Cuando Joe no se reencontró con Kitty

10.08.2023

La película 'Oppenheimer' permite rescatar la historia de amor entre Joseph Dallet, comunista norteamericano que se enroló en las Brigadas Internacionales, y su esposa, la activista Katherine Vissering


Las cartas de Joe, comisario político, a su compañera desde Albacete en 1937 son un relato de la estancia de los brigadistas en la provincia y sus anhelos por luchar el frente, donde cayó acribillado


Una intervención quirúrgica frustró el reencuentro de la pareja en España y, con el tiempo, la viuda se casó con el artífice de la bomba atómica, cuyas simpatías con la causa republicana le salieron caras


Joe Dallet y Kitty Oppenheimer. / The Abraham Lincoln Brigade Archives y Los Alamos National Laboratory

Aquel martes 11 de mayo de 1937, Joe y unos camaradas decidieron acudir al pase de noche del Cine Capitol. La sala de la albaceteña plaza del Altozano proyectaba Lyubov i nenavist, Amor y odio, la película soviética de 1935 que narra cómo, en 1917, en una ciudad minera de Ucrania, algunas mujeres cuyos esposos luchaban en el frente tratan de resistir con gran ardor revolucionario al ejército blanco. Joe pagó 1,35 pesetas por 80 minutos de cine en ruso y con subtítulos en español.

Una dosis de moral en forma de celuloide entre tanta incertidumbre, la que el comunista norteamericano Joseph Dallet Jr., fumador en pipa empedernido, vivía desde hacía meses en España, cuando llegó para solidarizarse con los voluntarios de la libertad, las Brigadas Internacionales que, procedentes de medio centenar de países, vinieron a combatir el fascismo, una historia que nos recuerda en 2023 otra película, Oppenheimer.

Se trata de 180 minutos de buen cine en los que en este 2023 su director, Christopher Nolan, cuenta un episodio clave de la historia universal reciente, la protagonizada por Julius Robert Oppenheimer, el lúcido físico estadounidense que, en plena II Guerra Mundial, se puso al frente del Proyecto Manhattan, liderando en el complejo de Los Álamos los ensayos nucleares para construir la bomba atómica para su país, que finalmente se utilizó en Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Oppenheimer y el comunismo

Kitty Oppenheimer en dos imágenes, la segunda, con su familia. / Atomic Heritage Foundation y LIFE Photo Collection / Google Arts and Culture

Aunque de soslayo, el desarrollo de la película recuerda cuando, a un suspiro de la segunda gran guerra y con el nazismo mandando en Alemania, el físico norteamericano no ocultaba sus simpatías con la lucha antifascista que se libraba en España en defensa del bando republicano, y las ayudas económicas que prestaba a los refugiados españoles, además de su evidente preocupación por los desmanes de Hitler. Todo ello, fruto de sus propias inquietudes ideológicas, aunque nunca se afilió al Partido Comunista de Estados Unidos, y de las vinculaciones familiares y sentimentales con la causa. Y es que su hermano, Frank Oppenheimer, también un físico sobresaliente, y su amante, la psiquiatra Jean Tatlock, sí eran militantes y activistas. Además, la que sería su mujer, Katherine Kitty Vissering Puening, estuvo casada con Joe Dallet antes de hacerlo con el cerebro de la bomba atómica. Y ahí entran las Brigadas Internacionales y Albacete.

El amor que se profesaban Joe y Katherine quedó reflejado en la serie de cartas que el brigadista norteamericano escribió a su esposa, Letters from Spain by Joe Dallet -American Volunteer- to his wife (Cartas desde España de Joe Dallet -Voluntario Americano- a su esposa), reunidas en un pequeño libro en 1938, y que narran a modo de diario el periplo recorrido por el dirigente comunista una vez llegado a Europa para incorporarse a las Brigadas Internacionales. Se trata de una crónica epistolar desde el 30 de marzo de 1937, en Perpignan, Francia, hasta mitad de octubre, cuando fallece en el frente. También esa colección de misivas se refleja en An atomic love story: the extraordinary women in Robert Oppenheimer's life (Una historia de amor atómica: las mujeres extraordinarias en la vida de Robert Oppenheimer), libro aparecido en 2013 obra de Shirley Streshinsky y Patricia Klaus.

