Cómo el ascensor impulsó el crecimiento vertical de Albacete
El Gran Hotel, la Casa de Juan López y el Pasaje Lodares fueron algunos de los primeros inmuebles del ciudad en incorporar ascensor en las primeras décadas del siglo XX
Tras el edificio Legorburo, en los años sesenta surgieron los primeros rascacielos, como Covirco, La Pajarita o el Forestal 1, marcando el salto definitivo hacia la ciudad vertical
Empresas como Boetticher y Navarro o Jacobo Schneider se encargaron de las primeras instalaciones, mientras que los bancos Peninsular y Nacional facilitaron su expansión mediante créditos

Edificio Legorburo, uno de los primeros rascacielos de Albacete.
Uno de los avances que trajo el nuevo urbanismo, las construcciones verticales, fue el ascensor, esa máquina que nos permite subir numerosos pisos sin cansarnos un ápice. Pero no es un invento de anteayer, sino que su historia se remonta a miles de años. Sí, porque en Egipto y Greciaya existían plataformas elevadoras; eran de madera, movidas con cuerdas y poleas, y servían para transportar piedras y materiales pesados. Herón de Alejandría, en el siglo I a.C., describió máquinas elevadoras con contrapesos… pero que no estaban pensadas para que subieran personas. Eran ingeniosas, pero peligrosas.
Ya, en la Edad Media, los ascensores eran más bien 'trampas de madera' usadas en castillos, monasterios y minas. Se levantaban cargas con fuerza humana o animal. En España también se utilizaban sistemas de poleas y contrapesos en castillos y palacios, pero nada parecido al ascensor moderno que conocemos.
Todo cambió con la Revolución Industrial. Las ciudades comenzaron a crecer verticalmente y se necesitaba una forma segura de subir. En 1853, en la Feria Mundial de Nueva York, un ingeniero llamado Elisha Otis presentó su 'ascensor de seguridad'. Su invento incluía un freno que se activaba si la cuerda se rompía. De repente, la gente confiaba en el uso de un elevador y mirar por la ventana mientras subía.
Tras esos usos experimentales, en 1857, unos grandes almacenes de Nueva York, situados en el barrio de Broadway, fueron los pioneros en la instalación de un ascensor comercial. Luego, como era de esperar, en Europa, Londres y París se apuntaron a esa moda en hoteles y grandes almacenes.
En nuestro país, el primer ascensor se instaló en la calle Alcalá de Madrid, en pleno centro de la capital española, concretamente en el número 5. A día de hoy, tanto el ascensor como el edificio no existen porque este último pereció bajo las bombas de la Guerra Civil.


Ambas empresas se instalaron en la ciudad en los primeros años del pasado siglo.
¿Y en Albacete? Cuestión compleja de determinar. Y sin descartar usos anteriores, nos centraremos en un momento clave de la historia de nuestra ciudad, las primeras décadas del siglo XX, cuando la imagen de Albacete cambió, incorporando el modernismo y la verticalidad a su arquitectura, y con ello, las nuevas comodidades y el lujo a los edificios que se levantaban en la calle Ancha y su entorno.
Aunque Albacete es conocida como el Nueva York de la Mancha, como la calificó Azorín, no fue por la altura de sus edificios, sino por la iluminación que el escritor admiraba desde sus viajes en tren: luces de industrias y casas que dibujaban un paisaje brillante en la llanura manchega.


Postal y fotografía del Gran Hotel. / Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla
y Fondo Fotográfico Luís Escobar
Gran Hotel, entre los pioneros
Entre los primeros edificios que surgieron para incorporarse por necesidad a la moda del ascensor destaca el Gran Hotel, uno de los símbolos más representativos de la ciudad y, sin duda, única empresa que ha permanecido a lo largo de sus más de cien años en el mismo lugar y con idéntica explotación comercial con la que fue creada, como nos recuerdan las publicaciones del Archivo Histórico Provincial.
El caso es que fue proyectado en 1915 por el arquitecto Daniel Rubio por encargo del terrateniente y alcalde de la ciudad hasta en dos ocasiones, Gabriel Lodares Lossa.


