Un siglo de 'El maquinista de la General', uno de los éxitos del Teatro-Circo

26.04.2026

Esta obra maestra de Buster Keaton llegó a Albacete tres años después de su estreno mundial


Su protagonista inspiró a un vecino de La Gineta, que quiso emularle dándole una paliza a un paisano


De ella dijo Orson Welles que era "la mejor comedia hecha jamás, la mejor película de la Guerra Civil -de Estados Unidos- hecha jamás y tal vez la mejor película hecha jamás". Y no era, ni es, para menos. En este 2026 se ha cumplido un siglo de la mítica El maquinista de la General, una obra maestra de Buster Keaton que ha ganado prestigio con el paso de los años.

En España se estrenó en 1927, pero hasta Albacete, como a otras provincias, tardó en llegar. De hecho, el Teatro-Circo se hizo con los derechos de exhibición de la película en 1929. Considerada una de las piezas más perfectas de la cinematografía mundial, la película destaca por una puesta en escena que va más allá de una simple comedia de cine mudo para ser considerada una lección de precisión matemática.

Dos amores y una guerra

La historia que cautivó a los espectadores albaceteños y más allá nos traslada a 1861, en los albores de la Guerra de Secesión americana. El protagonista de este relato ferroviario es Johnny Gray -Buster Keaton-, un hombre con su corazón partido entre dos amores: su prometida, Annabelle Lee, y su imponente locomotora, La General. Johnny intenta alistarse en el ejército del Sur para defender su hogar, pero los mandos consideran que su habilidad en las vías lo hace más valioso en la retaguardia que en el frente de batalla. Este rechazo se convierte en una tragedia personal cuando Annabelle, ignorando los motivos reales, lo tacha de cobarde y le retira su afecto.

Carteles de la película de Keaton editados en Estados Unidos y en España.

Pero el destino le tiene reservada una prueba de fuego. Un comando nordista infiltrado logra robar La General con su amada a bordo. Es cuando el maquinista cobarde se convierte en un héroe, lanzándose a una persecución a bordo de otra locomotora, dispuesto a cruzar las líneas enemigas y enfrentarse a todo un ejército para recuperar a sus dos amadas.

Producción y obsesión histórica

Producida por Joseph M. Schenck -cofundador de 20th Century Fox y uno de los pioneros de la Academia de Artes y Ciencias Estadounidenses- para United Artists, fue un producto bajo control absoluto -y quizá obsesivo- de Buster Keaton, con la codirección de Clyde Bruckman. El cómico no se conformó con cualquier cosa, como se hacía entonces -había que abaratar costes, puesto que Hollywood hacía películas como churros-, sino que se apostó por una minuciosa reconstrucción histórica que abarcaba desde el uso de uniformes auténticos a la elaboración de réplicas exactas de locomotoras de la Guerra de Secesión.

Todo parecía único en esta película, en la que incluso las escenas de riesgo las asumió directamente el propio Keaton. Con un guion de Al Boasberg, aunque basado en el libro autobiográfico de 1863 Daring and Suffering de William Pittenger, para su conclusión fueron necesarios en torno a 750.000 dólares, dinero que no se recuperó inicialmente en la taquilla, con apenas 42.000 recaudados. Este fracaso marcó, sin duda, el declive de la libertad artística que se le daba al actor, conocido en España como Pamplinas.

La gran acogida albaceteña

En el verano de 1930, Buster Keaton visitó numerosas ciudades españolas y no se perdio las corridas de toros.

El maquinista de la General comenzó a recorrer los cines españoles en un momento en el que el teatro sufría una crisis profunda -¿cuándo no?- debido a la imparable competencia del cinematógrafo, cuyas sesiones eran más rentables para los empresarios de espectáculos por su variedad, sus costes y su gran aceptación.

En este clima de efervescencia cinéfila, las salas de la ciudad, en 1929 básicamente el Teatro-Circo y el Teatro Cervantes, se convirtieron en los templos donde Buster Keaton, conocido también como Cara de Palo, enganchó una vez más a los albacetenses. Su llegada a la ciudad fue un acontecimiento. Las crónicas de la época reflejaron la admiración por Keaton, quien en entrevistas confesaba haber aprendido la técnica de Fatty Arbuckle y consideraba que su pequeño sombrero le traía "muy buena suerte".

