'El Lobo', primera superproducción rodada en la sierra albacetense

15.03.2020

El castillo de Alcaraz aparece en uno de los pasajes de la película El Lobo, rodada en Alcaraz y su entorno en 1928. / Colección Mayte Zapico


En 1928 la Sierra de Alcaraz acogió buena parte del rodaje de esta película dirigida por Joaquín Dicenta hijo a partir del popular relato escrito por su padre


Su estreno en la ciudad se llevó a cabo en el Teatro Circo, después de su éxito en el Avenida de Madrid, y levantó una gran expectación


La cinta, protagonizada por Carmen Rico y Pablo Zapico, pasó por la pantalla de otros cines de la época, como el Teatro Cervantes y el Picadilly Cinema


Impresionanante imagen de la sierra albacetense. / Colección Mayte Zapico

Fue la primera película rodada en la sierra albacetense de alcance nacional. El Lobo, basada en el relato del literato Joaquín Dicenta Benedicto y adaptada y dirigida por su hijo, a la sazón, periodista, Joaquín Dicenta Badillo, se rodó en gran parte, en la sierra de Alcaraz, lo que supuso todo un acontecimiento para esa zona de la provincia y, por ende, para la capital albacetense, cuyos cronistas locales no ahorraron halagos al proyecto cinematográfico. Y es que las adaptaciones literarias eran muy frecuentes en el panorama fílmico español del momento.

Bonito paisaje serrano rodado por Dicenta para su película de 1928, aunque estrenada en 1929. / Colección Mayte Zapico

La película, muda, se presentó, en sesión privada, a finales de 1928, según consta en la prensa especializada de la época, aunque su estreno oficial no llegaría hasta un par de meses después, en concreto, el 10 de enero de 1929 en Madrid, en el Cine Avenida.

El recibimiento de la cinta no pudo ser mejor. De hecho, el Semanario Español de Cinematografía La Pantalla, recoge, en su número 46, editado el 18 de noviembre de aquel 1928, un amplio reportaje firmado por el crítico Fernando Roldán. "La producción cinematográfica nacional está de enhorabuena" era la afirmación con la que iniciaba su crónica el redactor, en la que no escatimaba adjetivos positivos para el trabajo de Dicenta hijo. "Reciente aún el éxito de esa otra película nacional que se llama ¡Viva Madrid, que es mi pueblo!... -de temática taurina-, se dispone a surgir a la vista del público y la crítica esta nueva obra cinematográfica, diferente de aquélla en cuanto se refiere a asunto, ambientes y procedimiento, tiene, como aquélla, una virtud inestimable: la de ser totalmente española".

Y es que tanto la temática, como el operador, los actores, los paisajes, los interiores, el laboratorio..., "todo cuanto la compone y todos los que, más o menos directamente, tuvieron intervención en su desarrollo, españoles son, y por serlo, por el esfuerzo que hicieron Ilevando a término feliz tan difícil labor, quiere el cronista rendirles hoy, antes de que lo hagan los demás, el homenaje de su admiración y de su simpatía", aseveraba Roldán.

Pero más allá del reconocimiento personal del periodista, y una vez vista la cinta, el reportaje concluía que la película "no ha defraudado nuestras esperanzas. Todo en ella está a la altura que merece un nombre tan glorioso como el del autor de Juan José (obra teatral de Dicenta)".

La película recoge la historia de El Lobo desde que era un niño hasta que acabó en prisión. / Colección Mayte Zapico

Contaba Fernando Roldán en su amplio reportaje que El Lobo era un "drama ejemplar, rebosante de emoción, de sentimiento y de dolor", que además adquiere en la gran pantalla "una intensidad de arte pocas veces superada en la producción cinematogrática nacional". "No se ha contentado Dicenta (hijo) con adaptar la obra paterna con el cariño y respeto con que sólo él podría hacerlo".

