El antepasado del Bizum vestía de plástico: la llegada de las primeras tarjetas a Albacete
Las hemerotecas revelan cómo la capital pasó de la libreta de estraza a una auténtica revolución del consumo a plazos con las primeras tarjetas de crédito en los años 70

Las tarjetas de crédito no fueron sino la modernización de la tradicional venta a plazos, que contribuyó, sin duda, a pasar de una sociedad de subsistencia a una moderna economía de consumo. Esa economía de consumo creció de forma exponencial en los años 20 del pasado siglo, cuando en la prensa local ya se anunciaban todo tipo de productos a pagar con cómodos plazos.
En aquella década surgieron los primeros anuncios de venta de enciclopedias, como la que comercializaba la Compañía Anónima Calpe: la Colección Universal, que recogía "el gran tesoro literario de las cinco razas que pueblan la Tierra". También los vehículos marca Willys y Overland que se vendían en Bazar Núñez, los tractores de ruedas WD de Valentín Zafrilla, o las bicicletas de paseo, de carreras o de niños y niñas de Elías Rovira.


Anuncios de los años 20 del pasado siglo de venta a plazos.
Pero la gran revolución llegó en los años 50, cuando las familias albaceteñas firmaban las rudimentarias letras de cambio para comprar su primer televisor, la soñada Vespa o el icónico Seat 600.
Ese crédito de papel pasó a ser de plástico en los años 70. Nuestras hemerotecas nos indican que, en la primavera de 1971, el Banco de Vizcaya, en sus nuevas oficinas de Tesifonte Gallego, ya ofrecía su tarjeta de crédito, Eurocard. Un par de años después, en La Voz de Albacete se señalaba que el Banco de Vizcaya fue el primero en el país en incorporar estas tarjetas, las cuales estaban conectadas al sistema europeo Eurocard y al sistema mundial de origen americano Interbank.
Además, se destacaba que próximamente estas tarjetas incluirían en su reverso la marca Master Charge, reconocible por sus círculos entrelazados, antecedente de la popular Mastercard.
Ya en junio de 1971, el Banco Bilbao avanzaba en la prensa local lo que iba a ser su primera tarjeta de crédito. Apenas unos meses después, desvelaba que faltaba poco para poder «comprar sin dinero». Su tarjeta de crédito era la BankAmericard. Y ojo a lo que decía este anuncio de 1972: «Utilizando la tarjeta de crédito del Banco de Bilbao casi se puede prescindir de llevar dinero encima». Una entidad visionaria teniendo en cuenta que, hoy por hoy, apenas llevamos unos euros en el bolsillo y lo fiamos todo a una tarjeta de plástico o a una aplicación en el móvil.
Además, según este banco, con su tarjeta no solo se podían aplazar pagos, sino que era una manera de conseguir, textual, un «indudable prestigio».
En septiembre de 1973 aparece la publicidad de la Tarjeta 6000 de las Cajas de Ahorro Confederadas, en la que se incluía la Caja de Ahorros de Albacete. Anunciaba que ya estaba «en todas partes», en todos los establecimientos, «incluso en las farmacias». No solo servía para pagar, sino también para retirar dinero en cualquier sucursal, vendiéndolo como una gran novedad.
Otras entidades se incorporaron a la popular Visa en los primeros años 80, como hizo el Banco de Levante en 1981. «La tarjeta de más prestigio», afirmaba esta entidad con sede en la calle Ancha.

Antiguo cajero automático.
Pero más allá de los bancos, hubo un establecimiento comercial, los Grandes Almacenes Fontecha y Cano de la calle Ancha -hoy Sfera-, que tras abrir en 1972 lanzó su propia tarjeta de crédito. La llamó Tarjeta Azul y, según quien fuera director general de este grupo empresarial, Antonio Veciana, se concedía a los clientes VIP. Para aquel entonces, las tarjetas de crédito, no en Albacete, sino en España estaban en pañales, y este comercio decidió inventar su propio sistema de crédito más allá del debe y el haber tradicional en un cuaderno de papel de estraza. «Esta tarjeta se pensó para los clientes tradicionales, que ya tenían una cuenta con nosotros, y para este tipo de clientela se creó esta tarjeta», según Veciana.
Era una tarjeta de plástico que contaba en el reverso con una autorización para cargar el gasto en cualquiera de las secciones de los grandes almacenes, desde perfumería a géneros de punto, pasando por regalos, menaje de cocina… Hoy en día, estamos en otra página diferente, con métodos de pago más modernos y accesibles. Y Bizum es un ejemplo evidente.

