Albacete: Crónica de la ciudad que venció al ‘lobo blanco’ y al campeonato del frío
Soldados y animales congelados, calles convertidas en pistas de hielo y cristal, termómetros que rozaron los 30 grados bajo cero, un Real Madrid atrapado en Albacete durante 30 horas y hasta un terremoto acompañando a un temporal conforman la historia gélida de la capital manchega

Operarios retirando la nieve de los accesos al sanatorio Santa Isabel en la calle Tesifonte Gallego de Albacete (IEA / Propiedad de Doctor Jose María Sánchez Ibáñez)
En este mes de enero se han cumplido cinco años de la borrasca Filomena, un episodio meteorológico histórico que tuvo tremendas consecuencias en Albacete. Durante aquellos días enerinos, la ciudad y la provincia quedaron cubiertas por una intensa nevada. Las bajas temperaturas posteriores, con fuertes heladas, provocaron numerosos daños. Filomena, en 2021, no solo supuso un reto sin precedentes para los servicios de emergencia y las administraciones, sino que también persiste en los recuerdos de los albaceteños como uno de los inviernos más duros vividos en las últimas décadas.
Con ese episodio de frío y nieve, Albacete escribió una nueva página en su historia más gélida, puesto que la ciudad y la provincia siempre han estado en el punto de mira de los temporales. Y esto es así hasta tal punto que, en esta tierra de fogones, inventamos una gastronomía para plantar cara a esos días de rasca y sagato: platos contundentes y calóricos como el atascaburras.
Del Siglo XVI a la incredulidad de las hemerotecas
Aunque hay crónicas de episodios del Siglo XVI cuyos autores destacaron jornadas en diciembre de 1575 de hasta 27 grados bajo cero, la historia publicada que ofrecen las hemerotecas nos lleva al siglo XIX. En diciembre de 1844, La Posdata de Madrid ya preveía un invierno "cruelísimo" en Albacete, con unas heladas adelantadas que confinaban a los vecinos y vecinas a pasar el máximo número de horas junto al brasero. Quienes disponían de él, claro.
Las noticias se repetían de forma incesante en años posteriores, y hasta los periodistas dudaban de las informaciones que llegaban a sus redacciones, como sucedió en enero de 1870, cuando La Correspondencia de España hablaba de 12 grados bajo cero en Albacete, apuntando: "Suponemos que será una equivocación". Qué ingenuos. No era nada para lo que vendría después.
1875: Cuando el vino se heló y las calles fueron de cristal
Cinco años después, en diciembre de 1875, numerosos periódicos informaron sobre los 17 grados bajo cero registrados en Albacete, fenómeno de frío que trajo consigo que dos o tres militares -no se concretaba la cifra- se helaran en un tren, "y lo que es más raro -señalaba El Diario Español-, un caballo dentro de la cuadra" también se congeló. Las calles parecían "de cristal" por la espesa capa de nieve helada que las cubría.

Recorte de un artículo de un periódico vasco de 1875, en el que narra los efectos de un temporal en nuestra ciudad.

Una familia juega en el patio de su casa tras una imponente nevada en torno al año 1910 en Albacete. / FOTO COLLADO
Esas gélidas temperaturas se registraron el 12 de diciembre de aquel año, 1875. Unos días después se ampliaron las informaciones sobre los efectos de ese temporal. En el periódico vasco Irurac Bat se indicó que el termómetro cayó por debajo de esos 17 grados. "Tiritando y sobrecogidos de espanto transcribimos a nuestros lectores los angustiosos detalles que nos comunican de las variaciones atmosféricas que tuvieron lugar en Albacete", y a partir de ahí se señalaba que a las 6 de la mañana se habían alcanzado los 26 grados bajo cero y a las 9 de la mañana, 15 bajo cero.
Estas heladas provocaron, según este diario, que en la estación de tren reventaran los tubos de cobre de comunicación de todas las máquinas, que se helara el vino de las tinajas y que en el cuartel se solidificaran un soldado, un caballo y un mulo. Ya a las 2 de la tarde, la temperatura era de 7 grados bajo cero, lo que provocó que en una iglesia no se pudiera dar misa porque, según el redactor que escribió la crónica, se había helado el vino de las vinagreras y en las pilas de agua bendita fue preciso romper la capa de hielo con un pico.
Dormir junto a fogaratas para sobrevivir
Una década después, según el periódico La Fe, Albacete volvió a protagonizar la actualidad meteorológica. Corría el mes de enero de 1885 cuando en la ciudad se sintieron "fríos verdaderamente extraordinarios". El termómetro descendió hasta los 25 grados bajo cero, por lo que "en las habitaciones de las viviendas albaceteñas que servían de dormitorio a dos, tres o cuatro personas se heló el agua y no era posible resistir las bajas temperaturas dentro de las casas sin estar al lado de grandes fogaratas". Dos inviernos después se alcanzaron los 17 grados bajo cero en una estación con un frío "crudísimo", lo que se repitió en sucesivos años.