Hay que recordar que la obra teatral narra el último episodio de la vida de El Lobo, un famoso bandido en sus años mozos al que la hija del director de un presidio dio de forma casual un beso, "y el malhechor sabe morir por aquella caricia". Pues bien, la película cuenta la historia del delincuente desde sus primeros pasos de su vida, desde que era niño, cuando fue abandonado en plena sierra -ahí es donde tiene gran protagonismo el paisaje serrano albacetense-, donde le encuentran unos pastores, junto a los que crece y se hace adulto, con todas las aventuras y desventuras que vivió hasta dar con sus huesos en prisión, única etapa que se contaba en la obra teatral.

Parte de la película también se rodó en el penal de Cartagena. / Colección Mayte Zapico

La cinta contó con el beneplácito del Gobierno del dictador Miguel Primo de Rivera, que concedió una autorización casi sin cortapisas para rodar numerosos pasajes de la película en el interior de la cárcel de Cartagena.

Vandel fue el cameraman -operador de cámara- de la película. En poco tiempo se hizo un gran nombre en el mundo del cine después de ser uno de los grandes fotógrafos taurinos de principios de siglo. Esta fotografía se la dedicó a Zapico. / Colección Mayte Zapico

Buena parte del mérito fue del operador Juan Pacheco, más conocido como Vandel, el puertorriqueño que se hizo muy popular en los primeros años del Siglo XX como fotógrafo taurino. Pero a partir de 1924 y hasta su muerte, en 1935, se convirtió en uno de los principales operadores de cámara y directores de fotografía de la cinematografía española de la época, tomando parte en cintas como La historia de un duro (1927), El médico a palos (1926) o El tonto de Lagartera (1927). Falleció durante el rodaje La hija de Juan Simón.

Pablo Zapico fue el actor que encarnó a El Lobo. Según comenta su nieta, Mayte Zapico, fue la única película que protagonizó. Falleció el 1 de abril de 1939. / Colección Mayte Zapico

Respecto al reparto, un actor novel en las lides cinematográficas, Pablo Zapico, fue quien encarnó de forma magistral, según las crónicas, a El Lobo. De hecho, Fernando Roldán escribió en el Semanario Español de Cinematografía La Pantalla que Zapico representó "de manera admirable la figura del protagonista". Pero la cosa no fue fácil hasta dar con el actor, según este periodista. "Desesperado andaba Dicenta con el guión de El Lobo debajo del brazo y con todo dispuesto para comenzar a impresionar la cinta. Pero... ¡le faltaba un actor que reuniese las condiciones físicas necesarias".

Según el particular relato de Fernando Roldán, el propio Dicenta estuvo a punto de renunciar al proyecto, y en una supuesta conversación de café que recogió esta revista cinematográfica, narró como fue la escena del fichaje de Zapico. "¡Se acabó! Renuncio a Ilevar a la pantalla el drama de mi padre. Para hacer El Lobo me falta El Lobo. Nuestros galanes cinematográficos no me sirven. Son muy elegantes, muy guapos, muy fotogénicos, pero... no me sirven. Yo necesito un hombre, un hombre de pelo en pecho, capaz de levantar peñas, de luchar con un lobo, de tirar un caballo por un precipicio, de pelear, dentro de un cabaret, con señoritos y camareros y de echar a los hombres por los aires como si fuesen plumas, de tirarse desde un palco al salón de baile... Y, además, tiene que ser un muchacho que pueda representar 20 años, y luego, 40, y más tarde, 60... En fin, que renuncio a mi empresa".

La película recoge pasajes en el Molino del Batán. / Colección Mayte Zapico

Pues bien, a mitad de charla, según siempre la crónica del periodista de La Pantalla, Dicenta encontró a su protagonista en el salón madrileño mientras confesaba su decepción ante la imposibilidad de rodar la historia escrita por su padre por cuestiones de casting. Allí, el director vio a "un mocetón fuerte como un atleta, vestido todavía de soldado y con una cara en la que los gestos pasaban inconscientemente de la sonrisa ingenua a la expresión altiva y dominante del hombre que, conocedor de su fuerza, parece decir a los que le miran con descaro: ¡Aquí me tienen ustedes! ¡A ver quién se atreve conmigo!...". Y así se supone encontró el realizador a su protagonista, ¿casualidades que tiene la vida? Dicenta planteó entonces a Pablo Zapico su propuesta, quien, se supone, incrédulo por lo sorprendente del ofrecimiento, terminó aceptando. Y fue todo un acierto, según se desprende del texto del crítico de este semanario cinematográfico.