Planos del Gran Hotel.
Los planos que conserva el Archivo Municipal de Albacete indican que nació con ascensor, con su maquinaria en el sótano, y con paradas en su planta baja y restantes cuatro pisos. Se inauguró en 1917 como un hotel moderno al estilo de los lujosos establecimientos de las principales capitales españolas, como Madrid, Barcelona o San Sebastián, o de otras ciudades europeas. Y, de hecho, se dio de alta en la contribución industrial y de comercio el 1 de septiembre de ese año, en el prólogo de la Feria, como no, y lo hizo como fonda, café y restaurante.
Su primer empresario fue Federico Sánchez Maniero, que se encargó de darle difusión en la prensa a lo grande, anunciando su puesta en marcha para el primero de septiembre para que tanto los albaceteños como quienes nos visitaran encontraran, con motivo de la Feria, todas las comodidades de un "hotel de primer orden (...) Con cocina francesa y española". Ese mismo año, además, se inauguró la nueva plaza de toros. De nuevo, toros y Feria, de la mano.
Y más de una década después, la gestión recayó en unos prestigiosos hoteleros de Alicante, la familia Elordi, que anunció a partir de enero de 1929 que se hacía cargo de este establecimiento, manteniendo, eso sí, su hotel en la ciudad costera, el Reina Victoria.


Del establecimiento albacetense destacaba que estaba dotado de 80 habitaciones con capacidad para 110 camas, aseos en todos los pisos, habitaciones con baño, ascensores, agua caliente y fría en todos los cuartos, calefacción constante, vestíbulo central suntuoso, cena y gran café en los bajos amenizada por una estupenda orquesta.
Casa de Juan López Jiménez
Muy cerca de allí, en la calle Marqués de Molins, esquina con Concepción, en el número 13, quien fuera potentado empresario y hasta alcalde de la ciudad, Juan López Jiménez, levantó su nueva casa en base al proyecto elaborado en 1923 por los arquitectos Julio Carrilero y Manuel Muñoz. Un edificio conocido como Casa de Juan López y más popularmente como Edificio Banesto, porque en sus bajos, durante años, funcionó la sede del Banco Español de Crédito.
Pues bien, ese edificio también decidió colocar un ascensor. Y así lo atestiguan los anuncios que se publicaban en la prensa de profesionales y comerciantes instalados en esta bella construcción, dotada de una planta baja, un entresuelo, dos pisos principales, otro subsidiario o ático y un sobreático de servicio.
La licencia fue concedida al otrora primer edil en mayo de 1923, y su promotor tuvo que pagar 950 pesetas en impuestos al Consistorio.

Casa de Juan López. / Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla
Una de sus inquilinas con mayor glamour fue Teresina Dumont, que se dedicaba al negocio de la sombrerería, importando su colección desde las ciudades y los diseñadores más importantes del momento. Hasta ese momento, utilizaba una habitación del Hotel Regina del actual paseo de la Libertad para sus presentaciones. Además, Teresina, nacida con el inicio del siglo XX, se anunciaba en la prensa con cierta frecuencia, informando de su reciente llegada de París cargada con las últimas creaciones francesas, a exponer en su domicilio, en el número 13 de la calle Marqués de Molins, cuarto piso. Y dejando claro que había ascensor.
En plena Feria de 1926, se publicitaba en estos términos.
TERESINA. Sus sombreros son la suprema elegancia, distinción, buen gusto, y verdadera moda. Siempre últimas creaciones. Marqués de Molins 13 (hay ascensor).
Grandes novedades de París para la próxima temporada.

Proyecto de la Casa de Juan López. / Archivo Municipal de Albacete
Pasaje Lodares y Don Dólares
Y otro de los primeros edificios en disponer de ascensor fue el Pasaje Lodares, proyecto también del acaudalado Gabriel Lodares Lossa. Un complejo comercial y de viviendas de alquiler con el que su promotor quiso que la ciudad pudiera competir en cuanto a galerías comerciales con cualquier capital española o europea.
Don Dólares, como era conocido en determinados círculos el empresario y político conquense porque todo lo que tocaba se convertía en dinero, demolió una vieja vivienda propiedad de la familia para levantar la que ha sido bautizada como una de las calles más bonitas de Europa.
"El edificio constará de las siguientes plantas: sótano, baja, entresuelo, principal, segunda y tercera. Esta última, habitable en parte solamente. Cada planta, excepción hecha del sótano y bajo, se distribuirá en cinco viviendas", se explicaba en la propuesta arquitectónica, en la que se añadía que los materiales a emplear serían piedra, ladrillo, cemento, hierro y madera.