La calle Ancha, completamente nevada. / BELDA Y FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS DE ALBACETE
Curiosa fue la noticia publicada en El Correo Español de enero de 1897: "En Albacete y varios pueblos de la provincia han caído grandes nevadas". Pero ¿cuáles fueron los efectos de ese temporal que destacó este rotativo? Pues que se tuviera que suspender un concierto musical programado en el nuevo Casino y las actividades festivas organizadas en honor a San Ildefonso.
El 'lobo blanco' y el lamento jeremíaco
El cambio de siglo no supuso, ni mucho menos, que se suavizaran las temperaturas, como sucedió en febrero de 1907, cuando el termómetro cayó a 17 grados bajo cero. Y en los años 20 no cambiaron en exceso. El Defensor de Albacete daba cuenta el 18 de enero de 1926 de los cinco grados bajo cero que se vivieron en la ciudad. "Diabólica temperatura y cómo ha acabado de entumecernos con sus rigores. Realmente, confiados en su tibieza de estos días últimos, habíamos llegado a creer que no estábamos en invierno. Cielo azul, sol clemente, aire de oro. Todo parecía indicado para la decoración vernal. Tenemos del invierno un concepto demasiado trágico, demasiado fatalista. Los poetas nos han hablado del lobo blanco del invierno. Y nosotros nos figurábamos que en la estación inverniza no tenían cabida sino los hielos y las lluvias. Nada de cielo azul, nada de doradas lumbres solares", señalaba la crónica del diario.
Para concluir, se apuntaba: "Empero, en la reiterada benignidad de estos últimos días, nos creíamos víctimas de un error. No obstante, ya tenemos ahí el invierno trágico, el invierno de los lobos y de las inundaciones, el invierno triste como un lamento jeremíaco. El termómetro nos lo dice bien elocuentemente: cinco grados bajo cero… Desde nuestro hogar, a través de los vidrios del balcón contemplamos la calle. Bajo la helada, todo parece muerto en ella… Mañana leeremos los periódicos y ellos nos darán noticias desconsoladoras, algún mendigo muerto por el frío. Tragedia sentimental de los exhombres, de los parias, de los fracasados que duermen al aire libre en las crudas noches acuchilladas por el cierzo serrano. Y este sí que es el verdadero invierno trágico". Bellas pero dramáticas palabras.
El 20 de febrero de 1930, El Diario de Albacete narraba otro episodio de frío. "El tiempo aquí, como en toda España, es crudísimo, llegando a un descenso de temperatura excepcional. Ayer se han registrado 9 grados bajo cero. De la provincia se reciben noticias de que muchos pueblos están aún casi incomunicados por la nieve, haciéndose imposible el tránsito por bastantes caminos". Y el 16 de enero de 1933, nuevo capítulo de la historia gélida de Albacete. Según El Defensor de Albacete, para entonces ya había nevado en la ciudad. "La primera nevada que Dios envía siempre va precedida de una ola fría, y decimos esto porque hay que ver el fresquito que hemos gozado y aún usufructuamos. Abrigábamos la esperanza -en este tiempo todo hay que abrigarlo- de que al nevar el frío cedería, pero sí, el frío sigue in crescendo y no parece llevar traza de disminuir. Cayó poca nieve, pero con ella el termómetro ha descendido bastante, ya que hemos alcanzado la bella cifra de 9 bajo cero".
Dos años después, El Defensor de Albacete destacaba que la ciudad había sido noticia nacional. ¿Imaginan la razón? Los 14 grados bajo cero registrados en los termómetros. El 30 de enero de 1935, este diario indicaba que "el motivo" de aparecer en los periódicos de media España "no es muy agradable para cuantos tenemos la fortuna de habitar en esta capital muy noble, muy leal y… muy fría".
Y el 26 de octubre de ese 1935, nuevo episodio de fríos del que El Defensor de Albacete dio detallada cuenta, y aconsejando a los lectores sacar del armario la ropa de abrigo, "incluso la capa, y que nos refugiemos en cuanto cae la tarde en los sitios en que funciona en serio la calefacción, porque en otras partes no se puede estar". Para el redactor de esta noticia, "los tiempos no están para calendarios, ya que aquí siempre triunfa lo inesperado y hasta lo lógico", y de esta forma se refería a que "la gente cree que no está bien en mayo o en octubre vestir de invierno y acercarse al radiador o al brasero, y nosotros estimamos más lógico hacerlo cuando se tiene frío, sin preocuparnos de la fecha que marca el calendario".
Y en 1944, terremoto y el 'Campeonato del Frío'
Pasando la hoja del calendario. Estamos en los años 40, cuando, según escribió quien fuera cronista oficial de la ciudad, Paco Ballesteros, "los inviernos albaceteños no gastaban bromas". El 23 de febrero de 1944 la ciudad apareció cubierta de nieve, que alcanzó un espesor de 12 centímetros en cuestión de horas, una situación que se agravó como consecuencia de la terrible temperatura que sufrieron los albaceteños dos días después, cuando el termómetro se desplomó hasta los 23 grados bajo cero. Como anécdota, por aquellos días se había organizado la Vuelta a Pie por Albacete, prueba que tuvo que suspenderse.
La prensa nacional informaba con grandes titulares de lo que sucedía en Albacete. Y es que el frío y la nieve no vinieron solos. Según apareció en periódicos como El Adelanto el 24 de febrero, a las 23.30 horas del 23 de febrero se registró una sacudida sísmica que se dejó sentir en la capital y en numerosos municipios de la provincia. El fenómeno duró cerca de ocho segundos, con el foco principal en el bajo Segura.
Otros titulares hablaban de que Albacete había ganado esos días el campeonato del frío, con los 23 grados bajo cero -menos algunas décimas- registrados en el Observatorio del entonces Aeródromo de Los Llanos. "Ni aun los más ancianos de la capital recuerdan una temperatura tan crudísima que sitúa a Albacete en el campeonato del frío que estos días se bate en algunas latitudes del norte de España. Las cañerías de agua se han helado y muchísimas de ellas se han roto. También están totalmente helados los estanques del parque de los Mártires - hoy, de Abelardo Sánchez-, donde se han registrado bajas entre los volátiles", informó la agencia de noticias Cifra.


