La gasolinera que siempre estuvo ahí

30.03.2026

La gasolinera Sandoval, en sus inicios. / LUIS ESCOBAR

En la retina de miles de albacetenses de todas las edades y condición, la gasolinera en la que arranca la otrora carretera de Madrid, rebautizada como avenida Gregorio Arcos, es una presencia perenne. Y en este caso, la memoria popular y la que registran las hemerotecas y los archivos coinciden. Al menos, en los últimos 90 años, esa estación de servicio ha presidido la conocida por las generaciones pretéritas como Puerta de Madrid, y su transformación ha corrido paralela a los tiempos.

Las fotos de color sepia que las redes nos devuelven en forma de recuerdo arrojan a veces una sensación de vértigo. El paso del tiempo, ese rodillo que con casi todo acaba, impide reconocernos en los rostros o edificios que aparecen en esas imágenes y que a muchos da la impresión de que están sacadas de un libro de la historia de Albacete que nunca existió. "¡Qué pena que aquella casa o ese antiguo parque ya no exista!". Y tras ese comentario, otro todavía más impregnado de desconocimiento y desprecio por lo que fuimos: "Albacete no tiene historia". Qué error.

Ahora, esa popular gasolinera se encuentra en pleno proceso de transformación, eliminando de un plumazo una marca comercial que, curiosamente, ha dado nombre a una de las mayores rotondas de la ciudad: Tamos. El camaleónico mundo empresarial muda su piel sin cesar, y cuando a esa antigua gasolinera se le cambió la cara y se le denominó Tamos en el verano del año 2000, el lenguaje de la calle acabó bautizando el lugar, que quedó expedito tras un complejo proceso urbanístico, con el de esa firma por pura utilidad práctica. Un epicentro de celebraciones desde que la Selección Española de fútbol comenzó a dar alegrías a su afición y que desde hace menos de tres años luce con orgullo el nombre de este poblachón manchego venido a más.

Un antiguo camión de Campsa. 

La turbación que provoca repasar esas imágenes antiguas es, a su vez, una satisfacción. Albacete vivió en los años 20 y 30 un cambio exponencial, y la modernidad y los últimos avances se incorporaron a nuestra vida cotidiana. Si las gasolineras fueron mejorando fue consecuencia del aumento del parque móvil urbano y del nivel de vida del paisanaje.

En marzo de 1933, mientras las páginas del Defensor de Albacete se llenaban de anuncios de Denticina para los niños, de elixires estomacales como Saiz de Carlos, de la Panificadora Madrileña de la calle Gaona o de Selles Hijo, popular callista valenciano que abría consulta una vez al mes en el Hotel Central, una sobresaliente inserción publicitaria difundía la apertura de un negocio, la inauguración del kilómetro cero de un avance estratégico en Albacete: la gasolinera Sandoval.

Para ese momento, Albacete ya era un nudo de comunicaciones en potencia, pero le faltaban infraestructuras de vanguardia. El anuncio de Sandoval hace más de 90 años, fue el motor y su arranque en ese preciso momento, una jugada maestra de visión comercial. Para entonces ya eran varios miles los vehículos que recorrían nuestras calles, ensuciando con sus malos humos los imponentes y modernistas edificios de la calle Ancha, y la necesidad de un punto de suministro moderno en la salida hacia Madrid era imperativa. Sandoval no solo ofrecía gasolina; también la seguridad del combustible en los viajes entre la capital de España y Levante.

Anuncio publicado en la prensa local de la apertura de la estación de servicio Sandoval y una de las marcas que se comercializaban.

Cuando aquel anuncio apareció en la prensa, pocos imaginaban que Sandoval se convertiría en el apellido de una zona entera de Albacete. Aquel establecimiento fue parte del puente entre el Albacete de los talleres de cuchillería y las industrias pioneras -y precarias- y la ciudad de servicios que es hoy. Esa estación de servicio se convirtió en la puerta de entrada a lo que, con el tiempo -cuatro décadas después- fue Campollano, otro Albacete moderno, industrial y generoso con la creación de empleo.

Ese primer anuncio demuestra que Sandoval no era cualquier cosa, no era un negocio improvisado, sino que sus promotores incorporaron las últimas novedades, no sólo en cuanto a servicios, sino también en diseño. Al observar en la instantánea de Luis Escobar la fachada, es imposible no viajar mentalmente a la costa oeste de los Estados Unidos. Con su imponente estructura triangular y su marquesina pragmática, el edificio desprende un glamur cinematográfico propio de las gasolineras que jalonaban la mítica Ruta 66 en California.

En un Albacete que despertaba al motor, Sandoval aportaba una imagen de modernidad. Bajo su sombra protectora, se anunciaban con tipografía vanguardista los pilares del progreso: Azeites, Grasas y Gasolina.

La estación de servicio estaba custodiada por surtidores altos y elegantes que hoy son objetos de culto. Eran auténticas joyas de ingeniería. Con una estética art déco que recordaba al más puro estilo de Hollywood, estos dispensadores de cuerpo de hierro fundido y esferas de tipo reloj permitían al cliente ver el combustible en sus vasos de vidrio superiores.

El personal, ataviado con overol y gorra, convivía con la elegancia del sombrero de ala de la clientela, personificando una época donde el servicio era un ritual sagrado, vendiera productos Campsa o de otras marcas como Atlantic, es decir, The Atlantic Refining Company, una de las grandes petroleras de Estados Unidos, fundada originalmente en Pensilvania en el Siglo XIX y parte del imperio de Rockefeller hasta su desmembración.

Sandoval prestaba un servicio permanente en su emplazamiento de "carretera de Madrid a Valencia-Alicante y Cartagena", en su kilómetro 244, frente al fielato municipal de la Puerta de Madrid, donde era menester tributar para las arcas locales los impuestos al consumo. Ya se citaba su emplazamiento como carretera de Circunvalación y se especificaba que su distancia al canal de María Cristina era de 80 metros.

Ya ofrecía agua y aire gratuitos para los automovilistas -los menos, para qué engañarnos-, motoristas, ciclistas y hasta para inflar un balón. Para "comodidad del público", baños para señoras y caballeros. Y en su publicidad, un deseo que más bien parecía una petición de mano de aquellos años: "Espero merecer la atención de verme visitado por los consumidores, quedando por anticipado agradecido a tal distinción".

Ese fue el principio de una relación de esta familia, Sandoval, con esta rosa de los vientos, una gasolinera que en 1954 amplió su instalación, de acuerdo con la petición presentada por Celestino Sandoval, cuyo apellido está ligado a estaciones de servicio no solo en Albacete, sino también en Alicante, Valencia, Silla y Campello.

Sandoval ya desapareció, como lo acaba de hacer Tamos. Ahora llega Plenergy. Donde siempre estuvo.

Gasolinera Tamos.
Gasolinera Tamos.
Ahora es Plenergy.
Ahora es Plenergy.
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