El Pasaje Lodares, al poco tiempo de ser concluido y sus planos. / Antonio Passaporte (Archivo Lotty MCU) y Archivo Municipal de Albacete
La obra generó unos impuestos de 1.847,65 pesetas, a liquidar por el promotor, y el proyecto recibió el visto bueno del Ayuntamiento en abril de 1926, tras el informe elaborado por el arquitecto municipal, Julio Carrilero, quien solo hizo observaciones respecto a la alineación de las fachadas.
En 1927 se implantaron los primeros comercios, entidades, negocios y profesionales en el edificio. Fue cuando llegaron las peluquerías de Teresa Molina y el Salón Americano, cuando un corte de pelo costaba una peseta; el Círculo de Bellas Artes; la floristería El Jardín de Niza; Las Cataratas, especialistas en artículos eléctricos; la Asociación de la Prensa de Albacete; el abogado y escritor José S. Serna y el también letrado y diputado de la Unión Republicana Maximiliano Martínez Moreno, junto con notarios, médicos y otros profesionales de todo tipo y condición.
Y precisamente, en marzo de 1930 se anunció en el Defensor de Albacete la instalación de ascensores para llegar a estos despachos profesionales.
Los montacargas
Y así fue como la ciudad se fue poblando progresivamente de ascensores y de sus hermanos pequeños, los montacargas, que dieron algún disgusto en los años 30. Bueno, más que disgusto, puesto que protagonizaron las páginas de sucesos de la prensa local y más allá.
Defensor de Albacete informó el 22 de abril de 1935 de un suceso. En una vivienda de la calle Mayor, y en el interior del montacargas, se encontró el cadáver de un hombre llamado Isidro, dependiente de una sastrería. Resulta que el empleado en cuestión salió el 8 de abril a cambiar un billete de 100 pesetas. Y las fuerzas del orden y los siempre incisivos periodistas supusieron que, cumplida su misión, Isidro sufrió un desvanecimiento y cayó al fondo del montacargas, donde su cuerpo sin vida permaneció al menos dos semanas. Eso sí, en el bolsillo se encontraron los 20 duros. Pero en el aire quedaron varias dudas: ¿Se cayó utilizando el montacargas? ¿Es que no había ascensor?
Los bancos ven negocio
Los bancos comenzaron a ver en los ascensores un lujo, sí, pero también un negocio. Y por eso, en ese final de década y primeros años 30 se lanzaron a conceder créditos para la instalación de estos artilugios… Y como ejemplo, este anuncio publicado en la prensa local del Banco Peninsular:
Propietarios. Aumentad vuestra renta elevando uno o dos pisos en vuestras fincas, cuyo importe cobraremos en pequeñas cuotas mensuales que pueden salir del mismo aumento de renta.
Efectuamos también toda clase de construcciones, ascensores, calefacción, cuartos de baño, etcétera.
Enormes facilidades de pago.
Informes, delegación del Banco Nacional, calle de Salamanca número 11.
Proyectos y presupuestos gratis.
O se buscaban representantes para las empresas instaladoras:
Representante. Lo solicita para esta plaza la Sociedad Anónima Construcciones Preckler de Barcelona. Ronda Universidad 14. Casa especializada en fumistería, calefacciones, termo-sifones, ascensores, construcciones metálicas… Escribir indicando referencias…
O este otro anuncio del Banco Nacional, con sede en la calle Salamanca número 11:
¡Todo a plazos! Usted mismo, con nuestro cheque, obtendrá a precios de contado, trajes, vestidos, ropa blanca, pieles, mantas, colchones, piezas de tela, géneros de punto, paraguas, sombreros, alhajas, óptica, maquinaria industrial y agrícola, gramófonos, pianos, automóviles, motocicletas, instalaciones de tiendas, ascensores, calefacción, decorados de casas y cuanto produce el comercio y la industria, pagándonos luego a nosotros en 10 ó 12 plazos. Todo el mundo puede pedir nuestros cheques. Basta con llenar un pequeño impreso del Banco Peninsular, en su delegación de Albacete, Don Rodolfo Martínez Acebal. Calle Mayor 53.