Pero nada más lejos de la realidad. En una entrevista realizada al propio Pablo Zapico, publicada en el semanario Escenarios de Valencia, y firmada por Rafael Martínez Gandía, desmiente cómo fue su contratación, ni tan épica ni tan desesperada. Indicó el actor novel que "eso -en referencia a la crónica de La Pantalla- no es más que un invento de Dicenta para dárselas de descubridor de actores, o para hacer propaganda a la película". La cosa es que Dicenta descubrió a Zapico a través de un conocido común, todos asiduos del mismo café madrileño y de sus tertulias nocturnas. Y según relató el protagonista de El Lobo, fue ese amigo quien le presentó al realizador, y acordaron hacerle una prueba para la película, y de ahí, al rodaje y todo lo demás. Sin duda, una contratación que no fue tan peliculera como narró La Pantalla. Pero sea como fuere, la presencia de Zapico en la película fue todo un acierto, aunque el intérprete no consolidó su carrera en el séptimo arte patrio.

Carmen Rico, coprotagonista de la película. / Colección Mayte Zapico

Junto a Zapico, Carmen Rico, una estrella del momento que participó en numerosas películas de los años 20, cuando el cine todavía no hablaba -El león de Sierra Morena, El tonto de Lagartera, El tren, El cura de aldea...-, y de la que se destacaba su interpretación camaleónica, al pasar de "de la rudeza de la moza nacida en plena sierra, a la pueblerina enriquecida y, al fin, a una belleza de cabaret, cubierta por costosos vestidos y adornada de alhajas".

Pero en la película intervinieron muchos más profesionales, destacando la producción de Ediciones Dicenta y Garcés de Marcilla: la fotografía de Vandel; los laboratorios de Madrid Films, la distribución de la Viuda de E. Fius, y como actores, junto a Carmen Rico y Pablo Zapico, María Anaya, Adolfo Bernáldez, Modesto Rivas, Godofredo Pacheco, Ramón Meca, Amparito Pacheco, Conchita Constanzo, Felipe Fernansuar, Alfonso Reyes, Juan Navarro y Gerardo Cifrián.

Del rodaje se hizo eco, además de publicaciones de tirada nacional, la prensa local y así, El Diario de Albacete, del que era director su propietario, el abogado Ramón García Quijada, publicaba el viernes, 27 de julio de 1928, una amplia crónica sobre la llegada de los equipos cinematográficos a la provincia, firmada por Manuel Játiva Sánchez, de Munera, amigo, por cierto, del realizador.

El periodista, en el reportaje titulado El Lobo, de Dicenta, en las montañas de Alcaraz, contaba la relación que le unía a Dicenta, de sus conversaciones, largas conversaciones literarias y políticas en el Café Colonial de Madrid, y que por la situación del país concluyeron "hasta no sabemos cuándo". Manuel Játiva halagaba el esfuerzo de Dicenta hijo por llevar a la gran pantalla la obra de su padre. "Y a eso ha llegado con una porción de automóviles y artistas a la ciudad de Alcaraz".

"En esos picachos y en esos paisajes de la sierra, olvidados todos y que no envidian en nada a los helvéticos, pueden filmarse películas mejor aún que las norteamericanas. Si tal supiera esa bellísima amazona, que es profesora en el arte de enloquecer a los hombres y que lleva por nombre el precioso de Pola Negri, es casi seguro que vendría a Alcaraz a todo vapor a casarse, a descasarse y a no cansarse fácilmente en las escarpaduras de estas montañas", narraba la crónica del colaborador de El Diario de Albacete.