Libro de 1938 que recoge la correspondencia que Joe envió a Kitty. / Internet Archives

La historia de Dallet daría para otra película y no carente de intensidad. Nacido en 1907 en Long Island, Nueva York, Joseph Dallet Jr. pertenecía a una familia acomodada y, a pesar de matricularse en la universidad, decidió abandonar el sistema educativo completamente desencantado. Muy pronto, tras alguna escaramuza laboral en el negocio de los seguros, y con poco más de 20 años, se involucró en el movimiento sindicales e izquierdistas, lo que distaba y mucho de la tradición familiar, para acabar trabajando en acerías de Pensilvania y Ohio. Terminó afiliándose al Partido Comunista de Estados Unidos en 1929, el mismo año en el que se casó con su primera esposa, Barbara Rand, quien también compartió activamente inquietudes sindicales y políticas.

Ese primer matrimonio acabó pronto en divorcio, mientras que sus cavilaciones ideológicas iban a más. Se erigió en una figura reconocida en el comunismo militante y entre las clases trabajadoras del Medio Oeste norteamericano, luciendo un estilo duro y contundente en los mítines, discursos y reuniones que promovía. Y hasta se postuló sin éxito para alcalde de Youngstown, ciudad de Ohio, en una candidatura comunista.

Las ideas de izquierda le bullían en la cabeza como una olla a presión y la situación que vivía España a causa de la amenaza fascista que personificaba Franco le causaban una zozobra en su interior, por lo que decidió finalmente ayudar al Gobierno republicano a derrotar a los sublevados, uniéndose a la Brigada Abraham Lincoln en Nueva York.

El accidentado viaje a España

En marzo de 1937 cruzó el Atlántico para incorporarse a la guerra que se libraba en España, y su ruta contemplaba entrar a través de Francia. Pero no fue coser y cantar, ya que el 27 de marzo, el grupo de voluntarios del que formaba parte fue arrestado frente a la costa española por las autoridades galas. Pasó 21 días entre rejas y, de nuevo, vuelta a empezar. Se encomendó con todas sus fuerzas a su misión, penetrar en nuestro país, y lo consiguió el 22 de abril, atravesando los Pirineos. Hasta la madre naturaleza se lo puso complicado.

Ya, en tierras españolas, tras pasar por Barcelona y Valencia, un periplo más que accidentado, llegó a Albacete, y ahí se inició esa novela por entregas, esas cartas que han permitido, pasadas las décadas, reconstruir la historia que unió a Joe con Kitty. En esa relación epistolar, el brigadista norteamericano iba narrando sus responsabilidades políticas de adoctrinamiento, de educación y de fomento de la moral de los voluntarios, la mayoría canadienses, que formaban parte del Batallón Mackenzie-Papineau y que, tras un periodo de formación de tres meses en Tarazona de la Mancha, fue enviado al frente.

De los textos se deduce que eran conversaciones entre dos personas volcadas con la causa. Tanto monta, monta tanto. Kitty, que había nacido el 8 de agosto de 1910 en Recklinghausen, Alemania, emigró a Estados Unidos con su familia gracias a que su padre era un avezado ingeniero, muy valorado por el modelo de altos hornos que había inventado y, con el tiempo, patentado. En Pittsburgh, Pensilvania, inició sus estudios universitarios y también se casó por primera vez. Lo hizo con Frank Ramseyer, estudiante de Música.

Brigadistas en la Escuela de Oficiales de Pozo Rubio. / Cedobi

Joe conoce a Kitty

Tras ese primer matrimonio, fallido y anulado en 1933, conoció en la Nochevieja de ese año a Joe, pero no se fue a vivir con él hasta pasados unos meses, ya que su padre fue enviado a Londres como representante de su empresa de Chicago, y en ese traslado le acompañó toda la familia. Corría el mes de agosto de 1934, y Kitty, que terminó licenciándose en Biología y Botánica, se marchó a vivir con Dallet, con el que se unió en matrimonio de derecho consuetudinario, una forma legal, pero informal. Su situación económica era complicada, percibían un mísero desempleo, y su residencia era una desvencijada habitación que compartían en una casa de huéspedes de tercera categoría. Finalmente, Kitty se afilió, no sin antes demostrar su lealtad a la organización, repartiendo ejemplares del Daily Worker, periódico editado en Nueva York por el Partido Comunista de Estados Unidos, y con el salvoconducto de que su esposo ya era destacado militante.