En 1935 se instaló en Albacete una delegación de la prestigiosa empresa Boetticher y Navarro -Calefacciones / Ventilaciones / refrigeraciones / saneamientos / ascensores / montacargas / escenarios móviles / telones metálicos-, aunque su sede principal estaba en el número 67 de la calle Zurbano de Madrid, los albaceteños interesados en sus servicios debían acudir a la calle Abelardo Sánchez 33, donde la compañía disponía de su propio montador.
Otras empresas llegaron con el paso de los años, como la delegación local de Jacobo Schneider, especializada en saneamiento, calefacción y ascensores, y cuyo representante era Antonio Alcaraz Núñez, con su oficina en Martínez Villena 11. Uno de sus representantes, Walter Frei, abrió el camino a la compañía con visitas a nuestra capital.
Llega Legorburo
Precisamente en 1935 arranca el proyecto de una de las construcciones más emblemáticas de nuestra capital, el edificio Legorburo, obra de los arquitectos José Luis García Pellicer y Baldomero Pérez Villena, y que se encuadra dentro de un estilo cubista y racionalista.
Se trata de un pequeño rascacielos de nueve plantas, incluidos los sótanos, que junto con la baja y el entresuelo ha acogido históricamente un comercio, y cuya reapertura está todavía pendiente. Las restantes seis plantas están dedicadas a viviendas, y entre los servicios del edificio, un montacargas y un ascensor, que según la memoria del proyecto, venía a completar una red de escaleras.



Planos del Edificio Legorburo. /Archivo Municipal de Albacete
El edificio generó unos impuestos municipales de más de 2.000 pesetas, aunque los promotores, Hijos de José Legorburo, se beneficiaron de la Ley Salmón, nombre con el que se conoce a la normativa del 25 de junio de 1935, con la que el Gobierno de la II República aspiraba a luchar contra el paro obrero fomentando la creación de viviendas de alquiler, y de otra ley, esta de 1895, de mejora de saneamiento o de mejora interior de poblaciones, lo que le ahorró a la familia en cuestión el pago de la licencia de obras. Pero para no hacer frente a este tributo, el edificio debía estar finalizado antes del 31 de diciembre de 1936, circunstancia que no se dio a causa de la Guerra Civil. De hecho, los últimos retoques se le dieron en 1943, cuando se colocó el pavimento de mosaico que entrada a la histórica ferretería y bazar.

Las Brigadas Internacionales desfilan por la calle Ancha. Al fondo de la imagen se puede comprobar que el edificio Legorburo no está terminado. / Cedobi
Durante años, fue el único rascacielos de Albacete. Ya, en 1964 se levantó el edificio Covirco, una iniciativa de la Cooperativa de Viviendas de la Agrupación Sindical de Representantes de Comercio. Fue diseñado por el arquitecto Antonio Pascual Molina y cuenta con más de un centenar de viviendas distribuidas en un bloque de 13 plantas.


Planos de La Pajarita y Covirco. / Archivo Municipal de Albacete
Posteriormente se construyó el complejo de La Pajarita, promovido por el empresario Policarpo Tornero, quien destinó a este proyecto el dinero que le tocó en la lotería. El conjunto se levantó sobre los terrenos de la antigua fábrica de chocolates del mismo nombre y alberga más de 450 viviendas, distribuidas en varios bloques, uno de los cuales alcanza los 20 pisos.
Después llegó el Edificio Forestal 1, en la plaza Benjamín Palencia. Esta obra fue una iniciativa de la Cooperativa Forestal y estuvo a cargo de Manuel Carrilero de la Torre y Antonio Pascual Molina. Con 19 plantas, el proyecto es de 1968 se convirtió en una de las construcciones más altas y representativas de la ciudad, y sigue siéndolo.
Durante años, estos rascacielos dominaron el skyline de Albacete, donde no abundan edificios de gran altura. Sin embargo, el récord lo ostenta el Centro de Interpretación del Agua de Albacete (CIAB), ubicado en el depósito elevado de la Fiesta del Árbol. Con más de 70 metros, está considerado el edificio más alto de Castilla-La Mancha y alberga el ascensor más elevado de los aproximadamente 8.000 que existen en la provincia, más de la mitad en la ciudad.

Instantáneas de la construcción del Depósito de la Fiesta del Árbol, ahora, CIab.