Bello paisaje de la sierra albacetense en una imagen de la cinta. / Colección Mayte Zapico

A juicio de Manuel Játiva, "bien ha hecho Juaquinito Dicenta al elegir Alcaraz para filmar la obra maestra, consagrada y gloriosa de El Lobo". "Con ello se conseguirán dos fines: dar a la obra adecuadamente el gran relieve artístico que merece y propagar las bellezas de un rincón de una provincia española para que esos patriotas, a tanto la línea, en los ecos de sociedad, que van al extranjero al conocer las bellezas natuales del Cosmos conozcan primero que en los jardines de la emoción y el arte el paisaje de la patria en que nacieron", apuntaba.

A este respecto, un lector de Cuentos de Cine, Antonio Martinez Buendia, apunta que según le contó su abuelo, "parte de esta película se rodó en el paraje de El Hocino, cerca de Salobre. Este paraje se encuentra entre los Baños de Benito y Salobre, donde se estrecha la carretera con el río abajo a la derecha". Dicho queda.

Pero si el estreno madrileño -y por lo tanto, nacional- se llevó a cabo en enero de 1929, unos meses después de su rodaje, su llegada a Albacete no fue nada tardía para los tiempos de corrían entonces. La puesta de largo de la cinta tuvo lugar el jueves, 7 de febrero de 1929, y fue en el Teatro Circo, según atestiguan los dos periódicos locales de la ciudad, tanto El Defensor de Albacete como Diario de Albacete, aunque, todo sea dicho, en el segundo de los rotativos le dieron más cariño, con una crónica a columna en la que se destacaban sin ahorrar adjetivos las virtudes de la cinta de Dicenta hijo. "Hoy, gran jueves de moda, a las seis de la tarde y a las diez de la noche se efectuará el estreno de la hermosa y magna producción española, en tres actos y un prólogo, divididos en nueve partes, titulada El Lobo, adaptación cinematográfica de la grandiosa y popular obra del gran dramaturgo Joaquín Dicenta", decía el rotativo, añadiendo que su exhibición en la capital de España, en su estreno "por espacio de varios días" mereció "el aplauso unánime y los mayores elogios de público y crítica", por la "magnífica" labor de sus intérpretes y por el "emocionante y dramático" argumento.

Recortes de prensa del estreno y reestreno de El Lobo en Albacete.

El estreno levantó una tremenda expectación en Albacete, hasta tan punto que la demanda de localidades para el Teatro Circo era "numerosa". Pero su proyección se limitó a un día, eso sí, con dos pases. Además, el programa incluyó una "graciosa cómica en dos partes".

El Defensor de Albacete, del que era director su propietario, Enrique Ruiz Rosell, fue mucho más escueto en el anuncio de la puesta de largo de la cinta. "En esta película -se apuntaba- se admiran bellísimos paisajes de la Sierra de Alcaraz e interiores del Penal de Cartagena".

No obstante, el largometraje se pudo ver en otras ocasiones en la ciudad; de hecho, casi en todos los cines del momento, puesto que en el Teatro Cervantes se proyectó el 6 de junio de 1930, y según El Defensor de Albacete, su exhibición tanto en Madrid como en otras muchas capitales españolas fue todo un éxito.

Un mes después, otra vez se proyectó en la ciudad, el 12 de julio de 1930, en una sala llamada Picadilly Cinema, presentándose como "extraordinaria superproducción española en dos jornadas titulada El Lobo". Hay que señalar que el Picadilly Cinema se inauguró ese verano en un edificio situado en la confluencia de las calles Mayor y Condes de Villaleal, dedicándose "sobre todo a sesiones de cinematógrafo y, esporádicamente, de variedades", y clausurándose al comienzo de la Guerra Civil, según recogió la investigadora Emilia Ochando Madrigal en su obra del año 2000 El teatro en Albacete durante la edad de plata: (1924-1936).

Al parecer no queda ni una sola copia de la película, de acuerdo con las primeras investigaciones realizadas por Filmoteca de Albacete. Una pena.

Fotografía publicitaria de la película.