El 26 de noviembre de 1977, La Voz de Albacete recogía la crónica de un avistamiento en La Roda. Y citaba a varios testigos, en especial a los hermanos Pura y Miguel Ramírez Onsurbe. Según el reportaje, Pura lo vio primero, llamando inmediatamente a su hermano Miguel para que se lo confirmara. Ella explicó entonces que, poco aficionados a salir de casa, en una de sus múltiples visitas a la galería quedó sorprendida ante el espectáculo de luz y color que sus ojos vislumbraban por encima de los tejados de las demás casas del pueblo. "Era una cosa redonda, como la mesa en sus lados en posición horizontal y de un color rojo anaranjado, pero de mucha intensidad que despedía unos destellos de luz roja y amarilla verdaderamente sorprendentes. Llamé entonces rápidamente a mi hermano, diciéndole: Mira, Miguel, qué cosa más bonita, ¿qué será eso?. Él vino enseguida y sin fijarse mucho respondió: Es la luna. Pero al contemplarlo más detenidamente se dio cuenta de que se trataba de una cosa muy extraña".

Su hermano corroboró la historia al periodista: "El cielo estaba despejado de nubes, brillaban las estrellas por todas partes y, efectivamente, aunque en un principio pensé que era la luna, rápidamente me di cuenta de que no podía ser por su color, su tamaño, la poca distancia que lo separaba del suelo y sobre todo la precisión que, como dice mi hermana, era totalmente vertical con un semicírculo por debajo de una fantástica luminosidad". "Sin estar todavía muy convencidos de que pudiera ser un OVNI, salimos otra vez a la galería, al cabo de dos minutos aproximadamente, y entonces se aclararon nuestras dudas al ver que el objeto centelleante y sorprendentemente luminoso había desaparecido. Ya no cabía duda: lo que habíamos visto era un platillo volante".

El periodista concluyó escribiendo: "Los testimonios que acaban ustedes de leer son dignos de todo crédito por varias razones: la primera porque estas dos personas son de una alta formación cultural, profundamente religiosas, muy sensatos y comedidos. También hay varias personas más que vieron el objeto volador, pero que por temor al ridículo no han querido confesarlo". Y para concluir, la crónica apuntaba: "¿Quiere decir esto que nuestro pueblo es uno de esos lugares elegidos por las naves desconocidas para sus aterrizajes, quizá de experimento? No lo sabemos, ojalá y fuera verdad, ya que nos permitiría conocer más y mejor estos objetos misteriosos".

Aquel noviembre de 1979

Uno de los posibles avistamientos más estudiados de cuantos se han dado en la provincia es el llamado Caso Manises, ocurrido entre la noche del 11 y 12 de noviembre de 1979. Comenzó cuando el comandante Francisco Javier Lerdo de Tejada, al mando de un vuelo comercial de la compañía TAE, se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Valencia tras afirmar que estaba siendo perseguido por unas luces extrañas. El incidente fue confirmado desde tierra por el director del aeropuerto, Miguel Morlán, y otros técnicos expertos que observaron una gran luz sobre las pistas, lo que llevó a avisar a la defensa aérea.

Ante la alerta, el capitán del Ala 14 de la Base de Los Llanos, Fernando Cámara -quien años después alcanzaría el rango de coronel en la reserva-, despegó en un caza Mirage F1 para interceptar el objeto desconocido.

El Gobierno desclasificó numerosos documentos sobre fenómenos extraños, incluido el 'Caso Manises'.

Durante la persecución, Fernando Cámara intentó dar caza a una luz roja cambiante que, a pesar de sus maniobras y de superar la velocidad del sonido, no lograba alcanzar ni detectar en su radar. El piloto reportó que sus instrumentos se bloquearon y recibió señales de estar siendo iluminado por un radar de ataque, un fenómeno técnico que sigue sin una explicación oficial definitiva treinta años después.

El revuelo causado por este expediente X español fue tal que incluso llegó al Parlamento a través de preguntas del diputado socialista Enrique Múgica. A lo largo de las décadas, diversos investigadores han intentado resolver el misterio, destacando el libro de Juan Antonio Fernández, aunque las teorías aportadas -como reflejos de las chimeneas de Escombreras o maniobras de la Marina estadounidense- han sido recibidas con escepticismo. El expediente permaneció como secreto oficial durante quince años hasta su desclasificación en 1994.

Pero hay más. El 18 de octubre de 1980, La Voz de Albacete publicó que, a las cinco y media de la madrugada, el vigilante de la Caja de Ahorros Provincial, Luis García Pardo, comunicó al 091 que había visto un OVNI, un objeto metálico que desprendía fuertes destellos a la altura de la calle Tesifonte Gallego. Tras la advertencia del guarda jurado, desde la Policía Nacional, indicó el diario, se enviaron dos vehículos, Z-60 y Z-70, «comprobando lo manifestado», tras lo que se dio cuenta a la Base Aérea de los Llanos.


¿Recuerdan 'Alerta OVNI'?

Durante varios veranos, desde finales de los 70 y primeros 80, la Cadena SER reunía a miles de españoles escuchando la radio y mirando al cielo en busca de objetos voladores no identificados. El programa 'Alerta OVNI' fue todo un fenómeno.


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