Carretas, un cine de prueba y error

22.06.2020


La sexta sala de Pérez García cumpliría en 2020 seis décadas de existencia


El cine experimentó con suerte desigual las producciones de arte y ensayo


Entre sus logros, los estrenos de películas como Amarcord o La naranja mecánica


Cerró en mayo de 1987, y el patio de butacas fue ocupado por un supermercado


Pocos, muy pocos cines en Albacete vivieron tantas etapas como el cine Carretas. De sala dotada con la mejor tecnología del momento a experimentar, con éxito desigual, con el cine de arte y ensayo, hasta cierres y reaperturas constantes.

El Carretas cumpliría, de mantenerse como tal, 60 años en 2020. Pero el paso del tiempo no le fue propicio a esta sala, y eso, a pesar de ser uno de los proyectos más mimados por su impulsor, José Pérez García, que encargó su diseño al prestigioso arquitecto Carlos Belmonte.

Cuando echó a andar, la empresa Pérez García ya tenía en explotación en la capital otras cinco salas de invierno, a saber: Capitol, Gran Hotel, Astoria, Productor A y Productor B, mientras que Luis Martínez Sánchez gestionaba el Teatro Circo.

Fue en febrero de 1959 cuando tuvo entrada en el Ayuntamiento de la capital el proyecto para construir un edificio en la calle del Tinte, frente a la plaza de Mateo Villora, junto al mercado de Carretas, que iba a albergar viviendas y una sala cinematográfica.

Una vez superados todos los trámites administrativos y ya construido, la inauguración oficial llegó el 30 de diciembre de 1960, en un acto que congregó al todo Albacete del momento. Las autoridades no quisieron perderse esta nueva aventura empresarial de Pérez García, desde el alcalde, José Gómez-Rengel y Rodríguez de Vera, al teniente coronel responsable de la Comandancia de la Guardia Civil, Serapio Marchante Olivares, pasando por el subjefe provincial del Movimiento, José Cózar Garrido; el delegado provincial de Información y Turismo, José Rus; el secretario provincial de la Organización Sindical, Ángel García Cuesta, junto con una amplia representación de la prensa, radio y televisión del momento y de otros sectores relacionados con el espectáculo.

No era para menos. Llegaba otro cine a la ciudad dotado con un equipo listo para proyectar en Cinemascope y Technicolor, en pleno centro de la capital y amplio, muy amplio. De acuerdo con la crónica publicada de tal evento en La Voz de Albacete el 31 de diciembre de 1960, "el cine Carretas, que es de bella arquitectura en su fachada, presenta en su interior, solo patio de butacas de gran capacidad, un sentido moderno de decoración, que es sencilla y de gusto, reuniendo esplendidas condiciones acústicas y una visibilidad perfecta de la pantalla desde todos los ángulos". Según rezaba el artículo publicado en el rotativo albacetense, tanto el empresario como el arquitecto recibieron la felicitación de sus invitados VIP.

Para esta sesión se eligió, en primer lugar, un cortometraje de José Luis de Zavala, La caja de las sorpresas, antesala de la cinta seleccionada para este acontecimiento, !Tempestad¡, dirigida por Alberto Lattuada, con Silvana Mangano, Van Heflin, Viveca Lindfors, Geoffrey Horne, Robert Keith, Agnes Moorehead, Oskar Homolka, Helmut Dantine o Vittorio Gassman, entre otros muchos, una superproducción en Technirama de la factoria Dino de Laurentis de 1958 y distribuida en España por Mercurio Films.

Parece, bajo criterio de Demetrio Gutiérrez Alarcón, Guti, el crítico cinematográfico que acudió al estreno, que las cintas escogidas fueron un acierto, puesto que "ambos films, de importancia artística y técnica, lucieron en toda su dimensión por los modernos equipos de proyección con los que el local está dotado".

Añadía Guti en su artículo que la cinta le recordaba a Guerra y Paz, de León Tolstói por sus escenarios, personajes y ambientación. Y no iba desencaminado este talento de la crónica cinematográfica, puesto que el guión de ¡Tempestad! tenía sus cimientos en las novelas de otro literato ruso Alexander Pushkin, La rebelión de Pugachev y La hija del capitán, añadiendo que "pocas veces se ha visto en la pantalla un movimiento de masas tan disciplinado y real", "una gran película, en fin, quizá la mejor de Lattuada, que pasa a codearse, sin reparos, con los primeros realizadores del mundo".

