El cine fue cosa de alcaldes en Chinchilla de Montearagón

Cabina de proyección del cine Coliseo de Chinchilla, antes, Cinema Gascón. / MANUEL PODIO
Hace más de un siglo, la histórica localidad ya contaba con un cine y teatro en el que se proyectaban películas mudas, pero en el final de los años 40 nacieron dos nuevas salas, Avenida y Gascón, que despertaron el interés de los chinchillanos
El Gascón, con casi 800 localidades, acabó convirtiéndose en el Coliseo, pasando su gestión de Agustín Gascón, alcalde tras la Guerra Civil, a Francisco García de la Encarnación, regidor local tras las primeras elecciones de la democracia
La historia del cine en Chinchilla de Montearagón está rodeada de casualidades. Sin que existiera un plan público ni una estrategia cultural definida, el azar quiso que el principal cine de la localidad acabara estando vinculado a dos personas que, en distintos momentos, fueron alcaldes del municipio. Una coincidencia que ayuda a explicar la importancia que el cinematógrafo alcanzó en la vida social y cultural de Chinchilla durante buena parte del siglo XX.
La Guía de la Industria y el Comercio Cinematográfico en España e Industrias Relacionadas con el Mismo, en su edición de 1925 y editada en Barcelona por Arte y Cinematografía, indica que en Chinchilla de Montearagón, con sus casi 7.400 vecinos y vecinas, ya funcionaba un teatro-cine. Esta circunstancia se repetía en 1935, aunque entonces la localidad contaba con unos 500 vecinos menos.
Sin descartar otras aventuras empresariales en la histórica localidad para atender las necesidades cinematográficas de su población. en 1947 abrió un nuevo cine en Chinchilla. Llamado Avenida, era propiedad de Pedro García y contaba con 350 localidades. Funcionaba los días festivos, según relata el Anuario del Cine Español de 1956, por lo que se entiende que para entonces seguía en funcionamiento, aunque su momento más dulce fue a finales de los años cuarenta.

En los años 20 del pasado siglo ya había un cine y teatro en Chinchilla. / LUIS LLADÓ
Ese cine fue la antesala del que abrió sus puertas dos años después, en 1949, de acuerdo con las fuentes consultadas. Nos referimos al Cinema Gascón, cuyo proyector comenzó a disparar sobre esta nueva pantalla en marzo de 1949. Con sus 800 localidades, prácticamente proyectaba a diario. Detrás de esta iniciativa se encontraba Agustín Gascón Gómez, que fue alcalde de la localidad tras la Guerra Civil, aunque durante la II República ya ejerció cargos políticos de responsabilidad en el Consistorio chinchillano. De hecho, en 1934 ya ejercía como tercer teniente de alcalde y fiscal de la Justicia Municipal.
En diciembre de 1948, según apareció publicado en el Boletín Oficial del Estado, Agustín Gascón Gómez obtuvo licencia para la maquinaria necesaria, en concreto un proyector de fabricación nacional para la exhibición de "películas nacionales y extranjeras". Posteriormente, en noviembre de 1949, consiguió autorización de la Delegación de Industria para la apertura del cine, junto a Manuel Úbeda Montero, contratista —o destajista, según se decía entonces— de obras públicas.


