El precio de las 'estrellas'

03.05.2020


Hubo cine para ricos y pobres, de centro y de barrio, ambulante, de verano... y el coste de las entradas siempre se adaptó a la realidad del momento


Cine Capitol en 1934.
Cine Capitol en 1934.
Rollo de entradas de cine. / Filmoteca de Albacete
Rollo de entradas de cine. / Filmoteca de Albacete

La llegada del cine significó, indudablemente, una revolución para el tiempo de ocio de la ciudadanía en general, generando una industria que se convirtió en motor de desarrollo económico y que, con el paso del tiempo, se adaptó a las nuevas realidades.

El cine pasó de ser un artículo casi de lujo para los urbanitas -las salas no se extendieron por las pequeñas poblaciones hasta los años 30 y 40-, cuando el bolsillo no estaba para dispendios, a un producto de gran consumo.

De la misma manera, dejó de ser un producto exclusivo de los exhibidores, grandes o pequeños, de los cinemas de lujo a los cines de barrio, ambulantes y de verano. Ni siquiera de los cine-clubs. La televisión se convirtió, desde que pasara a ser un electrodoméstico más de nuestras casas, en un medio de comunicación de masas que llevó el séptimo de los artes al gran público. Fue entre el final de los sesenta y los primeros setenta cuando la televisión fue una amenaza letal para el cine.

Invitación para 30 funciones en el Teatro Circo de Allbacete en 1950. / Filmoteca de Albacete
Invitación para 30 funciones en el Teatro Circo de Allbacete en 1950. / Filmoteca de Albacete

La tecnología siempre acechó al séptimo de los artes. Los vídeos -VHS, Beta o los fallidos- 2000, y el errático Laser-Disc, el DVD, el Blue-Ray ... Y ahora, las plataformas online, que han provocado otra revolución en esta industria, y de no haber sido por estos gigantes de la distribución audiovisual -Disney+, Netflix, HBO, Prime Video, Movistar+ Lite, Filmin, Apple TV, Sky y Rakuten TV-, el sector seguiría menguando.

Ni que decir tiene que en estos tiempos de pandemia, muchas producciones se hubieran quedado en el cajón. Y ni siquiera grandes películas hubieran podido competir en los ansiados Oscar. Sin olvidar el servicio público que durante el confinamiento ha prestado esta nueva forma de ver la televisión.

De todas maneras, la liturgia de acudir a una sala cinematográfica es incomparable, insuperable, excepcional. Ver una película en pantalla grande, muy grande, enorme, no es lo mismo que hacerlo en una televisión Oled, Full HD o 4K, o como quiere que sea la caja tonta que tengamos en el salón.

No obstante, cuando se recupere la normalidad -diferente, seguro-, volveremos al cine, al gran cine, para emocionarnos, para divertirnos, para sorprendernos, para asustarnos... Una forma de ocio que seguro se adaptará a los nuevos tiempos. ¿Y los precios de las entradas que nos esperan, cómo serán? ¿Se acomodarán a la crisis, se mantendrán? Y es que el precio del cine, como la propia industria, siempre se adaptó al momento. A este respecto, se han elaborado numerosos estudios, como el denominado El precio de una entrada de cine en España: 1930-2012, de un grupo de alumnos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en el que se recuerda que "el precio de las entradas es reflejo de las diferencias de clases y desarrollo de las regiones que conforman España. Así el precio de la butaca en San Sebastián no era el mismo de Albacete, y el precio de la butaca no será el mismo que en platea o en anfiteatro".

Hasta "bien entrados los años 80 no se impuso el precio único por sesión en los cines, sino que estos se establecían según el tipo de asiento de la misma manera que se continúa haciendo en otros espectáculos como pueden ser el teatro, la danza, los conciertos...etc", nos recuerda este estudio.

Así, y según explica por otro lado ipcblog.es, los precios de las entradas sufrieron durante años numerosos cambios. "En 1930, ir al cine en Madrid, y dependiendo de la película, suponía un gasto de 0,4 a dos pesetas. También podía variar si era butaca o anfiteatro, o el lugar era un cine de barrio". Y es que, por ejemplo, el cine en Goya, en Madrid, costaba una peseta, y el cine en Chueca 0,4 pesetas.

