El cine en mangas de camisa

23.03.2020

La pantalla del Avenida se renovó en 1955 y era la más grande de España en ese momento. / FRANCISCO PINEDA LÓPEZ


La capital albacetense ha contado a lo largo de los años con numerosos cines de verano, aunque el más popular durante décadas fue el Avenida, de José Pérez García


El cine no entiende de meteorología. En verano o invierno, siempre es un buen momento para acudir a una sala cinematográfica y contemplar el estreno del momento o a la estrella de moda. De aquí o de allá. Pero el cine al fresco, en mangas de camisa, siempre es una alternativa para el ocio cuando la canícula aprieta. Desde hace años, el Ayuntamiento de Albacete recuperó el cine de verano, y como sala, el Parque de Abelardo Sánchez. Y desde hace menos tiempo, la Diputación Provincial quiso sacar provecho a ese céntrico jardín que atesora el Chalé Fontecha, y junto con Abycine, programa un ciclo más que interesante.

A los albaceteños siempre le gustó el cine de verano. El historiador Francisco Fuster recuerda en su libro 'Historia del Teatro en Albacete' que muchos de estos recintos que se iban construyendo para proyectar cine al aire libre se abrían y cerraban con la misma celeridad, «ya que la frialdad de las noches albacetenses, aún en la temporada de verano, les impedía tener una vida económica duradera. Con nuestro clima lo mejor eran los locales cerrados, y con buena calefacción para las temporadas invernales».

Como ya recogiera el libro 'La aventura del cine' -de Jesús García Rodrigo y José Fidel López-, uno de los primeros locales de verano que proyectaron cine fue el Magik Park, construido a principios del verano de 1915 en un solar del Paseo del Istmo -en la zona del actual Parque Lineal- por Emilio Colomer y Ramírez de Arellano. Allí, hasta el verano de 1919, año de su cierre, se alternaron todos los géneros teatrales, veladas cinematográficas combinadas con varietés, conciertos de música, circo, zarzuela y hasta combates de boxeo.

Un año antes de inaugurarse el Magik Park, en 1914, ya había estado en Albacete el precursor del cine de verano, el señor Requena. El desaparecido crítico cinematográfico José Antonio Tendero consideraba que «sería injusto hablar del cine de verano, del cine en la Feria, sin recordar al cine Requena, una gran barraca, un destacado pabellón que, con perseverancia, se instaló en el paseo (de la Feria) durante muchos años. Su entrada, que tenía mucho de barroco retablo, tenía un friso de figurillas de madera que componían una orquesta. Permanente labor de difusión del cine la de aquel exhibidor valenciano, cuyo apellido daba nombre a su negocio, en el que involucró a toda su familia y uno de cuyos hijos estableció en la calle Concepción el Central Cinema, - después Cine del Productor-, un local que se acreditó con rapidez y con todo merecimiento».

Nuevas salas

Los años 1918, 1919 y los primeros años 20 fueron buenos tiempos para el cine Requena, donde abundaban los chiquillos que agotaban las localidades de «silla y general». El 6 de agosto de 1922, el semanario Albacete'destaca que «se nos ha asegurado que este año viene el señor Requena dispuesto a echar la casa por la ventana y dará funciones extraordinarias los jueves titulándolos 'de moda', proyectando películas de finas marcas italianas y francesas».

La empresa funcionaba tan bien que pronto surgieron rivales que, no sólo quisieron compartir el pastel de Requena, sino arrebatárselo de la boca. Ese mismo año 1922 la prensa local de Albacete denuncia las presiones a la corporación municipal del empresario albaceteño Serna -arrendatario del Teatro Circo-, para que no se autorizara la instalación del cine Requena. A pesar de la polémica generada, Requena pudo volver a colocar su cinematógrafo.

Del Cine Moderno apenas hay fotografías. La mñas conocida, de Jaime Belda, se ha hecho esta reconstrucción. Era un corralón manchego en plena plaza del General Espartero, hoy en día, Altozano. Este cine apenas funcionó un par de veranos.

El Defensor de Albacete daba a conocer en el verano de 1927 la programación de dos clásicos cines de verano de la capital.

El Cine Sport Patines se abrió en 1918 en la calle Saturnino López, 33. Como sucedió con sus antecesores, allí se ofrecían lo mismo funciones de cine, varietés, o verbenas populares. Estaba regentado por Pedro María Jiménez de Córdoba y fue conocido, popularmente, como el cine Sport Patines. Y es que los espectáculos comenzaron siendo completamente gratis para el público que adquiría su localidad para patinar.