Programa de mano de la película 'Arsénico por compasión' proyectada en el Avenida.
La inversión en el Cinema Gascón fue ingente. Su promotor no quiso escatimar en la sala situada en la calle San Julián, número 3, a escasos metros de la plaza de la Mancha. Sin embargo, el negocio no funcionó como estaba previsto, ya que el Ayuntamiento reclamó en 1951 una deuda de más de 61.000 pesetas en concepto de usos y consumos de lujo. Fue entonces cuando, según el Boletín Oficial de la Provincia (BOP), se publicó la lista completa de los bienes a subastar para compensar los pagos pendientes.
"Consta de vestíbulo de entrada por su fachada principal, desde el que se tiene acceso al escenario y demás dependencias, de patio de butacas y de las localidades de anfiteatro. De otro vestíbulo para acceso a las localidades de general, que tiene su entrada por la fachada posterior, que da a la calle del Arco, y sobre este último vestíbulo, la cabina de proyección".
"Su capacidad es de 400 butacas de patio y 400 butacas entre el anfiteatro y la entrada general. En ambos vestíbulos se halla instalado el servicio de wáter para ambos sexos, así como taquillas para las dos entradas, escaleras para las localidades superiores y en estas últimas se halla instalado un bar-salón".
La tasación que se realizó del inmueble, una vez deducidas las cargas a liquidar, fue de 270.000 pesetas. Por una carambola hipotecaria, la sala pasó a manos de Ernesto García García, que se convirtió en su nuevo dueño. De hecho, consta una petición en 1960 para la renovación del equipo de proyección.


Otro programa de mano del Cine Avenida.
Es en ese momento cuando entra en escena Francisco García de la Encarnación, quien, con apenas 18 años, se hizo cargo de la gestión del cine por encargo del nuevo propietario. Con él, la sala ya se llamaba Cine Coliseo. En el Anuario del Cine Español de 1968 se explica que el Coliseo funcionó durante 95 días, lo que da una idea de su actividad en aquellos años.
El encargo de Ernesto García
Este cine fue la vida de Francisco García de la Encarnación, quien ejerció además como alcalde tras las primeras elecciones democráticas municipales de 1979. Según relató, desde que recibió el encargo de Ernesto García García trabajó duro por mantener la sala abierta, un largo periodo en el que fue necesaria la instalación de una enorme caldera para que el público no pasara frío, así como la adquisición de un equipo de sonido de excepcional calidad.
Durante años, en su cabina de proyección, como si esperara una última función, descansaba una vieja OSSA 60 A, un proyector de "primera clase" que atestiguaba la categoría que llegó a tener este recinto. Con sus cientos de localidades, el Coliseo no solo fue importante para el pueblo, sino que convirtió a su propietario en el representante de todos los exhibidores albaceteños a nivel nacional.

El cine Coliseo de Chinchilla cuando ya estaba cerrado. / MANUEL PODIO
Sin embargo, el paso del tiempo y la llegada de nuevas formas de ver películas —una televisión cada vez más competitiva o el cine servido por los videoclubs en formato VHS o o vaya usted a saber— tornaron la vida de los cines en una odisea de amargo final. Tras el cierre de sus puertas como sala comercial en torno a 1986, Chinchilla se quedó sin cine permanente, aunque la sala funcionó de forma esporádica como teatro.
De cine a pub
Durante años se ha especulado sobre su destino más allá del cine. De hecho, el edificio llegó a funcionar como pub, bajo el nombre de Fila 9, y ha salido a la venta en diversas ocasiones. Una de ellas fue en el verano del año 2000, cuando se colocó un cartel con la leyenda Se vende. Entonces se valoró en 180.000 euros, 30 millones de pesetas de la época, incluido el edificio de la calle San Julián y sus más de 500 metros cuadrados.
Así lo contó el propio García de la Encarnación en agosto de 2000 en el diario La Verdad de Albacete, relatando casi 40 años de historia como responsable del Coliseo. Pero entonces, y todavía hoy, su valor económico palidece frente al valor sentimental que encierran sus muros. Por su empaque, este gran cine bien podría haber estado en cualquier capital de provincia.
Tras las diversas aventuras cinematográficas en Chinchilla de Montearagón, los vecinos y vecinas de la histórica localidad —que llegaron a disponer de su propio cine club, nada más y nada menos que en homenaje al director Elia Kazan— se han tenido que conformar, que no es poco, con las proyecciones estivales en el claustro del antiguo convento de Santo Domingo, en El Cañaveral o, en otros momentos del año, en el propio auditorio Constantino Romero. Pero nada como aquellas míticas salas, como el Avenida o el Cinema Gascón, después Coliseo.
Eran otros tiempos.
Fundido en negro.
