El cine 'ambulante' de Franco

04.10.2026

En el final de los 50, la Cátedra Ambulante del Movimiento recorría la provincia llevando por primera vez las proyecciones cinematográficas a pedanías y aldeas de la sierra con un objetivo político y social, abordando cuestiones agrícolas, pero también la "historia de nuestra patria"


Cualquier sitio era propicio para proyectar cine. / ARCHIVO MAPA-SEA

En 1959, cuando el cine ya había escrito algunas de sus páginas más brillantes, y a pesar de haber transcurrido más de seis décadas desde la presentación oficial del invento en París por los hermanos Lumière, todavía había albacetenses que desconocían la magia que producía el proyector sobre el lienzo de plata. Eran vecinos y vecinas de pequeñas aldeas o pedanías de las sierras manchegas que, por la ausencia de una sala cercana o por cuestiones de índole cultural -o vaya usted a saber-, nunca se habían sentado en una butaca de un cine o en una silla de enea para disfrutar de una película o un documental.

Esa carencia fue solventada en esa década por otro de los inventos del franquismo, la llamada Cátedra Ambulante del Movimiento, creada con un propósito indiscutiblemente propagandístico. Se trataba de expediciones de funcionarios que viajaban de pueblo en pueblo con el fin de llevar a cabo una campaña de divulgación político-social y cultural-artística, un programa que era diseñado por la Jefatura Provincial del Movimiento de Albacete, coordinado por el Frente de Juventudes, y que sólo en el invierno de 1959 recorrió una decena de pueblos serranos, desde Yeste a Ayna, pasando por Férez, Riópar, Letur, Socovos…

En sus estancias, estas delegaciones del Movimiento abordaban cuestiones relacionadas con "la historia de nuestra patria", rezaban los reportajes de La Voz de Albacete, además de asesoramiento cultural y agropecuario. Y junto con charlas y exposiciones, las proyecciones cinematográficas eran parte esencial del invento. Un director, un perito agrícola, un veterinario, un instructor del Frente de Juventudes y un capataz agrícola, además de personal de apoyo -alguien se tenía que encargar de trasladar los bártulos de unas poblaciones a otras, en algunos casos, en expediciones más que complejas por la orografía o la situación meteorológica-, viajaban de un lado para otro, permaneciendo en cada localidad y su entorno entre dos y cuatro días.

Al equipamiento no le faltaba de nada, desde proyectores de diapositivas a equipos de sonido, pasando por material deportivo… y un cinematógrafo. Se da la circunstancia de que algunas de las poblaciones visitadas coincidieron con otra Cátedra Ambulante, la de la Sección Femenina, conocida como Francisco Franco, unas misiones móviles itinerantes creadas en 1946 con el objetivo de llevar adoctrinamiento ideológico, alfabetización y asistencia social a las mujeres del medio rural durante el franquismo. A través de flotas de camiones equipados que se instalaban durante semanas en pequeños municipios, un cuerpo de instructoras impartía cursos obligatorios sobre formación político-religiosa, economía doméstica, higiene sanitaria y folclore.

"Estas son las películas que debían poner en el cine"

Preparando una proyección. Se elegían documentales técnicos sobre agricultura, pero también sobre veraneo, historia  tauromaquia... / ARCHIVO MAPA-SEA

Esa coincidencia, por ejemplo, se dio en Férez en el invierno, en el duro invierno de 1959, donde las proyecciones -según recogió el periodista León Cuenca- levantaron un tremendo interés. "Estas son las películas que debían poner en el cine", expresaron dos agricultores que contemplaban esas proyecciones nómadas en locales que, habitualmente, eran de todo tipo, menos cines.

Las proyecciones estaban precedidas de charlas de los funcionarios de la Cátedra Ambulante, y a pesar de ello y del debate posterior, la curiosidad de los agricultores por los filmes proyectados era exagerado.

Especialmente dura fue la presencia de la Cátedra en febrero de ese 1959 en Yeste, con un nevazo que impedía sobremanera el traslado de esta escuela itinerante. Y la sala del pueblo, el Central Cinema, sirvió de refugio no sólo al personal, sino a los vecinos y vecinas, que acudieron en masa para seguir las proyecciones y las charlas. "Las gentes de Yeste perdían la noción del tiempo en el amplio local", rezaba una de las crónicas de estas expediciones, artículos que recordaban que había sesiones mixtas -para hombres y mujeres-, y las nocturnas reservadas para los "cabezas de familia". La temática, especialmente de carácter agrícola y ganadero, pero también reportajes sobre las "vacaciones de verano de los trabajadores", seguramente, algo desconocido e inalcanzable para la mayoría de los espectadores.

En otro pueblo de la sierra, en Ayna, las proyecciones fueron uno de los puntos fuertes de la Cátedra Ambulante. Pero especialmente curioso fue el caso de la cercana pedanía de Royo-Odrea. Las crónicas indicaban que la carretera, en líneas generales, estaba en buen estado, salvo el kilómetro final. A la aldea entonces se accedía por un camino de herradura que discurría junto al río Mundo, una senda estrecha pensada para el tránsito de peatones y caballerías -caballos, mulos o burros-, pero demasiado estrecha para carruajes o vehículos de motor.

Pues para el personal de apoyo de la Cátedra no fue un obstáculo, a pesar de lo inclinado del sendero. Precisamente, unas caballerías ayudaron a trasladar los equipos cinematográficos-en algunos casos, muy pesados- hasta las escuelas de la población. Iba a ser la primera vez en la que esta aldea del otro lado del Mundo contemplaría el séptimo de los artes.

Las películas proyectadas no eran sólo de índole técnico, sino también recreativo. Asistió todo el vecindario, "e incluso las mujeres", según la prensa. Fueron no menos de 600 las personas que colmaban las aulas. "Comenzó el cine y ya pueden ustedes imaginarse los comentarios de los espectadores", añadía el reportaje, que citaba que se exhibieron hasta películas sobre la historia del toreo, "pues en estos pueblos, la afición a la fiesta brava puede competir con la de la capital".

Durante la sesión, y según escuchó el periodista, una mujer dijo asombrada: "¿Es que se visten así los toreros… ¡oye, qué cosa más bonica!".

La Cátedra Ambulante continuó su recorrido adoctrinador, como hacía el No-Do, ya saben, El mundo entero, al alcance de todos los españoles. Y seguramente, mujeres y hombres de esas poblaciones serranas no olvidaron cuando el milagro del cine llegó a sus vidas. Aunque fuera de esta forma.

Proyección en Corral-Rubio. / CEDIDAS POR AYERES

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