La 'generalísima' se dejó caer por el rodaje en Albacete de 'La venganza'

30.01.2021

Juan Antonio Bardem rodó en el verano de 1957, y durante 20 días, en la provincia parte de la primera película española que optó a los Oscar 


Carmen Polo de Franco se trasladó a Albacete para asistir a la boda del marqués de Paúl, circunstancia que aprovechó para interesarse por la película del director madrileño


La capital y Minaya fueron los escenarios escogidos en tierras albacetenses para la grabación de buena parte de la cinta, un trabajo muy accidentado

Albacete ha sido tierra escasamente pródiga en rodajes cinematográficos, y entre ellos, La Venganza, de Juan Antonio Bardem, película de cuyo estreno por las salas cinematográficas españolas se cumplieron 60 años en 2019. Y, ¿porqué Bardem optó por La Mancha para el rodaje en 1957 -y producida en 1958- de esta cinta? Obvio: la película era un drama rural que requería de paisajes áridos, llanos, radicales, y los responsables de la producción los encontraron en estas tierras cervantinas.

El elenco, un puñado de los mejores intérpretes del momento, desde Carmen Sevilla a Raf Vallone, pasando por Jorge Mistral, José Prada, Manuel Alexandre, Louis Segnier... Además, fue la primera cinta española nominada al Oscar como Mejor Película de Habla No Inglesa, y en Cannes se llevó el Premio de la Crítica Internacional, todo ello en 1958.

La historia cuenta cuando Juan -interpretado por Jorge Mistral- regresa al pueblo tras estar encarcelado 10 años por un asesinato que no cometió. A su vuelta, junto con su hermana Andrea -que encarnó Carmen Sevilla- deciden vengarse de quien consideran que es el culpable de la desdicha familiar, y que no es otro que Luis El Torcido -Raf Vallone-; así, los hermanos se incorporan a una cuadrilla de segadores en busca de jornales por los campos de Castilla y cuyo jefe es su adversario.

La película se estrenó en la sala Rialto de Madrid el 16 de febrero de 1959, y se rodó en diversas localidades, desde Minaya y Albacete en la provincia; a Manzanares, Membrilla, Alhambra, en Ciudad Real, pasando por Mota del Cuervo y Las Pedroñeras, en Cuenca; El Toboso, en Toledo; Sabiote, en Jaén, y Loeches y Torrelodones, en Madrid.

Según recuerda María Jesús Garcés Sánchez, en su interesante trabajo Panorama del cine español, años 50, la película «sufrió hasta la prohibición de su título original -Los segadores-, la traslación temporal de la acción -de la actualidad del momento a los años 30- y la amputación de diversas secuencias y diálogos, quedó privada de un modo prácticamente total de su sentido político... A los censores no les gustaba Los segadores, no fuera a sulfurar a los catalanes». Tampoco le convencía al régimen que la acción se desarrollara en aquellos años 50, «y la trasladaron a 1935, antes de la denominada cruzada, cuando todos los males eran posibles».

Es curioso que le pusieran La venganza cuando precisamente la película trataba de abogar por la reconciliación nacional. Hacía 20 años que la Guerra Civil había acabado, y los derrotados, como el propio director Juan Antonio Bardem, «pretendían ofrecer una solución democrática y pacífica al problema español», explica Garcés Sánchez.

Un acontecimiento en la ciudad

En julio de 1957, la capital albacetense se convirtió en una ciudad de cine gracias a la presencia del plantel de artistas y técnicos que conformaban el equipo de La Venganza. Las grandes estrellas como Carmen Sevilla, Raf Valone o Jorge Mistral, entre otros, se alojaron en el Gran Hotel, que ya, por entonces lucía un glamour a la altura de cualquier hotel de la capital de España. / LA VOZ DE ALBACETE

Pero al margen de las cuestiones políticas y administrativas, lo cierto es que el rodaje de La Venganza fue todo un acontecimiento en aquel Albacete de los años 50. Por unos días, la capital albacetense se sintió algo más importante ante la destacada presencia de estrellas de la cinematografía, y no sólo nacional. Y es que cuando los albacetenses supieron de la presencia de Carmen Sevilla, Raf Vallone y Jorge Mistral en el Gran Hotel, se dieron cita de forma multitudinaria ante sus puertas para poder ver en vivo y en directo a tres de los actores que en ese momento triunfaban en el cine español. Cientos de admiradores se agolpaban ante el citado establecimiento hotelero. 

