Películas de papel

19.03.2020


Eran como la liturgia de cada semana. Surgían coincidiendo con la puesta de largo de cada película. Eran utilizados como armas de enganche por los exhibidores para llenar sus salas. Los programas de mano de cine, auténticos pedazos de celuloide, alcanzaron una gran popularidad en los años 40, 50 y 60 del pasado siglo en Albacete. Hoy en día aquí, en cualquier punto de la geografía española y en medio mundo se han convertido en un artículo al alcance de los coleccionistas y de los nostálgicos. Con este pequeño trozo de papel los aficionados al cine y los ciudadanos en general -en aquella época había pocas alternativas para el ocio salvo ir a ver películas- se permiten el lujo de soñar con sus estrellas favoritas y, de paso, guardar como de un tesoro se tratara estas pequeñas joyas de las que se editaban miles cada mes 


Del programa de mano fueron impresas 1.000 copias por Gráficas Panadero para el Teatro Circo en 1951. / C.D.C.

Comenzaron a aparecer de manera periódica en los primeros años 40. Varias eran las imprentas de cuyas máquinas salían estás coloridas octavillas. Si se echa un vistazo a las que pudieron sobrevivir al paso del tiempo encontramos que en su mayor parte están firmadas por empresas como Gráficas Panadero -empresa fundada por Ciriaco Panadero en 1944- o la imprenta del diario La Voz de Albacete.

Otras que trabajaban estos programas de mano, aunque más esporádicamente, para los empresarios cinematográficos de la capital albacetense eran Gráficas Castillo o Albuger, aunque había otras muchas como Collado o Los Picos.

Pero, ¿cómo se elaboraban? La impresión de los programas no era una labor demasiado complicada, más bien, todo lo contrario. Procedentes de otras imprentas mayores -algunas como Velasco, Karmal, Edicolor, Rivadeneyra en Madrid; Foto Repro, Llauger Martí y Mari, Vilador, en Barcelona; Talleres Valverde, en San Sebastián; Gráficas Valencia, en Valencia, Lit en Girona, o Melguizo en León, entre otras muchas-, el trabajo que se realizaba en Albacete se limitaba en la mayoría de las ocasiones a imprimir en el dorso de los programas el nombre de la sala en la que se proyectaba la película, su título, alguna leyenda en torno al filme y, de paso, se anunciaban próximos estrenos. 

Anverso y reverso del afiche de Las mil y una noches, que se proyectó en el Cine del Productor. / C.D.C.

Así, la cara principal del programa de mano venía litografiada y en el talle gráfico albacetense correspondiente se trabajaba en la parte trasera. Normalmente eran octavillas, de forma regular -habitualmente rectangulares- pero, en otras ocasiones, se editaban dípticos, trípticos con forma de pistola, avión, llave, hacha apache, una guitarra española... dependiendo del título que se promocionaba y siempre con el objetivo de llamar la atención

¿Cuántos se editaban?

La media que se editaban de cada programa oscilaba entre 1.000 y 6.000 ejemplares, aunque lo normal era imprimir entre 1.000 y 2.000 copias, aunque, por supuesto, había excepciones. Películas como Lo que el viento se llevó obligaban a las imprentas a repetir las tiradas. Se trataba de títulos muy significativos y esperados por los espectadores que llevaban a las empresas exhibidoras a insistir en la promoción de los mismos.

El 13.000, película de Levante Films, con Josita Hernán y Rafael Durán, estrenada en 1941. / C.D.C.

La inversión que Bienvenidos Herreros y José Olivas cuando estuvieron al frente del Teatro Circo en su etapa más gloriosa como sala cinematográfica; José Pérez García, responsable de cines como Capitol, Gran Hotel, Productor A y B, o Carretas, o Luis Martínez Sánchez, titular entre otros, del Astoria y también del Teatro Circo durante una etapa, era más que importante si sumamos los cientos de programas de mano que se repartían a lo largo de los 12 meses del año. 

Pero ese gasto se veía notablemente compensado teniendo en cuenta la masiva afluencia de público que llenaba las salas de la capital. Así de una somera lectura de los afiches que se observa que el Teatro Circo se presentaban casi siempre como La pantalla de los grandes éxitos de Albacete, y los estrenos y los habituales pases dobles se anunciaban con calificativos como "apasionante", "sensacional", "emocionante", "interesante" o "extraordinario" en otros casos se hablaba de "acontecimientos cinematográficos" o de "magnífica producción", dejando claro, eso sí, si se trataba de una película tolerada, no tolerada, autorizada a mayores... La responsabilidad de repartir los afiches era del avisador -como lo calificaban impresores de la época-, y durante muchos años fue Miguelillo, con su bicicleta, quien realizó decenas y decenas de kilómetros en nuestra capital pegando carteles en las paredes albaceteñas de cientos de espectáculos. Para realizar estos encargó, Gráficas Panadero disponía de una máquina de marca Minerva que funcionaba a pedales. Era antigua y lenta, y eso condicionaba el trabajo. 

No todo eran programas de mano

Tiempos en los que en la calle Rosario todavía se colgaban las carteleras. Corría el año 1976. / CDC

Pero existían otras maneras de dar a conocer los títulos que se proyectaban. Las carteleras, tanto las que se publicaban en la prensa como las que, hechas a mano, se colocaban en puntos estratégicos de la capital. De las primeras poco se puede añadir, puesto que todavía perduran en la actualidad en algunos medios impresos; de los segundos si se puede decir algo más. El encargado de pintarlas era Pepe Esparcia, un histórico del PSOE albacetense. 


Los 'guardianes de la moral' y los programas de mano

A finales de 1942 se publicaron las normas a las que se debían someter cualquier "propaganda impresa", incluidos los programas de mano. / BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA 1942 (IEA)

Pero no todo era coser y cantar, puesto que cuando el trabajo estaba más o menos enfilado, los impresores debían pasar el control de la censura. Sí, aunque parezca mentira, ¿qué se podía decir en el dorso de un programa de mano que pudiera molestar a los supervisores de la moral? Quizá, para ilustrar mejor este aspecto es recomendable recurrir al libro El cine, de Gentilini, en el que, refiriéndose a los carteles cinematográficos -lo habitual es que el programa de mano fuera una reproducción del cartel anunciador de la película- aseguraba que "es innegable que estas pinturas y dibujos ofenden al pudor y las buenas costumbres, incitan al mal, corrompe la imaginación y son, en una palabra, moralmente ofensivos". 

Pues bien, quizás siguiendo la filosofía gentiliniana, hasta los programas de mano, tanto por delante como por detrás, eran controlados y censurados. La parte litografiada ya venía corregida por los censores de turno

En cuanto al texto del dorso, era supervisado -y en muchas ocasiones rectificado- por el censor local. Quien fuera cronista oficial de Albacete, José Sánchez de la Rosa, recordaba que durante muchos años este trabajo fue responsabilidad de José de Luna Cañizares, delegado de la Secretaria de Educación Popular. Esta administración tuvo sus oficinas en el Paseo de La Libertad -entonces, paseo de José Antonio- y también encima del bar La Cabaña, en la plaza del Altozano.

Adjetivos cómo "exuberante", "picante", "atractiva" o "imponente" para calificar a las bellas estrellas de Hollywood o para las italianas de turno -la Loren o la Lollobrigida- eran rápidamente eliminados del texto informativo de programa de mano. Y es que hasta el séptimo de las artes, como otros muchos, se vio afectado, y de qué manera, por los guardianes de la conciencia