Recorte de prensa de 1944, cuando Albacete fue la capital más fría de España y grupo de niñas jugando con la nieve en la calle en Fuentealbilla (FONDO LOS LEGADOS DE LA TIERRA)
El Real Madrid, atrapado en el hielo en 1971
En las décadas posteriores este tipo de noticias se repitieron, pero ninguna como la que recorrió España en enero de 1971. El día 3 se alcanzaron los 24 grados bajo cero. Fue el punto final de un temporal que trajo hasta cinco nevadas consecutivas: "10 días de angustiosa lucha contra la nieve, el frío y el hielo", según La Voz de Albacete.



Información meteorológica del temporal de frío y nieve de 1971 en Albacete y aspecto de la avenida de España y de la calle de la Caba bajo un temporal (ANTONIO SÁIZ Y LUIS MESESES)
Las consecuencias fueron numerosas. Y entre los afectados, el Real Madrid, sí. El expreso en el que viajaba camino de Valencia para disputar el partido dominical contra el equipo de la capital del Turia tuvo que ser desviado porque un tren de mercancías descarriló entre Bonete y Alpera. Aunque los madridistas trataron de buscar alternativas, su viaje se prolongó durante 30 horas.
La presencia de los futbolistas blancos fue todo un fenómeno. Y el hecho de que el frío fuera terrible ni impidió que la expectación en la estación de Renfe fue tremenda. Entonces, el técnico del equipo era Miguel Muñoz, que trató de buscar alternativas al ferrocarril, pero los taxistas no se atrevieron y no convencieron a ninguna empresa de autobuses. Y la contratación de un vuelo chárter tampoco fue posible. Total, que los Benito, Betancort, Marañón o Zoco tuvieron que esperar hasta que la vía del tren volvió a estar operativa.
Los helicópteros del Ejército del Aire tuvieron que emplearse a fondo, trasladando incluso a la Residencia de la Seguridad Social a pacientes en estado grave, y es que prácticamente la mitad de los pueblos de la provincia llegaron a estar incomunicados. Las calles albaceteñas eran auténticas pistas de hielo y las caídas se producían por doquier, aunque, según La Voz de Albacete, ningún accidente fue mortal. Las tuberías, como siempre, fueron las primeras víctimas, y el suministro de gas y alimentos fue más que difícil.
El último gran frío y el refugio de la dignidad
Eran los tiempos en los que, según narraba el inigualable José Sánchez de la Rosa, cronista oficial de la ciudad, el brasero de la mesa camilla mandaba en los inviernos albaceteños. "Es que todo ocurría en la mesa camilla: poner el hule y los cubiertos, soplar la sopa, jugar al parchís, repartir las cartas de la baraja, comentar los sucesos del día, y el brasero era el foco consolador y cómplice bajo las faldas. No había aún en el marco hogareño el menor indicio electrodoméstico, qué lástima; la ciudad estaba más cerca del quinqué que de la catalítica, aquel recurso que llegaría con el butano a la revolución casera, donde todo iba a cambiar".
Esta crónica de fríos y pellizas continúa en los años 80, concretamente en 1983, cuando otro tremendo temporal provocó que la provincia se paralizara y que incluso hubiera víctimas mortales: un mendigo apareció muerto a la altura del Puente de Madera, apenas a unos metros del albergue para transeúntes levantado años después y que ha salvado la vida y la dignidad a tantas personas. Fue el 13 de enero de 1983, y se llegó a los 20 grados bajo cero.
Desde el Consistorio, el personal de los talleres municipales tuvo que inventarse unos rastrillos para limpiar de nieve y hielo las calles y plazas. En años posteriores hubo otros episodios, como los 12,4 grados bajo cero de 1996 y los 17 grados bajo cero de 2007. Pero esas son otras historias.

Así quedó Albacete tras la Filomena.