Estreno en la calle Isaac Peral

La película fue recibida por todo lo alto el 9 de abril de 1929 en la sala de la calle Isaac Peral. Según anunció Defensor de Albacete, estábamos ante una "hermosa superproducción cinematográfica" protagonizada y creada por el "formidable" Keaton. La película El General -que así se llamó en su estreno albaceteño- fue incluida en la iniciativa Martes de Karaba del Teatro-Circo, sesiones populares caracterizadas por ofrecer programas variados, divertidos y, sobre todo, a precios reducidos. Esa sesión se completó con una "graciosísima película cómica en dos partes" de la que no se aportó el título.

El otro periódico, El Diario de Albacete, daba alguna pista más. Hubo dos sesiones -a las 18:30 y a las 22:15 horas- de una "regocijante película en seis largas partes, perteneciente a la acreditada productora Artistas Asociados", una "creación llena de gracia fina e hilarantes situaciones" a cargo del "inimitable" Buster Keaton. El éxito fue tal que, contrariamente a lo que sucedía entonces, se volvió a proyectar en una reprise una vez pasado su estreno. Fue el 14 de abril de 1929 en una "función infantil de cine" donde solo se proyectó la cinta calificada como una "regocijante y estupenda película" en seis partes.

De la gloria al declive

Otras escenas de la cinta que llegó a Albacete tres años después de su estreno mundial.

Su paso a la Metro-Goldwyn-Mayer y la incorporación del sonoro marcaron un cambio radical en la carrera de Pamplinas, este genio del cine mudo nacido en Kansas en 1895, hijo de los cómicos de vodevil Myra y Joe Keaton. Al final de su vida, fue redescubierto por nuevas generaciones y recibió un Oscar honorífico por su legendaria trayectoria en 1960.

Pero más allá de su éxito en las pantallas locales, su nombre se convirtió en protagonista de la cultura popular -se informaba de su seguro de vida, de su pasión por las buenas casas-… incluso en las páginas de sucesos de los rotativos locales. Así sucedió en febrero de 1930, cuando Defensor de Albacete relacionó de forma satírica un intento de agresión en La Gineta con este as de la gran pantalla, al que pudo servir de inspiración el cómico norteamericano.

Crónica de un suceso cinematográfico en La Gineta

Buster Keaton.
Buster Keaton.

La noticia se titulaba No se puede ir al cine, y contaba cómo un vecino de nombre Juan José y apodado Cartagena, muy aficionado al séptimo arte, aficionado al cine americano "en el que los malos y buenos se persiguen por caminos y montes, hasta que surge la pelea al borde del precipicio". La crónica añadía que "aun cuando Juan no tiene el rostro fotogénico, decidió emular las glorias de Antonio Moreno y Buster Keaton, viviendo una película de su exclusiva invención".

El caso es que Juan José mantenía "antiguos resentimientos" con otro vecino de nombre Emilio, de 69 años, "y por eso decidió repartirle el papel de extra a fin de que recibiera las bofetadas". Cartagena salió de su casa con la intención de "impresionar el primer episodio, y anda que te anda, llegó al sitio denominado Casa Alejandros y por sus alrededores se emboscó hasta que vio venir a Emilio que en unión de su esposa e hijos se dirigía al pueblo". Rápidamente Juan José dio "un salto de felino y en dos zancadas se puso ante Emilio", al que dijo "con voz de trueno" la clásica "¡manos arriba!".

Final de película

"Al ver Emilio que no llevaba pistola desoyó la orden, y Juan José en vista de la negativa y de que no podía pegarle un tiro se lanzó sobre él y le endilgó tal clase de paliza que le dejó en la carretera maltrecho y malherido", continuaba la noticia, apuntando que fue entonces cuando quien iba a ser la víctima se personó en busca del sheriff -léase guardia civil-, al que dio cuenta de la agresión y la citada autoridad "fue en busca del malo", quien, a juicio del cronista, se arrepentiría "de sus aficiones peliculescas".

Por cierto, que el verano de ese 1930 fue muy especial para Keaton, puesto que realizó un célebre viaje por España, visitando ciudades como San Sebastián, Toledo, Sevilla, Málaga y Madrid. Estuvo acompañado de su esposa Natalie Talmadge, su cuñada Norma Talmadge y el actor Gilbert Roland, disfrutando de los toros, la cultura local y la compañía de artistas de la Generación del 27. Circuló por numerosas carreteras españolas en un Rolls Royce, y por qué no, quién sabe si no pasó por la llanura albaceteña.

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