La apertura para el gran públicó llegó el último día del año, ese 31 de diciembre de 1960, y lo hizo con cuatro sesiones: 16:30, 18:40, 20:50 y 23 hora. Una semana aguantó ¡Tempestad! en la pantalla del Carretas, puesto que el 7 de enero de 1961 se presentó La momia, película de terror británica de 1959, dirigida por Terence Fisher y producida por Hammer Productions, y con un elenco encabezado por Christopher Lee y Peter Cushing.

Este cine, en sus primeros años, competía en igualdad de condiciones con el resto de salas respecto a los géneros y los títulos que proyectaba en su pantalla, y así anduvo, con renovaciones tecnológicas incluidas -incorporó el Todd-AO, formato cinematográfico que utilizaba un negativo de 70 milímetros y cinco perforaciones de arrastre por fotograma que aseguraba espectaculares proyecciones, y un equipo de sonido Sensurround, de impacto para películas como Terremoto- hasta 1970. Fue entonces cuando el Carretas comenzó a probar como sala de arte y ensayo, esa manera de hacer cine cuya característica más definitoria era su capacidad de innovación y experimentación formal, un término que además se aplicaba a determinadas películas más artísticas frente al cine comercial.

Pues bien, su andadura como sala de arte y ensayo arrancó el 3 de abril de 1970, y fue con la película Repulsión, de Roman Polanski, junto al cortometraje español Circles, de R. Levi, con Serena Vergano. No duró en exceso esta experiencia, unos tres años, momento en el que Pérez García dedicó de nuevo la sala al cine puramente comercial. No quedaba otra. Según relataba el semanario Crónica, "tras la etapa inaugural de la sala, dedicada al cine comercial, el cine Carretas desarrolló una interesante temporada de arte y ensayo, durante la que los aficionados albacetenses tuvieron la oportunidad de admirar los más interesantes films de tal clasificación. Cuando parecía materialmente agotado el stock de películas importantes, reanudó sus sesiones normales. Ahora, a partir de enero, volverá la modalidad que tanto interesa a los amantes del cine, con un repertorio de títulos y autores de gran aliciente".

De esta manera anunciaba en 1975 este semanario informativo albacetense la vuelta al cine de arte y ensayo de la sala de la calle del Tinte. El empresario comenzó a gestionar contratos con algunas distribuidoras, y se hizo con los derechos de una veintena de títulos, algunos ya presentados en temporadas anteriores y otros pendientes de estreno.

Así las cosas, finalmente fue el 7 de febrero de 1976 cuando llegó uno de los momentos más importantes en la dispersa existencia del Carretas: el estreno de Amarcord, de Federico Fellini. Crónica de Albacete contó que con esta proyección se iniciaba "una nueva etapa del cine Carretas con la consideración de sala especial". Amarcord se exhibió subtitulada y precedida "del mejor lanzamiento". "Satisface por un lado y decepciona por otro. Este sentimiento se produce cuando se comprueba que Amacord no tiene, realmente, argumento dramático, aunque dramático sea casi todo cuanto se contempla. Y satisface por la extraordinaria realización de Federico Fellini, en la que se advierte un detallísimo cuidado de la ambientación y puesta en escena".

De esta manera se ponía fin a las excursiones de los cinéfilos a otras ciudades para ver películas de este corte, títulos como La naranja mecánica, de Stanley Kubrick; Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, Cuerno de Cabra de Metodi Andonov o Belle de jour, de Luis Buñuel.

Películas más importantes de 1976 para el Semanario Crónica.
Películas más importantes de 1976 para el Semanario Crónica.

Sea como fuere, esta nueva experiencia duró poco, ya que en octubre de ese mismo año Pérez García puso de nuevo punto y seguido a la protección del cine de arte y ensayo, y volvió con cintas del llamado cine picante, y su primer éxito en esta etapa fue La dudosa virilidad de Cristóbal, con Juanjo Menéndez como gran reclamo en el reparto. Además, por aquella época funcionaba con tremendo éxito el Cine-Club Buñuel, que con sus proyecciones quizá cumplía con las expectativas y demanda de ese público más selectivo.

Pero como no hay dos sin tres, en octubre de 1977, el día 19 para más señas, regreso al cine diferente, con Portero de noche, de Liliana Cavani, con Charlotte Rampling y Dirk Bogarde, y cuyo estreno no fue un camino de rosas, no en España, sino en muchos países.