Ya, en los años cincuenta, el precio de la entrada, de media, rondaba las dos o tres pesetas, un coste que iba a más si se trataba de un estreno. En este caso, la premier subía "hasta las 12 pesetas y hasta las 17 pesetas en los últimos años".

En los sesenta, la subida fue tremenda. "La media subió hasta las 20 pesetas, aunque había algunas entradas algo más bajas. El precio medio en un cine de barrio era de unas 12 pesetas, mientras que si se quería asistir a un estreno rondaría las 26 pesetas, e incluso las 50 pesetas en Barcelona", nos recuerda ipcblog.es.

Y llegamos a los ochenta, cuando el coste de la entrada rondaba de media las 130 pesetas, 200 para los estrenos en Madrid, "pudiendo llegar hasta las 300 pesetas en algunos casos". En los 90, hasta 500 pesetas, cuando no era más, y en la década de los 2000 nos situamos en las 700 pesetas, pasando "progresivamente desde los cuatro euros, hasta los seis o siete euros de media, durante los últimos años. Teniendo en cuenta algunas bajadas por el día del espectador o promociones especiales. Con la llegada de las películas en 3D llegaríamos a los 8 euros", apunta ipcblog.es.

En la actualidad, y según un reciente estudio de la asociación de consumidores Facua sobre 132 salas de las 50 capitales de provincia, además de Ceuta y Melilla. el precio del cine en España puede variar hasta en un 130% por ciento los días laborables, con una oscilación entre los 9,20 euros la entrada más cara y cuatro euros la más barata.

Según el citado informe, presentado con el final de 2019, nuestra capital estaba entre las más económicas en Castilla-La Mancha. Y es que en la ciudad, el precio de la entrada normal era según de cinco euros, lo que la convirtió en la más económica de las capitales castellano-manchegas, puesto que en Ciudad Real el coste era de siete euros; 6,70 euros en Cuenca; 7,50 euros en Guadalajara y 7,70 euros en Toledo.

En lo que se refiere al coste de las entradas en fin de semana, la ciudad albacetense volvió a a marcar el precio más bajo, con 6,60 euros, frente a los siete euros de Ciudad Real, 7,20 euros de Cuenca, 8,50 euros de Guadalajara y 7,70 euros de Toledo. A nivel nacional, la ciudad también estaba entre las más asequibles.

Piezas de coleccionismo

Los tiques se convirtieron con el paso del tiempo en objetos de coleccionismo, y los elaborados por la Imprenta Lerchundi de Bilbao permanecen casi inalterables

Una entrada de cine, un pedazo de papel de apenas unos centímetros, también se ha convertido en una pieza de coleccionismo. Quizá, en su momento, quienes acudían al cine no se percataron que guardar el boleto en cuestión podría aportarle unos cuantos euros con el paso del tiempo.

Pero quien, por razones, por ejemplo, sentimentales, prefirió no tirar las viejas entradas, y las dejó guardadas en un cajón, en un desván, en un trastero, un día, de repente, reaparecieron en el momento menos pensado, a la hora de hacer limpieza, o cuando llegó la hora de una mudanza. Y ese trozo de papel nos recordó una película, una tarde, una noche, una compañía, un sentimiento...

Teatro Circo, Cervantes, Capitol, Goya, Astoria, Carretas...cines de Albacete de toda la vida de los que, afortunadamente, se conservaron en algún rincón numerosas entradas, pasajes al séptimo arte. De entresuelo, preferencia, principal. Para una del oeste, para la última de la Marilyn, para una de piratas, para Calle Mayor de Bardem o para Los jueves, milagro de Berlanga. Y muchos de ellas, impresas en Bilbao, en Artes Gráficas Lerchundi, una empresa de los hermanos Lerchundi, de Vizcaya, documentos de primera calidad, duros, como la metalurgia vasca, porque sobrevivieron al paso de los años, de las décadas.

Vamos al cine...

 ...Cine, cine, cine
Más cine por favor
Que todo en la vida es cine
Que todo en la vida es cine
Y los sueños
cine son...

Luis Eduardo Aute