En el verano de 1936 la pareja puso un océano de por medio, ya que Kitty se marchó de nuevo a Inglaterra con su familia, pero Joe no dejó de escribirle, unas cartas que eran secuestradas por la madre de su amada. Y así fue hasta que la bióloga las descubrió, y gracias a la última de ellas supo que su esposo se dirigía a España para incorporarse a las Brigadas Internacionales. Ella se reunió con él y su mejor amigo, Steve Nelson, en Cherburgo, Francia, y viajaron juntos a París. Después de unos días allí, Kitty regresó a Londres, y Dallet y Nelson llegaron a Albacete.

Comisario político

Brigadas Internacionales en la Plaza Mayor de Tarazona de la Mancha. / Cedobi

Para la posteridad quedaron sus escritos, unas cartas en las que Joe no ocultaba su resentimiento por su nombramiento como comisario político, lo que le impedía actuar en el frente, que era su anhelo. Aunque, a la postre, lo consiguió, costándole la vida con apenas 30 años. También se refería a las diferencias de criterio que, en la organización y dirección de las Brigadas Internacionales, mantenía respecto al papel de los comunistas. "Debemos tratar de convertir a algunos de nuestros políticos en militares a los que debe aceptar porque son muy necesarios", espetaba en una de sus cartas.

Pasó por el campo de entrenamiento y, posteriormente, por la Escuela de Formación de Oficiales y Suboficiales, ubicada en Pozo Rubio, un espacio que consideraba ideal por su pinada y por la cercanía -"a tres kilómetros hay un río caudaloso"- al Júcar, un lujo en el que anunciaba que se iba a bañar "varias veces a la semana", consiguiendo así "lo que es una de las cosas más difíciles de lograr en España, un baño".

Un relato preciso de la vida de un brigadista en nuestra provincia, en los puntos que sirvieron para alojar, entrenar, alimentar, curar, informar, concienciar, animar y divertir. "Anoche fuimos a ver una película soviética, Love and hate, con diálogos en ruso y subtítulos en español", señala en uno de los pasajes de sus relatos. O cuando llegaban suministros a las tropas. O cuando recuerda su paso por el Club de Voluntarios, ubicado en el otrora Círculo Mercantil, en plena plaza del Altozano. O cuando vino exprofeso a la ciudad a fotografiarse para su esposa. "Ayer estuve en Albacete para hacerme una foto e, incluso, me afeité para lucir lo mejor posible para ti, pero no hay película disponible, tendrás que esperar".

Frustrado reencuentro

Reportaje sobre la visita que realizaron en 1937 a España los miembros de la Cámara de Representantes Norteamericana, Jerry O'Connor y John T. Bernard, pasando por Albacete y Tarazona de la Mancha. / MINISTERIO DE CULTURA Y DEPORTE

La idea de Katherine era la de unirse con su marido en España, viaje que tuvo que retrasar por mor de lo que se pensó en principio era una apendicitis, aunque en realidad fueron unos quistes en un ovario. Diagnosticada e intervenida, se recuperó en Inglaterra. Pero el alta médica llegó demasiado tarde, ya que cuando quiso partir hacia nuestro país, Joe ya había sido abatido en combate en el frente aragonés. Fue el 17 de octubre de 1937.

Por supuesto, las cartas abordan ese episodio. En un escrito del 17 de mayo, y ante el interés de Kitty por venir a España, Joe le explicó: "Me veo obligado a decir que no, por el momento al menos. Hemos tomado la decisión de que ninguna esposa puede venir aquí a menos que surja una emergencia", aunque "personalmente creo que serías un conductor de tanques de primera". Las cosas cambiaron un mes después y, a mitad de junio, el comisario político logró que se hiciera una excepción con Kitty en virtud de los servicios prestados al Partido Comunista de Estados Unidos.

Pasado el ecuador agosteño, el norteamericano, informado de la intervención a la que debía ser sometida su pareja por el problema quístico, le escribió: "Cuídate, buena suerte en la operación, todo mi amor". Unas semanas después, Joe, se incorporó al frente aragonés, cayó fulminado en Fuentes de Ebro por las balas del ejercito nacional, y el ansiado reencuentro con su esposa se frustró para siempre. Y ahí acabó su historia de amor. Luego, vendría la vuelta de Kitty a Estados Unidos y su boda con Robert Oppenheimer. Con el tiempo, las relaciones con el comunismo le salieron caras al padre de la bomba atómica. Pero ese es otro cuento.

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