Y el cine llegó a Albacete

21.03.2020


La primera proyección cinematográfica en la capital albacense llegó el 5 de diciembre de 1897 gracias a un empresario granadino, Antonio de la Rosa


Cartel anunciador de un programa del Salón Liceo, que aseguraba disponer de "más de mil metros de películas". / A.H.P.

Kilómetros y kilómetros de celuloide han pasado por las decenas de proyectores que han funcionado en la capital desde que el 5 de diciembre de 1897 un pionero del negocio cinematográfico, Antonio de la Rosa, decidiera mostrar a los albacetenses las maravillas del séptimo arte. El lugar elegido, evidentemente, no reunía las condiciones apropiadas, pero en aquel momento, ¿quién sabía con qué características tenía que contar una sala cinematográfica? La planta baja del Casino Artístico sirvió para proyectar sobre una pantalla las primeras películas, cortos, que llegaron a la ciudad.

Ahora todo es diferente, aunque lo que no ha cambiado es la magia que transmiten estas fotografías en movimiento que son las películas. El cine fue la consecuencia lógica del interés del hombre por encontrar un mecanismo, un sistema que propiciara acción y movimiento a las fotografías. Precisamente, el establecimiento de la fotografía comercial por parte de Louis Daguerre y su daguerrotipo en 1839 marca el inicio de una carrera de fondo que tendría en diversos estudiosos e inventores a sus etapas intermedias hasta que los hermanos Lumière lograron presentar al mundo el cinematógrafo en la primera sesión pública de pago, el 28 de diciembre de 1895. Para ello se eligió el sótano de salón Indien del Grand Café de París, local nada apropiado para estas artes. Situado en el archiconocido a estas alturas Boulevard des Capucines, en el camino se quedaron otros muchos pioneros.

A partir de la primera proyección en la capital francesa, avezados enviados de los Hermanos Lumière comenzaron a hacer llegar el curioso invento a diversos lugares del mundo. Así, el 15 de mayo de 1896, cinco meses después, llegaría a Madrid Alexandre Promio con su cinematógrafo cargado y dispuesto a dispararlo en los bajos del Hotel de Rusia, situado por aquel entonces en la confluencia de la Carrera de San Jerónimo y la calle de Ventura de la Vega. Después de ese momento el cine se extendería como la pólvora e inteligentes empresarios se armaron de valor, invirtieron en el cinematógrafo y comenzaron a recorrer los caminos de España.

En la provincia, el cine aterrizó antes en Hellín que en la ciudad de Albacete. Fue el 20 de febrero de 1897 gracias a la iniciativa de los señores Hernández y Franco, que decidieron no llegar hasta la capital para mostrar tan interesante invención, no sabemos por qué motivos.

Un empresario granadino

Imagen del empresario Antonio de la Rosa, que fue quien trajo por primera vez el cinematógrafo a la ciudad de Albacete. / Frame, Revista de Cine de la Biblioteca de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

Tuvo que ser un granadino, Antonio de la Rosa, quien escribió el primer capítulo de esta historia en esta ciudad al poner en marcha por primera vez el cinematógrafo el 5 de diciembre de 1897 y desde aquella jornada, el celuloide corrió durante décadas, hasta que llegaron las películas en formato digital.

Tal efeméride se puede rememorar hoy en día gracias a la prensa, verdadero testigo de la historia contemporánea. Un periódico local, El Diario de Albacete, recogía en su edición del 6 de diciembre de 1897 la noticia con pelos y señales y con una tremenda objetividad, puesto que estaba hablando de invento más revolucionario del momento. El cronista, impresionado por lo que había contemplado horas antes, realizaba una precisa descripción del funcionamiento del cinematógrafo traído hasta Albacete por el señor De la Rosa, perteneciente al ya prestigioso en ese momento sistema Lumière de Lyon.

El aparato de proyección procedía directamente de los acreditados talleres de Mr. Carpentier de París. Quizá, en la primera crónica periodística que todavía se puede consultar en el Archivo Provincial de Albacete se echan de menos otros detalles que en ese momento pudieron pasar desapercibidos, pero que hoy en día serían valiosísimos para entender la incidencia que entre los albaceteños pudo tener la primera incursión de la capital en el séptimo arte, como el precio de las localidades o el número de películas que se exhibieron...

De cualquier manera, quedó patente con esta primera proyección que De la Rosa -que ya había llevado este invento por otras ciudades españolas- no era una advenedizo en busca de dinero fácil, puesto que arriesgó parte de su capital en las adquisición de fondos cinematográficos para su repertorio. El exhibidor contaba con más de 80 series fotográficas de una duración de un minuto cada una. Se da la circunstancia de que Antonio de la Rosa contaba con todas las condiciones a su favor, según escribireron los periodistas encargados de reflejar tan increíble experimento en las páginas del Diario de Albacete: un buen aparato, la corriente eléctrica que recibió el local fue la apropiada, y un operador que demostró una tremenda pericia en el manejo del proyector.

La muestra cinematográfica contó con una buena acogida. De la Rosa tenía que recuperar su inversión y lógicamente obtener beneficios que para eso era empresario. Logró que los albaceteños apoyasen su nuevo espectáculo, que compartía escenario con Madame Baylack, que realizaba experimentos de adivinación.

El cinematógrafo permaneció varios días entre los albacetenses, y así lo corroboran las crónicas del otro diario local, El Defensor de Albacete, que aseguraba el 12 de diciembre de aquel año que el publico asistente mostraba "predilección" por los cuadros de cinematógrafo, "pues se duda mucho de que dicha señora posea la facultad de adivinar creyéndose más bien que se trata solo de una excelente memoria y contesta las preguntas que se le hacen mediante una clave convenida de antemano".

El periodista escribió además que las figuras representadas por el cinematógrafo "son magníficas y dignas de ser admiradas". Sin embargo, el negocio no se consolidó y tuvieron que pasar dos años hasta que los albaceteños volvieron a ver cine. Fue en el barracón ferial de Manuel Fernández Cuevas. Pero esa ya es otra historia.

La planta baja del Casino Artístico fue el primer local en el que se proyectó cine en Albacete. Este círculo cultural del Salón Liceo programaba sesiones de cinematógrafo. Fue el 20 de noviembre de 1906 cuando se otorgó la pertinente licencia para la instalación del cinematógrafo permanente en el Salón Liceo, cuya existencia se prolongó durante varios años.