Recorte del diario La Vanguardia dando cuenta de la presencia de Carmen Polo y Gran Hotel, cuartel general del equipo de La venganza en la ciudad.

Quizá, su estancia en el establecimiento albacetense fue lo más glamuroso a lo que se enfrentó ese elenco del cine español del momento -el rodaje fue un suplicio para toda la troupe Bardem-, aparte de una visita 'excelentísima'. Y nos explicamos. 

Días después del fallecimiento de Juan Antonio Bardem, el 30 de octubre de 2002, quien fuera su ayudante de dirección en varias de sus películas -amén de amigo y primer biógrafo-, Luciano González Egido, recordó algunas anécdotas de la grabación del film en un artículo publicado en El País. "Durante el rodaje de La venganza, cayó por Albacete, donde teníamos el cuartel general por aquellos días, Carmen Polo, la mujer del dictador -Francisco Franco-, y se la presentaron a Bardem, haciéndole los correspondientes elogios a su cine. La primera dama no recordaba ninguna de sus películas, salvo Murió hace quince años -de Rafael Gil-, que 'ésa sí que era buena'...". 

Buena memoria la de González Egido, porque La Collares aprovechó su presencia en la ciudad para acercarse a ese gran equipo que rodaba en un verano asfixiante en tierras albacetenses. ¿Y qué razón fue la que trajo hasta esta capital de provincias a la generalísima? Pues una boda, y no cualquiera, un enlace de altura, un acontecimiento que nos lo devuelve en forma de recorte la prensa de entonces, la diaria y la del corazón. ABC, La Vanguardia y hasta la revista Hola recogieron en sus páginas el casamiento del marqués de Paúl, es decir, Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Príes, y Julia Altuna Mendizábal, "de familia malagueña", según las crónicas sociales del momento.

Carmen Polo de Franco no vino sola a Albacete, sino que acudió junto a sus hijos, los marqueses de Villaverde, Cristóbal Martínez-Bordiu y Carmen Franco Polo, y fue recibida en el Palacio de los Llanos, of course, por la marquesa viuda de Larios, Pilar Príes Gross. Al acontecimiento asistieron, como no podía ser de otra manera, un buen número de personalidades y autoridades, desde el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en la provincia, Santiago Guillén Moreno, al teniente general Eduardo González Gallarza -entonces, jefe de la Región Aérea del Estrecho tras haber ejercido como ministro del Aire-, y hasta el obispo de la Diócesis de Albacete, Arturo Tavera y Araoz, que "bendijo" la unión en la popular finca albacetense que, por cierto, el dictador Franco conoció a la perfección, porque a la misma acudió a cazar -como posteriormente hizo el rey emérito Don Juan Carlos- con cierta frecuencia. Pero eso es otra historia.

Sin duda, Carmen Polo ofrecería su particular crónica al generalísimo de su encuentro con Juan Antonio Bardem y del rodaje de una película que tantos quebraderos de cabeza dio al régimen y a Bardem para camuflar el objetivo de su cinta. Por cierto, que según recoge el libro Las películas que vio Franco, de José María Caparrós y Magí Crusells, el dictador vio en El Pardo entre 1946 y 1975, en su particular cine y en pases privados para la familia y entorno, más de 2.000 películas, muchas de ellas censuradas, y algunas cuestionadas y recortadas, entre ellas, La Venganza.

Fotograma de La venganza.

El rodaje

Pero volvamos al rodaje, uno de los más complicados del cine español, con su particular capítulo de sucesos incluido. A saber, un mecánico electricista de 47 años edad, natural de Córdoba pero destinado por su empresa en la localidad vasca de Barakaldo, viajó aprovechando la presencia en tierras manchegas de Carmen Sevilla para mandarle un mensaje con cierto tono siniestro: «Serás para mí o para nadie», le espetó en un escrito.

La actriz, lógicamente, asustada, denunció el caso ante la Guardia Civil, y el admirador despechado fue puesto a disposición del Juzgado de Instrucción correspondiente, metido en un tren con destino a tierras vascas. Y en Minaya, uno de los escenarios del rodaje, también fue todo un acontecimiento, ya que muchos de sus vecinos tomaron parte, desde Cosme a Antonio Toño 'Mome'. Buena parte de las cuadrillas de segadores eran de la zona, así como los niños, incluido Manuel Villar del Saz, Manolo El Galguete.