También en 1918, el domingo 26 de mayo, abrió sus puertas el Cine Moderno, en el número 1 del Altozano, entonces Plaza del General Espartero. Según cita Fuster, «estaba justamente al lado de la aristócrata mansión del Conde de Villaleal, destruida en 1920 por reformas urbanísticas que, sin duda, acabarían también con la vida de este local».

Los espectadores agradecían esta continúa aparición de nuevas empresas dedicadas al espectáculo y que en él incluyeran al cine. Prueba de este pugilato es que el 15 de julio de 1922 vuelve a instalarse en el Paseo del Istmo un cine de verano. En esta ocasión su titularidad es pública y, por tanto, se da gratuidad a las proyecciones que ofrece.

Terraza Buenos Aires, el actual colegio San Fernando, en el Parque, que combinaba la hostelería con el cinematógrafo. / FONDO JULIAN COLLADO

Una larga lista

Otros cines como el del Parque, Palacio del Sol, Paseo de la Cuba, Terraza Buenos Aires, el Azul, o los dos cinemas Cervantes, uno situado en Teodoro Camino y otro en la calle Feria y explotado por la empresa Pérez García, se suman a la larga lista de cines ocasionales de verano que, con más o menos fortuna, hicieron en esas épocas estivales su agosto con un negocio sin demasiados riesgos dada la prolongada temporada vacacional y la escasez de espectáculos en la ciudad por esas fechas.

En la confluencia de las calles Rosario con Dionisio Guardiola, frente a las Escuelas, el domingo 25 de junio de 1944 abría sus puertas otro cine de verano, la Terraza Maricel. Éste curioso nombre responde a que sus propietarios se llamaban María y Celestino. Después de dos días de pruebas y con un buen aparato sonoro, el éxito acompañó a la primera sesión con la película La Gornarina, de Walter Lazzaro y en la que se narraban aspectos de la vida del pintor Rafael. Montaje sencillo el de la Terraza Maricel que, sin embargo, no impidió que colgara en esta su primera proyección el cartel de «no hay billetes».

Más esporádico resultó el Teatro Wandem, instalado en un solar de la calle San Antón el sábado 28 de junio de 1952 y que en su primera proyección a las once de la noche ofreció la película Los novios de mis hijas a las once de la noche al precio de 6 pesetas el sillón numerado y 3 la general.

El cine 'taurino'

También en la Plaza de Toros se veía cine de verano por las noches. Pantalla curiosa ésta, ya que la sábana blanca que se colocaba en el ruedo permitía ver la película por delante y por detrás al transparentarse. Generalmente fue el empresario Luis Martínez Sánchez -arrendatario también del Teatro Circo-, quien se hizo cargo de las proyecciones en la plaza de toros, con alguna excepción. En la temporada 1949-50 el Albacete Balompié asciende a la Segunda División. Tras el consiguiente jolgorio, la junta directiva comprende el compromiso real de éste éxito deportivo y las dificultades económicas que les va a suponer. Así, antes de iniciarse el nuevo campeonato de liga, la directiva del Albacete consigue el arrendamiento de la Plaza de Toros durante ese verano para poder proyectar cine y recoger fondos para nuevos fichajes del club estableciendo una única función a las diez y media de la noche con precios de dos pesetas la silla y una la general.

Años después, en los ochenta, la empresa Salzillo intentó poner de nuevo en marcha la tradición de proyectar cine en la Plaza de Toros durante el verano, pero la circunstancia de que el recinto estuviera arrendado por el ayuntamiento a unas segundas personas les hizo desistir en su propuesta.

Durante las ediciones de la Feria de 1951, 52 y 53 la Embajada de los Estados Unidos, invitada a participar en el evento más importante de la ciudad, instala sus propios pabellones en el recinto donde además de dar cuenta de su comercio o agricultura con exposiciones y maquetas, coloca pantallas cinematográficas que proyectan curiosos documentales sobre la vida económica, social, laboral o cultural de los americanos, permitiendo al público, a través de un avanzado dispositivo automático de botones, hacer funcionar las máquinas contemplando los cortometrajes que les interesaban.

Interior y exterior del Cine Avenida, entre las calles Pérez Pastor y Blasco Ibáñez. / FOTO ANTONIO SÁIZ

Cine Avenida, la sala de verano por excelencia de la ciudad

Del verano de 1951 datan las primeras proyecciones de otra sala de temporada en la ciudad, el Avenida, y que funcionó 25 años para ser demolido en febrero de 1976 y levantar en su solar un bloque de viviendas.