Su andadura fue tremendante variable, cierres y aperturas constantes, y proyecciones para el gran público. En 1980 permaneció cerrado varios meses hasta la Feria de ese año, cuando proyectó El libro de la selva, de Walt Disney; en las navidades de 1981, desde el 26 de diciembre al 9 de enero de 1982, programó un ciclo infantil al precio de 20 duros la localidad. Superman, Popeye o Tarzán atrajeron al público más familiar en las matinales, ya que en las sesiones vespertinas se exhibieron cintas del calibre de Los ritos sexuales del Diablo para el personal más adulto.

Su cierre definitivo llegó el 5 de mayo de 1987, con El chico de oro, de Eddy Murphy. De esta manera se puso fin a una larga agonía para una sala que terminó albergando un supermercado en un local cuyo futuro parece más incierto que nunca. Se verá.

El edificio del cine Carretas terminó albergando un supermercado, que ya ha cerrado sus puertas.

Un acontecimiento llamado 'La naranja mecánica'

El cine Carretas estrenó en septiembre de 1976, año y medio después de presentarse en la Seminci de Valladolid la película de Stanley Kubrick

Campaña publicitaria de 'La naranja mecánica' en la plaza de toros. / La Aventura del Cine
Campaña publicitaria de 'La naranja mecánica' en la plaza de toros. / La Aventura del Cine

Pérez García se marcó todo un éxito cuando proyectó, precisamente, en el cine Carretas La naranja mecánica, la cinta de Stanley Kubrick de 1971. Fue el 1 de septiembre de 1976 y venía precedida del notable revuelo que había provocado en su presentación oficial en España, hecho que tuvo lugar en la Seminci de Valladolid de 1975. Faltaban pocos meses para el fallecimiento del dictador, y la censura era implacable, más incluso que en los años anteriores.

Finalmente, el film se presentó oficialmente el 27 de abril de 1975, en la clausura del certamen vallisoletano, que ya no era sólo un festival de "cine religioso", sino también "de valores humanos". El estreno no fue fácil, como recuerda el crítico Boquerini www.elcorreo.com/butaca/estreno-naranja-mecanica-20171027145008-ntrc.html en el diario El Correo. Eso sí, en versión original y subtitulada, como el resto de películas de arte y ensayo.

En los circuitos comerciales entró en noviembre de ese 75, y a la capital albacetense llegó en septiembre de 1976 para reforzar la campaña ferial de los cines de Pérez García. Crónica de Albacete se refería a La naranja mecánica indicando que se trataba de una "película importante contra la exacerbación de la violencia y el sexo, que Kubrick, fiel a su norma de hacer buen cine, pero siempre muy comercial, aprovecha para ofrecer secuencias pornográficas y de brutal sadismo. Quizás el fin -una llamada a la cordura, al freno de una sociedad enloquecida diabólicamente- no justifique plenamente los medios empleados. La obra -un alarde de ritmo, plasticidad y color- reúne perfecciones técnicas; formalmente, casi siempre es repulsiva. El espectador recibe una paliza con el desfile de unos personajes corrompidos -si se hace excepción del sacerdote, un tipo marginal- y sus problemas, extensivos a la sociedad. Pero lo importante es que La naranja mecánica hace pensar; aunque produzca náuseas".

En las páginas de La Voz de Albacete su crítico, José Antonio Tendero, señaló de la cinta que: "No ha perdido este fruto -a pesar de su tardanza en llegar a nosotros-, ni el jugo, ni el frescor, seguramente porque las obras que tienen una sólida base pueden mantenerse mucho más tiempo sin deteriorarse". Contundente.

También, coincidiendo con su estreno, La Voz de Albacete realizó entre los espectadores una encuesta, quienes no se resistían a asegurar, entre otras cosas, que acudían a verla porque aparecían mujeres desnudas, porque había estado prohibida o simplemente porque no tenía cortes y era una especie de ventana abierta a la denuncia y la crítica.

Con el paso del tiempo, la película se proyectó en diversas ocasiones en la ciudad, e incluso en su exhibición en Filmoteca de Albacete, en 2017, dentro de un ciclo dedicado a Stanley Kubrick, se contó con la presencia de Vicente Molina Foix, traductor al castellano de varios títulos del cineasta británico. En ese homenaje también estuvo presente Jan Harlan, productor de películas de Kubrick, del que además, era cuñado.