Durante la grabación propiamente dicha de La Venganza se sucedieron las incidencias, provocadas en buena medida por las altas temperaturas originadas por un sol de justicia en una llanura, la manchega, que sirvió de set para Bardem durante más de 70 días de exteriores.

El equipo era propio de una superproducción, 48 obreros y 23 técnicos. Para el traslado de esa enorme plantila se utilizaron dos autobuses, y para la maquinaria y el material preciso tres camiones y una furgoneta. En cada espacio elegido como set se montaban tres tiendas de campaña, una para los actores, otra para cámara y accesorios, y otra para una cantina de campaña, donde el calor llevó al personal a consumir cerveza y Pepsi-Cola en grandes cantidades. Pero además, esas lonas se convertían a mediodía para todo el personal en su comedor. Bueno, para todo el personal, no, los actores solían trasladarse al hotel de referencia.

Portada de la revista Feria del año 1958 dedicada a la película rodada en tierras albacetenses. / ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL 

Lógicamente, esas pequeñas ciudades cinematográficas levantadas en medio de la llanura manchega, entre trigales inmensos en pleno paisaje cegador iluminado por un sol incansable despertaban la curiosidad de los vecinos de las localidades cercanas a las bases de localización, que fueron tres, básicamente: Manzanares, Albacete, y Mota del Cuervo.  

En Albacete, la filmación se desarrolló desde el 8 al 27 de julio, como narra con todo lujo de detalles el Diario de Rodaje de Luciano González Egido, aunque a la ciudad ese tremendo equipo llegó el 7 de julio. El alojamiento, en el Gran Hotel, en cuyo cine, por cierto, y en pases privados, se visionaban algunas de las tomas a la hora de la cena.

Carteles de la película que representó a España en la carrera hacia los premios Oscar.



Un rodaje de locura

El equipo comandado por Juan Antonio Bardem, compuesto por medio centenar de personaspasó en la provincia más de 20 días para el rodaje de La Venganza. Fueron intensas jornadas de trabajo en las que el calor no les dio tregua, salvo un par de días aciagos para la filmación por la lluvia y el viento. Además, fueron numerosos los accidentes e incidentes, discusiones, desplantes... entre curiosos, señoritos de Albacete y prostitutas. Así lo recoge el Diario de Rodaje del ayudante de dirección Luciano González Egido, y que se incluye en el Estudio de la obra cinematográfica de Juan Antonio Bardem, de José Castro Bovillo. La troupe Bardem llegó a la ciudad el 7 de julio de 1957, donde permaneció hasta el 27 de julio.


7 de julio, domingo

Procedentes de Manzanares, y tras pasar por las Lagunas de Ruidera, llegaron a La Roda, donde aprovecharon para comer. "Llegamos a Albacete a las cinco de la tarde, con el pelo blanco del polvo y las cejas maquilladas de viejos. Toda el agua de Albacete no sería suficiente para lavarnos".


8 de julio, lunes

La grabación comenzó con Manuel Alexandre enfermo. Fue el primer día de trabajo en Minaya. Tanta fiebre tenía el actor que se metió en la cama, y lo hizo en alguna vivienda. El equipo pasó todo ese día en la localidad manchega. «La plaza donde rodamos es extraordinaria. A algunos les puede parecer que un decorado de estudio, pero la verdad es que sólo hubo necesidad de encalar una ventana», señalaba en su diario de rodaje Luciano González Egido.


9 de julio, martes

El 9 de julio se rodó en el kilómetro 18 de la carretera de Jaén. Y hubo otras bajas, la del ayudante de cámara, que se quedó enfermo en el hotel, y un chófer que hacía las veces de electricista, que también cayó enfermo en pleno rodaje. Pero no quedó ahí todo, porque el actor que hacía de doble de Vallone estaba también achacoso. El autocar del equipo se convirtió en improvisada enfermería en una jornada en la que la principal dificultad técnica fue el travelling.


10 de julio, miércoles

La enfermería seguía a tope en un día en la que el rodaje seguía en un camino de La Herrera, una desviación en el kilómetro 18 de la carretera de Jaén. Según González Egido, destacó la pericia de un pastor que hizo maravillas con sus ovejas, llevándolas de un lado a otro... pero durante las pruebas. A la hora de la verdad, ni los silbidos y gritos del pastor, ni los ladridos del perro, ni las piedras que les lanzó el equipo fueron suficientes para que ese rebaño cumpliera adecuadamente su encargo. Y en la la lista de bajas, el ayudante de producción.