Iniciativa, como no podía ser de otra forma, de José Pérez García, la primera ocasión en la que se inserta en la prensa local, en el diario Albacete, la cartelera del Avenida fue el viernes, 22 de junio de ese año 1951. Esa jornada inaugural proyectó a las 11 de la noche uno de los grandes clásicos del cine negro, Mentira latente (No Man of Her Own), del director Mitchell Leisen, con Barbara Stanwyck, John Lund, Jane Cowl, Phyllis Thaxter, Henry O'Neill, Lyle Bettger y Richard Denning en los principales papeles.

En esos días funcionaban en la ciudad Capitol y Teatro Circo, los fijos, pero además los cines de verano. Junto al Avenida, Cine Azul, Cervantes y Plaza de Toros,

El Avenida, diseñado por el popular arquitecto que llegó a ser alcalde, Carlos Belmonte, dispuso con el tiempo de la pantalla en sistema Cinemascope más grande de España. Colocada en julio de 1955, se estrenó con la película Retaguardia, producida por la Warner Bros, que también lanzaría el cine tridimensional con gafas polarizadas -que se pudo disfrutar en esta sala de temporada- y con un sonido estereofónico que se oía por primera vez en Albacete. Uno de sus proyeccionistas más populares fue Francisco Pineda López.

El fresco albaceteño

Su hijo, Miguel Ángel Pineda, que también proyectó alguna temporada en este cine estival, recuerda que los pases dobles eran, en determinadas ocasiones, difíciles de sobrellevar. "Ya se sabe cómo es el fresco albaceteño en verano", explicaba el popular Chopi, que se refería, además a las películas que se pasaban por esta pantalla. "Eran las mismas que en el resto de cines de Pérez García, iban rotando".

También su cantina era muy popular, y pasados los años, Pineda señala que a veces, el intermedio entre película y película se alargaba más de la cuenta para que el hostelero pudiera hacer negocio, aunque eran mayoría los espectadores, familias enteras, las que se llevaban sus propios bocatas. No estaba la economía para muchos excesos. Es indudable que las imágenes que han sobrevivido al paso de los años nos aportan recuerdos imborrables, tanto como las películas que por esa enorme pantalla pasaron, y para cuyas sesiones había dos precios, preferencia, dos pesetas, y general, una pela

De este cine escribió el periodista y crítico cinematográfico Demetrio Gutiérrez Alarcón, que "aunque, como puede suponerse un local descubierto no es el adecuado para el logro perfecto de la acústica, hemos de reconocer que la ingeniosa instalación de altavoces en distintos lugares de la sala suplen estos inconvenientes". Otro de los grandes periodistas albaceteños dijo del Avenida que fue la "culminación" de los cines de verano albaceteños, "uno de los más completos del país en aquel momento, con pantalla gigante para el Cinemascope y un equipo de sonido espectacular", atreviéndose con las tres dimensiones, "todavía muy poco experimentada, y el reparto de gafas fue una fiesta".

El concurso del 'Avenida'

Pero, además, el Avenida acogía un singular concurso: ¿Quiere llegar a estrella del teatro o del cine?, un festival que se realizaba durante los meses de julio, agosto y septiembre y en el que aparecían figuras que sabían cantar, bailar, recitar o parodiar.

Entre los triunfadores se repartían 5.000 pesetas y el compromiso de la organización de publicar sus fotos en un diario nacional. Entre esas 'jóvenes promesas' del espectáculo figuró como gran recitador el que fuera cronista de la ciudad, Francisco Ballesteros, ya fallecido.

Alzado del cine Avenida por Blasco Ibáñez.
Alzado del cine Avenida por Blasco Ibáñez.
Alzado del cine Avenida a Pérez Pastor.
Alzado del cine Avenida a Pérez Pastor.

Gran Pabellón

Entre los años 70 y principios de los 80, en el número 97 del Paseo de la Feria, funcionó el cine de verano Gran Pabellón, instalado por Vicente Haya y que durante los días de Feria sustituía el cine por espectáculos y actuaciones. 

Al Gran Pabellón acudían chavales ávidos de aventuras del Oeste, con proyección de películas de serie B, o de artes marciales. Las pipas formaban parte de la banda sonora de una sala esporádica que tenía mucho tirón.

También se proyectó durante varios años cine de verano en la Caseta de los Jardinillos. Fue en 1989 cuando surgió la idea y el Ayuntamiento organizó las sesiones bajo el lema Este verano al cine.

Plano y fachada del cine Gran Pabellón, en el paseo de la Feria, del que fue promotor el empresario Vicente Haya Valero. / AHP ALBACETE Y ADELI HAYA VALERO (FILMOTECA)

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