11 de julio, jueves

El set seguía en el mismo camino herrereño, y las principales incidencias, además de las lógicas complicaciones técnicas, fueron la entrada en plano de un ciclista que no debía estar ahí y que pedaleaba a paso de tortuga, y un perro que decidió atacar a un miembro del equipo de atrezzo.


12 de julio, viernes

La filmación arrancó en La Herrera para concluir en la finca La Hiniesta. Y además de un fuerte viento que arrasó con una de las tiendas, la que guarecía a los actores, con el propósito de evitar interrupciones se decidió echar mano de un sistema de banderas: con bandera blanca no se podía rodar, elementos extraños en el horizonte, y con bandera roja, adelante. Personal del equipo cortó los caminos que conducían al paraje. Pues bien, a mitad de toma, una familia, seguramente de curiosos, dotados de sombillas muy coloridas, se metió en medio del plano. ¡Corten!, espetó Bardem. "Las banderas son inútiles o nuestros enviados son daltónicos", explicaba en su Diario de Rodaje Luciano González Egido. El día daría para mucho más, incluida una bronca por las escasas sombras a la hora de comer. Al final, la 'tropa' se tuvo que conformar con la umbría que ofrecían los camiones. Siempre hubo clases.


13 de julio, sábado

El equipo seguía en La Hiniesta, donde el principal reto fue enseñar a uno de los actores a utilizar una hoz. Se hizo lo que se pudo al rodearlo de una familia experta en la materia. Y la segunda de las misiones, encontrar a un niño que llorara como si le fuera la vida en ello. El propietario de la finca ofreció a su bebé, que cumplió a la perfección el papel, y sirvió para interpretar un fuerte dolor de barriga. 


15 de julio, lunes

No se movieron de La Hiniesta, donde tocó jornada nublada, primero, y de lluvia, después. Tanto, tanto que fue preciso cortar el rodaje mientras pasaba el nublo. Un mal gesto de Raf Vallone, que no quiso recoger en su Mercedes a la hija del propietario de la finca, fue muy comentado mientras los técnicos comenzaban a desmontar, bajo la lluvia, los equipos. El personal subió a los autocares rumbo a Albacete. Pero no fue coser y cantar, ya que los vehículos se quedaron atascados en los barrizales. Más de tres horas perdidas con intentos reiterados de mover los autobuses, utilizando todo tipo de argucias -hierbas, palos, roderas...- que no fueron suficientes. Finalmente, el propietario de la finca envió un tractor y problema solucionado. Y toda la plantilla, más que indignada.


16 de julio, martes

Si el agua fue un impedimento para salir el día anterior del lugar de filmación, en este caso los barrizales no permitieron entrar. Jornada perdida.


17 de julio, miércoles

Nuevo escenario, la finca Puñoenrostro, a siete kilómetros de Albacete, hoy en día acoge una yeguada, a caballo entre la carretera de Madrid y la de Requena. Además del mal humor del equipo y una canícula implacable, lo más destacado, "la visita de una representación de las prostitutas de Albacete". En fin.


18 de julio, jueves

Día de descanso. Nada en el Diario de Rodaje. La conmemoración del alzamiento de Franco era fiesta de guardar.


19 de julio, viernes

Los protagonistas debían ser el trigal y las cosechadoras, en concreto, tres. Pero sólo apareció una, además de una segadora. No obstante, siguieron adelante con la filmación, y no sin problemas. La cosechadora no avanzaba por culpa de una piedra de grandes dimensiones. Luego, para postre, el travelling se atascó con la vegetación. Fueron varias las tomas a repetir.


20 de julio, sábado

La finca de Puñoenrostro seguía siendo el set de rodaje. "Rodamos con un calor de infierno. No se mueve el aire y en la llanura donde trabajamos no hay una sombra, ni un árbol, ni una pared, ni una casa. La tierra, el cielo y el sol y en medio, nosotros". Más claro, agua. Así definíó con sus palabras el ayudante de dirección el panorama al que se enfrentaban esa jornada. No obstante, avanzaron en la filmación, valiéndose de las artimañas del director para ofrecer planos estupendos. Una furgoneta sirvió de travelling. Al margen de las cuestiones técnicas, el ocio, y a pesar del calor, el equipo decidió disputar un partido de fútbol. El equipo de dirección contra los actores. El resulado, 15 goles a 14 para los primeros. Y entre los visitantes, "unos señoritos de Albacete". De no haber llegado a caballo y con una vestimenta fina y remilgada, Bardem los hubiera utilizado como figuración.


21 de julio, domingo

El equipo se traslada a Pinilla, la pedanía chinchillana. En esta ocasión, la producción echó la casa por la ventana. Disponían hasta de un tren con tres vagones. El convoy, que parecía un horno en su interior, no sólo fue utilizado para la filmación, sino que el equipo lo aprovechó para trasladarse a este paraje en medio de la llanura albacetense. La escena se tuvo que rodar hasta en tres ocasiones. Los figurantes qiue viajaban en el tren comenzaron a impacientarse, el reloj parecía no avanzar. "La gente bebe y pronto empiezan los borrachos a dar la lata. Se organiza un baile en los vagones y unos cuantos muchachos bailan la conga de vagón en vagón. Por fin el tren se los lleva a todos". Vaya tela. Pero con algún que otro problema más se cumplió el plan de rodaje de la jornada.


22 de julio, lunes

Otra jornada de rodaje fue la del 22 de julio. Fue en la finca conocida como Casa Quemada, en Minaya. «No hay máquinas y todo se siega a mano. Al pasar con el coche descubrimos los repartidos en cuadrilla, extendidos por toda la tierra. Deben ser más de 600. Cuando nos acercamos a ellos, quedamos sorprendidos de su atuendo. La mayoría son mujeres; llevan pantalones de pana o caquis del ejército; se envuelven la cabeza con grandes pañuelos blancos que sólo dejan al descubierto la nariz y los ojos; todas llevan gafas oscuras de sol. A la hora de comer se acercan en pandillas a vernos. Viven en campamentos de carros». Esa jornada se desarrolló sin sustos, pero con las complicaciones habituales del rodaje en unas circunstancias nada cómodas. Al terminar el día, el propietario de la finca ofreció una merienda al estado mayor del equipo cinematográfico. «Los obreros son enviados a Albacete en el autocar».


23 de julio, martes

También se trabajó en Casa Quemada. El hartazgo por un rodaje que ya se les estaba haciendo largo -comenzó a finales de junio y término en septiembre de aquel lejano 1957- se dejaba sentir en el equipo. Cuenta el Diario de Rodaje: «Leemos el ABC. Nos encanallamos todos un poco pensando en Madrid: las cafeterías, las chicas de la Gran Vía, la ropa limpia, el asfalto».


24 de julio, miércoles

De nuevo, en Casa Quemada. Una jornada casi perdida. Apenas se aprovecha el paso de un tren para una escena pendiente. Se localizó una casa en ruinas para una escenas, pero al director no le convenció, y el equipo de producción protestó. Para matar el tiempo hubo quienes simularon una emisora de radio y, a modo de broma, aseveraron que sólo transmitía para La Venganza.


25 de julio, jueves

Bardem encontró un lugar de su agrado para el rodaje de otras escenas pendientes, a seis kilómetros de la ciudad, por la carretera de Madrid. El rodaje concluyó en torno a las tres de la tarde porque uno de los protagonistas, Jorge Mistral, se negó a seguir trabajando.


26 de julio, viernes

Jornada de caballos a la carrera que despertaron en el mismo paraje, a seis kilómetros de la ciudad, el interés de los conductores, que paraban para seguir el rodaje. Pero los equinos terminaron por escapar, y encima, el conductor de uno de los autocares cayó enfermo.


27 de julio, sábado

Aún les quedaba tajo. El 27 de julio siguen en Albacete, en la carretera de Madrid, a seis kilómetros de la ciudad. En una de las tomas Mistral se tropezó y cayó al suelo; más tarde, en un simulacro de ataque a Vallone, se produce un esguince en el pulgar de la mano izquierda. Pero hubo más: «Hoy estamos de desgracias: Carmen Sevilla se hace daño en una pierna, al saltar un caballo, y se marea». Eso sí, se rodó el plano clave de la película. Carmen Sevilla dice su frase: «La tierra es grande; cabemos todos juntos». Juan Antonio Bardem no quedó contento con este plano. De hecho lo repitió hasta 32 veces. Y punto final al rodaje en tierras albacetenses. La troupe parte con rumbo a Las Pedroñeras.


.

www.cuentosdecine.es